El metanero ruso Arctic Metagaz, alcanzado hace dos semanas por un ataque de drones de origen aún desconocido, inquieta cada vez más a las autoridades italianas y maltesas ante el riesgo de un vertido de gran magnitud en el Mediterráneo central. La alarma es especialmente alta en La Valeta: el archipiélago depende en gran medida de la desalinización del agua de mar para abastecer a su población.
El Arctic Metagaz no es un buque cualquiera. Navega bajo bandera rusa y podría integrar la llamada «flota fantasma» con la que Moscú sortea sanciones internacionales. Además, según la información difundida por Italia, transporta unas 900 toneladas métricas de diésel y más de 60.000 de gas natural licuado, que permanecen, por ahora, en un casco dañado pero todavía íntegro.
«Una cantidad significativa de contaminantes sigue presente a bordo; nos referimos al combustible que lleva el buque (fuelóleo pesado), estimado en casi 1.000 metros cúbicos, además de los aceites lubricantes, sin contar pinturas y disolventes de diversa índole presentes en la nave», ha puntualizado Aurelio Caligiore, almirante inspector del Cuerpo de la Guardia Costera, en la web GreenReport.
Ataque misterioso
Con ese cargamento a bordo, el buque fue alcanzado en la madrugada del 3 de marzo por un ataque «mediante drones marítimos y aéreos en aguas neutrales del Mediterráneo central», a unas 168 millas náuticas al sureste de Malta, según el Ministerio de Exteriores ruso en un comunicado difundido el 11 de marzo.
Rusia ha condenado el ataque y ha exigido que los Estados europeos hagan lo mismo, mientras que la prensa italiana ha sugerido que los autores del ataque podrían ser fuerzas ucranianas. Algo de lo que, de momento, no hay pruebas.
Tras el impacto y un incendio a bordo, los 30 tripulantes —algunos de ellos heridos con quemaduras— abandonaron la nave. Desde entonces, el barco permanece a la deriva. Imágenes de vigilancia lo muestran ennegrecido, escorado hacia babor, con una amplia brecha en el casco y un rastro aceitoso que se extiende sobre el agua, un presagio inquietante en una de las zonas más sensibles del mar.
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