-Su novela pone el foco en las comadronas, ¿qué fue lo que le llevó a escoger a esta figura como protagonista de su debut literario?
-La historia de las comadronas era necesaria. Es una historia que muestra muy bien las transformaciones en la organización social, familiar y de la vida, es decir, de la forma de nacer y de como esta evoluciona. Basta echar un vistazo a los últimos 100 años para analizar este cambio en el mundo del nacimiento, puesto que se ha pasado de un universo femenino a un mundo masculino, y es precisamente esto lo que quería mostrar en la novela, cómo en tan poco tiempo, en menos de un siglo, pasó a ser masculino. Soy obstetra con 40 años de experiencia y este es un mundo que me parece muy interesante, sobre todo los cambios que se han producido, por eso quise dar voz a estas mujeres, para visibilizar algo que no está recogido en los libros de historia y que sin embargo ha dejado huella, no escrita, pero una huella de la que sí vemos el resultado.
-¿Cómo tuvo lugar este cambio tan drástico?
-La medicina científica y oficial se expandió rápidamente, llegando también a aquellos territorios más aislados, cambiando todo por completo y haciendo desaparecer todo ese sistema de curas tradicional y conocimientos empíricos, arrastrando también hacia la desaparición todo un sistema de relaciones, de afectividad, de saberes y experiencias que verdaderamente eran muy eficaces, y todo ello se sustituye por la medicina científica hecha por médicos varones, farmacéuticos y por productos que para adquirirlos hace falta dinero, lo que en un primer momento supone un enfrentamiento. En mi novela quería elaborar una fotografía de este momento. Sabemos que la medicina científica prevalece en la actualidad y es importante porque se ha reducido la mortalidad de las madres y de los recién nacidos, pero es cierto que a la vez ha eliminado un sistema de relaciones tradicional y también se ha llevado un tiempo dedicado a la mujer, a la familia y a unas personas que estaban cerca físicamente de las necesidades de la población.
-Ese camino hacia la modernidad se refleja muy bien en la escena en la que la comadrona protagonista acude al boticario a por esas nuevas medicinas, lo que al propio hombre le sorprende. Al mismo tiempo, en otro pasaje, uno de estos nuevos profesionales acaba recurriendo a sus saberes. Ellas jugaron un papel fundamental a la hora de alumbrar a la humanidad.
-Las mujeres han estado mucho tiempo relegadas de los libros de la ciencia, pero en cambio su experiencia, que es práctica, manifestándose sus conocimientos en el uso de las manos, de las plantas, de los minerales, se han transmitido oralmente de generación en generación y, en el caso concreto de las comadronas, de madre o abuela a hija o nieta. La ciencia de las comadronas era empírica, era reconocida y formaba parte de la cultura del pueblo. Estas mujeres eran sabias, eran mujeres que curaban y fue así hasta que toda esta esfera pasó a manos de los hombres, de manera que estos médicos tomaron posesión del mundo de la obstetricia, de los partos y del embarazo, y las mujeres portadoras de este saber quedaron relegadas. Podemos constatar también la importancia que tuvieron, por ejemplo, recurriendo a la figura de Hipócrates, quien se reconocía deudor de estas comadronas, porque él se basó en su método de la observación, indicación, curas y diagnóstico inspirándose en ellas, en sus conocimientos y manera de trabajar para efectuar sus propios diagnósticos, porque ellas eran conocedoras de las hierbas, de los fármacos naturales. Por otra parte, Sócrates fue hijo de una comadrona, de Fenarete, y el método socrático, que sigue estudiándose en las universidades y que busca que saquemos lo que llevamos dentro, realmente deriva del método de observación de su propia madre. Las comadronas fueron fundamentales, una figura muy importante, y fueron relegadas.
-Hace referencia a la transmisión oral de esos saberes y a la nula presencia de las mujeres en los libros de ciencia, no tuvo que ser fácil el proceso de documentación para la novela.
-Mi tesis doctoral, que preparé durante 15 años, se llamaba: «De la medicalización del parto a la humanización del nacimiento», en la que precisamente mostraba cómo se ha transformado la forma de nacer. El proceso de investigación no fue nada fácil y me basé sobre todo en archivos, en registros parroquiales en los cuales se inscribían los nacimientos y también de los ayuntamientos. Además, entrevisté a las antiguas comadronas de los años 40 y 50, cuando todavía existían los partos en casa. A partir de todo este proceso, rescaté toda esa información que me dio la base de la novela. También consulté registros de los tribunales porque a veces estas mujeres eran denunciadas y tenían que ir a juicio. Ellas fueron creadoras de redes de solidaridad y sororidad, trabajando casi siempre sin ser remuneradas. Este es el caso, por ejemplo, de dos hermanas que localicé y que resulta que trabajaron durante 50 años sin haber recibido nunca ningún pago por su contribución. Este hecho fue algo que me dolió, por lo que en la novela lo quise recoger y también permite mostrar algo que hoy en día continúa sucediendo, sobre todo en el ámbito de la asistencia y de los cuidados, en donde muchas mujeres no son lo suficientemente reconocidas ni retribuidas.
-En Galicia, la tradición de parteras y curanderas también tiene especial peso histórico, ¿diría que es universal?
-Sí que es posible extenderlo al resto del mundo porque, de hecho, en los años 90 estuve en Sudamérica y en Brasil, Paraguay o Argentina, por ejemplo, encontré figuras muy similares a las europeas: tanto la comadrona conocedora de saberes y fármacos naturales, como la curandera, son dos figuras que en la esfera de la salud coinciden y están presentes en muchos sitios. En el caso de España, pienso que esta novela, que en el fondo es una historia del enfrentamiento entre la medicina científica y la cultura popular, puede ser mejor comprendida por afinidad cultural, ya que es algo que no resulta muy remoto, no es algo que en España haya desaparecido hace tanto, al igual que en Italia.
-Sin rechazar los avances científicos, ¿considera que hay procedimientos que merecerían ser rescatados o tenidos en cuenta?
-Efectivamente no hay que echar de menos todo el sistema antiguo, pensemos en la pobreza y mortalidad, pero es verdad que ese sistema de asistencia y curas que ha desaparecido se ha llevado el mundo de relaciones, de afectividad, de respeto y también el hecho de poner a la mujer en el centro de la atención. Lo que echo de menos, personalmente, es ese sistema de relaciones más humanas. Hoy, la medicina científica es una medicina de precisión, que realmente hace cosas impensables antiguamente como operar un feto dentro del útero, lo que es maravilloso, pero es cierto también que se han deshumanizado los cuidados. El saber científico está hipertecnificado, pero también tiene que estar al servicio de las personas y de las mujeres, hay que respetar sus necesidades y es un camino que veo que es largo.
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