Cerca de las cinco de la tarde de este lunes, y con un radiante sol cayendo sobre Madrid, la sobremesa entre Alberto Núñez Feijóo, Alfonso Fernández Mañueco, María Guardiola y Jorge Azcón se alargaba. La comida, a la que también asistió el secretario general del Partido Popular (PP), Miguel Tellado, se celebró en un reservado del restaurante El Deseo, en la calle Almagro, muy cerca de la sede de Génova. Aunque se trata de un establecimiento hostelero conectado a otro, El Secreto, al que se entra por la calle paralela, Zurbano. Solo los cinco comensales tienen el secreto de lo que allí se habló en detalle, pero todos comparten un mismo deseo: que las Presidencias de Extremadura, Aragón y Castilla y León sean una realidad cuanto antes, algo que sigue pasando por alcanzar algún tipo de acuerdo con Vox.
Feijóo restañó heridas en el almuerzo, especialmente visibles en el caso de Guardiola, cuya relación con Génova no ha sido la mejor desde las elecciones de diciembre. Antes, en su discurso a puerta cerrada en la Junta Directiva Nacional, el máximo órgano entre congresos de la formación conservadora, y según fuentes presentes en el encuentro, dejó claro que se devolvía a estas tres autonomías el pleno control de esas negociaciones con los de Santiago Abascal, tras la intervención de Génova decidida semanas atrás, y que se plasmó en un documento marco que ofendió sobremanera al líder de Vox, dado que en el texto se afirmaban principios como el respeto a la Constitución o la jefatura del Estado, que Abascal consideró hiriente que se pusiera en duda en su caso. «Yo he defendido la Constitución con mi propia integridad física», llegó a decir en una entrevista televisiva, en referencia a su etapa como dirigente del PP vasco en los tiempos duros de ETA.
Ahora Génova seguirá supervisando las negociaciones, pero sin estar tan encima. Entre otras cosas porque se considera un éxito el paso dado con el polémico documento marco, que junto a la notable victoria de Mañueco permite abrir un escenario bien distinto. Y así lo fijó Feijóo en su discurso en abierto que da comienzo siempre a la Junta Directiva Nacional. «No nos importó, que estuviéramos en mitad de una campaña electoral, para presentar nuestro marco de acuerdo. Fuimos responsables presentando ese marco, con un criterio claro, transparente, igual para toda España y respetando lo que han votado los ciudadanos», presumió el presidente del PP ante los suyos y ante todo el que le quisiera escuchar, antes de admitir: «Después, cada territorio tiene sus particularidades, y cada negociación tendrá sus matices. Pero el principio es el mismo: respetar nuestros principios porque nuestros principios han ganado en las urnas. Nosotros hemos puesto nuestras cartas boca arriba, para que todo el mundo sepa cuál es la posición del Partido Popular».
El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, a su llegada a la reunión de la Junta Directiva Nacional del partido en la sede del PP en la calle Génova, a 16 de marzo de 2026, en Madrid (España). / Eduardo Parra – Europa Press
Por si no hubiera quedado claro, en particular a Vox, Feijóo remató así su argumentación: «Hoy nadie conoce ninguna objeción de fondo a esas líneas por parte de Vox. Ninguna«. Y dicho de manera aún más clara y contundente: «Nadie ha señalado que haya en ellas algo incompatible con sus posiciones; nadie ha dado razones para bloquear, solo se han puesto excusas y creo que ya está bien». Una expresión coloquial de hartazgo, esta última, que repitió hasta dos veces más en su alocución.
Un resultado que lo cambia todo
El veredicto del domingo en las urnas es una circunstancia que cambia el escenario, y cambió sustancialmente el día después en Génova. La euforia se desbordó esta vez sin ninguna cortapisa, a diferencia de lo que ocurrió el 9 de febrero, cuando el resultado en Aragón y las ya para entonces estancadas negociaciones en Extremadura forzaron a algunos a mostrar una alegría que realmente no era tal. Y permitió ese momento reservado en El Deseo entre el presidente del PP y los tres barones que tienen ahora el reto de alcanzar algún tipo de acuerdo con Vox para continuar como presidentes autonómicos.
No es fácil ganar dos procuradores más en las Cortes y subir más de un 4% en voto cuando se lleva siete años en la presidencia, y cuando tu partido ostenta el poder en la Junta de manera ininterrumpida desde los años ochenta del siglo pasado. Pero Mañueco lo ha logrado. Con una campaña, además, muy pegada al territorio y muy alejada de los debates marcados desde el perimetro de la M-30 madrileña, e incluso de algunas de su modas. El líder popular en Castilla y León ya dijo antes de la campaña en una entrevista en Trece TV, la televisión del Grupo COPE, que en un mitin suyo no estarían agitadores ni grupos musicales como los que estuvieron en el cierre de la campaña de Aragón, y que tanto revuelo provocaron. Y cumplió su palabra.
Aunque por otro lado, tampoco en el PP de Mañueco se niega que el éxito ha llegado tras un calendario determinado, con las citas previas (ambas elecciones anticipadas) en Extremadura y Aragón y el «bloqueo» de Vox a la investidura de Guardiola en la Asamblea extremeña, que fracasó en su primer intento. En el PP hay dudas sobre hasta qué punto la crisis en el seno de la extrema derecha, sobre todo tras la batalla interna que le está planteando a Abascal el que fuera su mano derecha y amigo íntimo, Javier Ortega Smith, tiene efectos perniciosos a nivel electoral para Vox. Pero no hay casi ninguna duda de que sí lo tiene el hecho de que el partido no haya sumado para investir a una presidenta de la derecha, aun una tan a priori tan antagónica a ellos como Guardiola, aunque en 2023 alcanzaron pese a todo un acuerdo de coalición.
El optimismo que se respiraba en Génova se extendió también a Andalucía, donde hasta ahora el presidente de la Junta, Juan Manuel Moreno, no podía observar sino con preocupación las vicisitudes del inicio del ciclo electoral y, sobre todo, la enorme crecida de Vox que podría amenazar su mayoría absoluta en las elecciones que tendrán lugar en junio, en una fecha concreta aún por determinar. Que los de Abascal, aun mejorando su resultado de hace cuatro años, no hayan llegado por ejemplo al 20% le permite a los populares andaluces mantener la fe en que pueden mantener el histórico éxito alcanzado en las elecciones de 2022.
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