«La ira puede ser el germen de la lucha social», advierte Elsa Punset, escritora y divulgadora de renombre, este martes en Jesús (Ibiza). En la última ponencia del VII Foro nacional de emergencias y problemáticas sociales, la también filósofa quiso poner en valor las emociones, los sentimientos y la salud mental de los humanos, en especial de las personas que siempre se ponen después del resto: los servicios de emergencias.
El Foro, organizado por Emergency Staff, en colaboración con el Ayuntamiento de Santa Eulària y el Consell de Eivissa, además de otras instituciones y entidades locales y estatales, comenzó el día 3 de marzo para ofrecer formación y actividades prácticas a dichos servicios, además de poner en valor su tarea social.
El tono de la conferencia
«Tengo la enorme suerte de hablar a grandes grupos de cuidadores, que ayudan a las personas cuando estamos en los momentos más difíciles», inicia su ponencia Punset, que desea recalcar a lo largo de esta que no solo deben ayudar a los otros, «tienden a poner a los demás por delante de ellos mismos», cuando también debían de priorizarse ellos. Cita a Margaret Mead cuando decía: «El primer signo de una civilización es un fémur roto y curado» para realzar el valor de los sanitarios.
La charla lleva el nombre ‘Propuestas para vivir en estos tiempos extraordinarios’, según Punset para ver «cómo gestionamos estos tiempos o cómo gestionarlos mejor». Explica que para la gestión de las emociones y de nuestras vidas «lo que más ayuda a los humanos son encuentros como este, en el que celebramos o conectamos». Señala que hay unas «250 o 300» personas en la sala y pregunta si alguno cumple o ha cumplido años recientemente. Un hombre afirma que sí y Punset anima a los espectadores a cantarle el cumpleaños feliz entre todos, lo cual provoca un aluvión de risas tras el canto y un sentimiento de armonía.
‘Una mirada al mundo en el que vivimos’
Punset divide su ponencia en bloques y el primero de ellos es ‘una mirada al mundo en el que vivimos’, donde reflexiona sobre estos tiempos que habitamos y realiza un pequeño viaje al cerebro humano.
Empieza lanzando algunas preguntas al público: datos globales de cuántas personas tienen acceso a electricidad, en los países más pobres del mundo, ¿cuántas niñas terminan la escuela?… Ofrece varias respuestas y destaca un hecho: la mayoría del público elige respuestas pesimistas. «Demuestra que las personas queremos ver primero lo malo», pero enaltece una vez más a los presentes, «gracias al esfuerzo de personas como las presentes, los datos son mejores de lo esperado».
«Estamos aprendiendo a vivir más pacíficamente», continúa Punset, que cree que «los humanos somos una especie violenta». Aun así, buscamos «la justicia social, tenemos más tecnología que nunca», pero considera que hay que buscar una balanza: «En 20 años se prevé que cambiaremos cuatro veces más deprisa», señala sobre los cambios que hay en la actualidad. En esta lógica, expone gráficas de cuánto tiempo tardan en llegar a la mayoría de hogares ciertos componentes tecnológicos con datos exponencialmente al alza y, sobre todo, apabullantes cuando llega a la cifra de ChatGPT. En tan solo tres años se podía encontrar en millones de hogares.
«Es apasionante, pero agotador», considera Punset, que señala que hay «muchísimos» retos por delante: la gestión de la inteligencia artificial, la dificultad para colaborar entre nosotros, el problema de salud mental, un accidente nuclear y el cambio climático son los que expone en la sala.
Tras ello, reflexiona sobre cómo nos impacta este mundo en el que vivimos. Punset afirma que antes la época en la que más feliz era una persona era entre los 20 y los 25 años, pero que hoy en día ya no es así. «Ahora mismo, el momento de menor satisfacción es la juventud». Los humanos «tienen un cerebro muy antiguo», y la tecnología según la divulgadora «nos ha permitido entrar en la caja negra del cerebro».
Igualmente, hay un gran desconocimiento del cerebro, «no hemos entendido bien cómo funcionamos». Se refiere a cómo el cerebro crea constantemente «sesgos cognitivos, prejuicios y desconocimiento», además de hacernos a todos «esclavos de nuestro cerebro».
El Centro Cultural de Jesús momentos antes de la conferencia de Elsa Punset. / Vicent Marí
Optimismo contra el pesimismo
«Todos nacemos con las mismas emociones básicas y universales, muchas negativas y otras positivas», explica Punset, que considera que algunas son simplemente «más difíciles de gestionar», pero no per se malas, como pone de manifiesto el ejemplo de la divulgadora al inicio del escrito.
«No es raro que tengamos problemas de salud mental, las cosas negativas no las olvidamos fácilmente», mantiene Punset, que señala: «Tenemos un cerebro muy emocional, pero programado para sobrevivir», lo cual nos lleva a estar bajo este «sesgo negativo», según ella. El sesgo negativo nos trae «muchos problemas», incluso «disminuye hasta la capacidad de creatividad».
Según ella «el antídoto más importante es el optimismo». De esta manera pone sobre el papel que «las personas optimistas suelen vivir una mejor y más larga vida, tener más amigos…». Distingue a un optimista de un pesimista en la medida en la que un optimista «mira al mundo con esperanza, por eso a los optimistas les va mejor en todo».
«¿Cómo podemos aprender más optimismo? Mediante la cualidad humana de aprender por imitación», explica al público. Punset, para explicar que «las emociones se contagian como un virus», dice que las emociones negativas «se contagian con mayor facilidad». Además, «cuando piensas diferente a la mayoría, se activa la misma parte del cerebro que se activa cuando te equivocas», añade Punset
«Tendemos a evitar los cambios», sigue Punset, «somos criaturas de hábitos y desarrollamos determinadas formas de hacer las cosas». Los servicios de emergencias, en la medida en la que «en vez de huir o entrar en pánico, han aprendido una serie de protocolos para ir en contra de esa tendencia» son un ejemplo de ello.
Posibles soluciones
«Si queremos cambiar algo en nuestra vida, tenemos que desarrollar nuevos hábitos, el conocimiento no cambia el comportamiento». Llega de esta manera a las soluciones que se plantea, «¿qué podemos hacer en este mundo tan acelerado en el que vivimos?».
Primero, propone «equilibrar el estrés con la recuperación». Insta a los asistentes a cuidarse, y añade que «ahora mismo el estrés es inevitable, pero hay que evitar que nos mate la alegría». Punset afirma que siempre se habla de desarrollar hábitos que nos ayuden en lo físico, pero que «lo mental es el reto del siglo XXI». Para ello propone lo que llama ‘Menú de química positiva’: «Generar dopamina celebrando logros, mediante el reconocimiento o aprendiendo algo nuevo. Generar oxitocina con el vínculo social, la confianza y conexión. Generar endorfinas mediante el placer, el bienestar y el alivio del dolor, durmiendo, comiendo, haciendo ejercicio… La serotonina estando en la naturaleza, bañándose en el mar, tomando el sol o meditando».
Después, señala el ‘secreto de las buenas relaciones’. «El indicador más importante de salud a lo largo de la vida, son las relaciones humanas», asegura Punset, «nada nos da más vida y más males que buenas y malas relaciones humanas». Cree de esta forma en «el equilibrio mágico» entre «cinco emociones positivas por una negativa»: «Siempre hay algún conflicto, pero [las buenas relaciones] arropan ese conflicto con cinco veces más palabras y actos que generan positividad». Pone en esta categoría «las reacciones con personas que no conoces, el humano tiene el poder de aportar esa palabra amable, ayudar en algo, que puede tener un impacto enorme sobre la vida de los demás, sobre todo en esta sociedad tan tensa».
Su última propuesta es la llamada ‘One health’: «Solo hay una salud para todos, no hay una salud para los humanos y una salud para el planeta, estamos demasiado interconectados». En ese sentido, valora que hay que preguntarse «¿como me relaciono es bueno para el resto del mundo?», y aceptar que «no estamos solos». Cuando llevamos «una vida muy materialista, pensamos que nos podríamos olvidar de los demás, pero no es así». Punset defiende que hay que apostar «por un mundo mejor».
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