Cuatro mujeres diagnosticadas de cáncer de mama en edades tempranas, encabezadas por la gallega María Varela, de 43 años y con enfermedad metastásica, han registrado en el Ministerio de Sanidad más de 65.000 firmas para exigir un cambio en el protocolo nacional de detección. Bajo el lema El cáncer de mama se da demasiado pronto y las mamografías demasiado tarde, la iniciativa [en Change.org] busca que la primera prueba diagnóstica se adelante a los 40 años, de forma generalizada, en la sanidad pública. Las protagonistas de este reportaje, integrantes de la asociación Bolboretas A Coruña y diagnosticadas, todas ellas, antes de los 50 (la edad de inicio del cribado, en la actualidad), respaldan «absolutamente» su petición. «Es imprescindible», reivindican.
A Verónica Moure el diagnóstico de cáncer de mama le llegó a los 41 años, hace casi dos. «Finalicé los tratamientos principales, pero continúo con la terapia hormonal que, en principio, tendré que tomar durante cinco años», apunta Verónica, antes de recordar cómo descubrió que padecía la enfermedad. «Me estaba duchando y me noté como una dureza al lado de la aureola, como si estuviese tocando hueso. Me toqué el pecho, como cuando te aprietas la pierna para marcar la celulitis, y se me hundió toda esa parte… Al día siguiente, pedí cita en el médico. En una semana, tenía la mamografía hecha y, en muy poco tiempo, el diagnóstico, que ya suponía que iba a ser algo malo, la verdad…», reconoce.
Sin antecedentes familiares: «Lo mío fue una lotería»
«Yo me descubrí ese bultito pero, haciéndome el preoperatorio, durante una prueba que es como una resonancia magnética de las mamas, encontraron una manchita, que no se vio en la primera mamografía. Me hicieron una biopsia y otra mamografía, y tenía un segundo tipo de cáncer. Un dos por uno, vamos. Pero, este segundo, no era palpable ni nada. Me lo encontraron de milagrito», resalta Verónica, quien admite que un diagnóstico como el suyo «no se encaja». «Lloré como si tuviera 3 años. No me podía creer que, con 41 años y sin antecedentes, tuviese cáncer de mama», resalta, antes de detallar su plan terapéutico: «Primero, me operaron en el pecho donde tenía el tumor, y el otro… Me ‘ajustaron’ la talla, por así decirlo. Después, empecé con quimioterapia; luego con radio; y, al terminar, con la terapia hormonal».
Verónica Moure. / CASTELEIRO
«Lo mío fue una ‘lotería’. Como ya no partimos de antecedentes familiares, sino de que le puede pasar a cualquiera, hay que adelantar el cribado. Y si ya hay antecedentes… Incluso más», resalta Verónica Moure
«Intenté llevarlo como si fuese una enfermedad cualquiera. Es mejor tomárselo así porque, si no, tu cabeza se pierde por el camino. Sí que te cambia la vida, y no quieres perderte nada ni malgastar el tiempo, sino disfrutar de la familia, los amigos y los pequeños momentos. Más que nada, por si acaso…», señala Verónica, quien apoya «sin duda» la petición de adelantar a los 40 años el cribado: «Lo mío fue una lotería. Como ya no partimos de antecedentes familiares, sino de que le puede pasar a cualquiera, hay que adelantar el cribado. Y si ya hay antecedentes… Incluso más».
El «shock» del diagnóstico
En similares términos se manifiesta Rosa Seco, diagnosticada de cáncer de mama a los 42 años. «En mi caso, fue mi hijo, de 11 años, quien me dijo: ‘Mamá, tienes algo ahí’. Yo también lo había notado, así que me fui a consultárselo al médico de cabecera, quien, inmediatamente, me dirigió a la Unidad de la Mama del Abente y Lago, donde fue todo rapidísimo», explica Rosa, quien tampoco tenía antecedentes familiares de esa dolencia. «Mi tipo de cáncer es el que le llaman poblacional. No es genético, sino hormonal», apunta, antes de admitir que, «al principio», el diagnóstico «fue un shock»: «Luego, tuve suerte, ya que la enfermedad estaba en un grado II, y no había llegado al ganglio. Me extirparon un pecho, y estoy con un tratamiento hormonal, pero me libré de la quimio y la radio».

Rosa Seco. / CASTELEIRO
«En un principio —continúa—, a mí me dieron una medicación que se llama tamoxifeno, que bloquea los receptores hormonales, pero no está siendo suficiente porque, por lo visto, tengo un nivel hormonal altísimo, de modo que, recientemente, me han puesto otra más, para eliminarme la menstruación. Esta ya es más potente pero, como me la acaban de poner, aún no siento los efectos, aunque sí noto mucho la ‘niebla mental’: me olvido de todo, estoy como súper, súper, súper desconcentrada… Y, antes, no era así», describe Rosa, quien reivindica la importancia de «investigar más» para seguir mejorando la supervivencia, pero también la calidad de vida de las afectadas.
«Los efectos de los tratamientos, en muchas mujeres, son muy potentes. Pero, como no les pasa a los hombres, parece que no interesa…», considera Rosa Seco
Tratamiento de los síntomas que produce la medicación
«Los efectos de los tratamientos, en muchas mujeres, son muy potentes. Pero, como no les pasa a los hombres, parece que no interesa…», considera Rosa, quien, al igual que sus compañeras, respalda «totalmente» la solicitud de María Varela, y urge a adelantar a los 40 años el inicio del cribado: «Es imprescindible, porque no paran de salir, por todos lados, casos de mujeres menores de 50. Igual que lo es que se tenga en cuenta el tratamiento de los síntomas que produce toda la medicación que necesitamos tomar, y que no está incluida en la seguridad social. Por ejemplo, si tienes que tomar un medicamento específico para los sofocos, te lo tienes que comprar tú aparte».

Mayte Morán. / CASTELEIRO
Concuerda con ella Mayte Morán, diagnosticada de cáncer de mama a los 47 años, hace ocho. «En aquel momento, vivía en Madrid y trabajaba en una empresa que nos ofrecía hacernos las revisiones anuales. A pesar de esto, había años en los que no podía ir a esos exámenes y, entonces, me hacía yo la mamografía a través de un seguro privado. Lo tenía prácticamente para eso, pero porque soy así de responsable, ya que no tenía antecedentes de la enfermedad y siempre he llevado un estilo de vida saludable», señala Mayte, quien, pese a todo, asegura con rotundidad: «Yo jamás he pensado: ‘¿Por qué a mí?’ o ‘¡qué desgracia!’. Pero sí he pensado: ‘Joder, es que si no hubiese tenido esa suerte de poder hacerme una mamografía anual, estaría muerta’. Porque, además, mi cáncer no me lo podía detectar autoexplorándome, puesto que estaba debajo del músculo, y había pasado de cero a 6 centímetros en poco más de un año», resalta, antes de advertir de que «hay miles, millones de personas que no están mentalizadas de que tienen que hacerse unos controles anuales».
«Yo jamás he pensado: ‘¿Por qué a mí?’ o ‘¡qué desgracia!’. Pero sí he pensado: ‘Joder, es que si no hubiese tenido esa suerte de poder hacerme una mamografía anual, estaría muerta’», subraya Mayte Morán
Educación sanitaria insuficiente y falta de medios
«No hay una educación sanitaria suficiente en este país como para que las mujeres sean conscientes, por ejemplo, de que tienen que ir al ginecólogo cuando empiezan a tener relaciones sexuales, ni de que se han de hacer una mamografía cada año», subraya Mayte, quien, además, insiste en que «la mayoría no tiene 300 o 500 euros para hacerse un control ginecológico anual». «Además, ¿por qué a los 50, a los 45 o a los 40 años? Yo creo que la sanidad pública tendría que ofrecer esos controles a lo largo de toda la vida de la mujer», plantea.

Susana Liñares. / CASTELEIRO
Susana Liñares, diagnosticada a los 44 años, coincide en los argumentos de sus compañeras. «Yo puedo decir que tuve suerte, porque mi tumor se veía perfectamente. Me lo noté duchándome pero, siendo tan joven, y como en mi familia no hay antecedentes de cáncer de mama… La verdad es que no le di importancia. De hecho, mi marido me estaba: ‘¿Te fuiste a mirar eso?’. Y yo nada… Pensaba que sería un bultito de grasa, una tontería. Estaba súper tranquila, así que esperé un par de meses antes de consultarlo, y pedí cita a través de nuestro seguro privado. Por edad, me hicieron una ecografía, y ya me dijeron que la mama derecha no estaba ‘igual que la izquierda’. A partir de ahí, me dieron un informe, con el que me fui a la seguridad social, donde me citaron ya para el día siguiente. Me hicieron mamografía y biopsia, todo en el mismo día y, en menos de una semana, tenía el diagnóstico», explica Susana, quien incide en la «necesidad» de adelantar el inicio del cribado, ya que «no puede fiarse el diagnóstico a la autoexploración».
«Yo tenía en la cabeza que, siendo joven, y sin antecedentes genéticos… No iba a ser un cáncer. Y también estaba convencida de que ‘el cáncer no duele’. Y como yo dormía de lado, sobre la zona donde tenía el bulto, y me dolía…», expone Susana Liñares
«En mi caso, por ejemplo, el seguro privado lo tengo porque es un beneficio de la empresa de mi marido, nos lo pagan a los dos y solo recurro a él en casos como este, puesto que soy funcionaria y creo firmemente en los servicios públicos», destaca Susana, quien, por otro lado, reconoce que «falta mucha información». «Yo tenía en la cabeza que, siendo joven, y sin antecedentes genéticos… No iba a ser un cáncer. Y también estaba convencida de que ‘el cáncer no duele’. Y como yo dormía de lado, sobre la zona donde tenía el bulto, y me dolía…», expone, antes de hacer hincapié en «la suerte» de que su tumor, «de tipo hormonal y de 8 centímetros» en el diagnóstico, «saliese hacia afuera»: «Por eso digo que no se puede dejar el diagnóstico a la autoexploración, porque yo no soy médica. Es el sistema quien nos tiene que hacer las pruebas pertinentes y actuar».
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