A lo largo de la historia han desaparecido profesiones, o se han transformado sus protagonistas.
El pregonero, que a gritos contaba las noticias a sus vecinos o nuestro querido Tom Hanks en “noticias del gran mundo” siendo un noticiero que viajaba leyendo los periódicos a la gente.
Estos oficios, cuando la gente aprende a leer, bien podemos pensar que fueron sustituidos por los periodistas; los primeros periódicos, que contrataban repartidores, que dieron lugar a kiosqueros.
Y con el impulso de la era digital, esto cambia, el papel es un producto de lujo, y se apuesta por una prensa digital e inmediata, tanto como el ciudadano reclama. Han desaparecido clásicos como Diario 16, New York Call, El imparcial…
Han experimentado éxito los periódicos digitales según el ranking de medios Gfk DAM, El Español, el País, Diario As, 20 minutos, Confidencial Digital… Así que es el liderazgo claro en el entorno digital.
Así que la noticia sobre los quiosqueros es la desaparición del sector, ha habido un cierre masivo de quioscos de prensa, bien por el sistema económico en que se basa su distribución, por la carga fiscal que soportan o por el poco margen que les queda para cubrir sus gastos y he aquí la luz: se reinventan. Ahora venden, además – o vende más- : café, suvenires, paraguas…
Lo triste es que algunas profesiones se resisten al cambio, llaman “camaleónicos” y desprecian a quienes tienen la capacidad de adaptarse a las diferentes situaciones, que nos gusten o no, están aquí.
Yo entiendo que esa posibilidad de adaptarse a los cambios implica una actitud proactiva, que enriquece. Más aún cuando lideras un equipo y no puedes resistirte a lo inevitable.
Siendo Decano Antonio Alvarez-Buylla y yo vocal de su junta directiva, emprendimos un estudio sobre el anteproyecto de la directiva europea 52/2008 que traía los entonces llamados “medios alternativos de solución de controversias” y lo hicimos porque veíamos algo que podía perjudicar a la procura, soluciones amistosas que evitarían los pleitos. Y entendimos que si esto llegaba y la Procura no accedía a ese campo de trabajo, no tendrían ni mediaciones (era entonces el único Masc) – ni pleitos.
Este trabajo continúo bajo el decanato de Gabriel de Diego, siendo yo Vicedecana, y trabajamos con la inercia de lo que iba a venir y que terminó llamándose “medios adecuados de solución de conflictos”.
Y a la par de otras profesiones jurídicas creamos nuestro Instituto de mediación, reconocido en todas las instancias. Y estábamos en el camino de todas las profesiones, porque todas, han dado un paso adelante para entrar en estos sistemas.
También creamos la Corte de Arbitraje, el listado de contadores-partidores, el Servicio de Actos de comunicación y el Servicio de Representación procesal. Todo porque la Procura debía visualizarse unida. Una profesión necesaria, esencial para la justicia, adaptada y dinámica, que reclama la ejecución y cuando se nos conceda será un éxito.
Nuestro convencimiento era que la adaptación a lo que está por llegar es necesaria, y que para evitar daños era necesario reconocer oportunidades.
La territorialidad, ya en su día fue luchada por la Procura, sin éxito, y nuestro discurso fue que se visualizara esta nueva situación y que se empeñaran en fórmulas de adaptación. Eso es ya una realidad. Quienes abanderaron luchar contra ese cambio, liderado por Europa, perdieron más que ganaron.
Estamos en el sector servicios y en él lo único que podemos ver es un continuo movimiento, en el que tener los ojos abiertos, aceptar el cambio y flexibilizarse es la única forma de lograr oportunidades.
Quienes abanderen, en nombre de todos, una opción de intransigencia y rígidez que les sitúa en un concepto nada empático, abocarán a profesionales que no tendrán capacidad de maniobra.
En la idea de que las ciudades no son estáticas, las políticas no son inamovibles, las formas de vida no son invariables, en cualquier sector, solo queda una conclusión: Mutari aut Mori (cambiar o morir).
Y si a esto argumentamos que es un nuevo modelo de justicia, que incluye dar más autonomía al ciudadano, y es más fiel a la realidad social. Es preciso avanzar, y convertirnos en el profesional multidisciplinar ético que la sociedad reclama.
Por Rocío Sampere, procuradora. Presidenta de la Asociación Madrileña de Mediación – AMM














