El artista lleva 30 años mojándose. Denunciando, con spray y en la calle, los males de nuestro tiempo. La violencia, la avaricia, la ruptura, la turistificación o la guerra. Y siempre bajo el anonimato. Esa seña de identidad es lo que le ha hecho grande, él mismo lo ha reconocido. Descubrir su identidad ha sido ese afán que ha perseguido a todos.
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