Una niña de nueve años se ha tenido que enfrentar desde esta semana a que su colegio le cierre las puertas del comedor escolar. Ha ocurrido en un centro de Alicante, religioso y concertado, después de que su familia acumulara una deuda cercana a los 400 euros por cuotas sin pagar desde el año pasado.
La madre de la alumna ha lamentado la «falta de empatía» del colegio ante las dificultades económicas que atraviesan en casa, tras haber estado ambos progenitores meses en paro, mientras que el director de Nuestra Señora del Remedio defiende haber estado llamando a la familia para buscar «un punto en común», como por ejemplo, el fraccionamiento de las cuotas, y que le abonaran «al menos» el pago de 160 euros este mes, «pero nadie ha venido a hablar con nosotros en cuatro meses», explica el responsable del centro, quien se escuda en que para ellos «también es una situación incómoda».
Según la madre, han estado prácticamente dos años sin empleo, trabajando fines de semana cobrando 500 euros y también de baja tras sufrir un accidente. Residen en San Vicente, tienen cuatro hijos a su cargo, pero, además de la niña, a la que le han denegado el servicio del comedor, solo acude otro al colegio, cursa Secundaria y no se queda a comer.
«Mi marido empezó a trabajar hace poco y yo igual, no debo nada más, únicamente las cuotas del comedor desde noviembre y una parte atrasada del pasado curso. Nos ofrecimos a pagar 100 euros porque más no podemos por ahora, pero nos dijeron que no», relata la progenitora, Dolores García, quien asegura que también han estado recibiendo la ayuda de una asistenta social para poder hacer frente al pago de la luz y el agua debido a su falta de estabilidad laboral.
Una alumna comiendo en un colegio de Alicante. / PILAR CORTES
Nos ofrecimos a pagar 100 euros porque más no podemos por ahora, pero nos dijeron que no
Una beca parcial
Sin embargo, la falta de acuerdo con el centro educativo ha desembocado en que este lunes, la niña de tercero de Primaria viera denegada la posibilidad de comer junto a sus compañeros, como había hecho hasta ahora y que llamaran a la madre para que fuera a recogerla a las 12.30 horas. «Ante situaciones así, los niños se quedan bajo custodia y si no vienen los padres les damos de comer», asegura el director de este centro próximo a la Plaza de Toros de Alicante.
Además de lamentar el impacto psicológico que ha tenido para su niña que le nieguen el comedor, la progenitora critica el trato recibido por el colegio: «Me dijeron que mi hija se quedaría en una silla sin comer», afirma.
Pese a la situación de esta familia, la alumna recibe una beca parcial de la Generalitat para el comedor, que implica que el colegio vea abonada solo la mitad de la cuota, a través de la Conselleria de Educación, y que la otra mitad la tengan que pagar los progenitores.
El director justifica que ha sugerido a los familiares que pidan ayuda a Servicios Sociales o Cáritas
Sin embargo, sobre la responsabilidad que ha tenido el centro y la Administración autonómica para evitar dejar sin comer a una niña, el director justifica que han pedido a la familia que gestionaran un informe de vulnerabilidad con Servicios Sociales o con Cáritas para que pudieran hacer frente a la cuota del comedor. «Nosotros ponemos facilidades a los que lo necesitan, entendemos la situación de las familias, pero tienen que entender que se está generando una deuda cada vez más grande«, agrega el responsable del centro.
Frente a ello, la afectada niega que el centro le haya pedido en ningún momento informes de vulnerabilidad y asegura que la dirección está al corriente de sus problemas económicos porque, entre otras cosas, la asistenta social le abonó otras deudas que tenían contraidas con el colegio.
Una decisión con impacto emocional
La decisión de expulsar a una menor del comedor escolar debido a una deuda económica de sus progenitores es visto desde el punto de vista psicológico como un acto de estigmatización hacia el menor que, tal y como indica Elisabeth Cañas, puede tener un impacto emocional bastante negativo.
«El comedor no es solo un espacio funcional dentro del centro escolar, sino también un entorno de socialización donde el niño construye vínculos, identidad grupal y sentido de pertenencia. Ser apartado de ese contexto por una causa ajena a su conducta puede generar sentimientos intensos de vergüenza, indefensión y rechazo, así como una vivencia de injusticia difícil de procesar a edades tempranas», explica la psicóloga.
La experta sostiene que, además, este tipo de situaciones pueden sentar las bases para posibles dinámicas de bullying, ya que el menor queda expuesto a la mirada de sus iguales como “diferente” o “excluido”, proporcionando motivos de burla o de rechazo social.
En esta línea, independientemente del conflicto entre el centro y la familia, la psicóloga Carmen Pastor apunta a que tener a la niña aislada y con un reconocimiento público de que no entra al comedor por una deuda «es nefasto porque los otros niños van a juzgarla como diferente o como extraña». La profesional también advierte que incluso la compasión que puedan tener otros compañeros hacia ella «tampoco es lo que deben sentir hacia la niña» y que, con su expulsión del comedor «al final se va a producir una distancia con el resto de la clase, lo que va a tocar evidentemente su autoestima y generarle problemas a largo plazo».
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