La nutricionista y ‘coach’ de salud Marina Wright pasó una buena parte de su vida conviviendo con estrés crónico: siempre estaba preocupada, no descansaba bien y ni siquiera era consciente de ello. Como tantísimas otras personas que sufren de los mismos síntomas, Wright creía que era «normal» sentirse así hasta que, tras años de ignorar su malestar, su cuerpo dijo basta. Ahora, ya recuperada, se dedica a ayudar a otras personas que puedan estar viviendo lo mismo que ella.
Formada en nutrición funcional e integrativa, Wright ha publicado su primer libro, ‘Equilibra tu cortisol’ (editorial Grijalbo), en el que explica cómo el estrés crónico eleva el cortisol y puede causar aumento de peso, niebla mental o insomnio, entre otros síntomas. Pero el cortisol en sí no es malo; de hecho, es una hormona «esencial», ha explicado Wright en una entrevista concedida a ‘Mundo Deportivo’.
Cuando la dieta es pobre en nutrientes o está muy basada en ultraprocesados, el cuerpo tiene que trabajar mucho más para regular el estrés, la energía, la glucosa y la inflamación
Marina Wright
Nutricionista funcional y ‘coach’ de salud
«El mito más común del cortisol es pensar que es malo y que deberíamos tenerlo siempre bajo. En realidad, es esencial: nos ayuda a despertarnos por la mañana, a regular la glucosa en sangre, a mantener la presión arterial estable, a modular la inflamación y a tener energía y claridad mental a lo largo del día». El problema no es tenerlo, sino cuando se mantiene demasiado alto durante mucho tiempo, sea por estrés crónico o por hábitos que no respetan los ritmos naturales del cuerpo.
Otro mito muy extendido, según la experta, es creer que el cortisol solo sube por estrés psicológico o emocional. «Puede aumentar si dormimos mal, si los niveles de azúcar en sangre están desregulados, si hay inflamación crónica o incluso si hacemos demasiado ejercicio», explica.
Como empezar a regular el cortisol
El primer paso para identificar el estrés y aprender a gestionarlo se centra en la alimentación, «pero no desde la idea de ‘comer perfecto’, sino desde algo mucho más práctico», puntualiza Wright. «Reducir los alimentos que generan inflamación, porque para el cuerpo eso también es una forma de estrés, y darle los nutrientes que necesita para ser más resiliente».
Cuando la dieta es pobre en nutrientes o está muy basada en ultraprocesados, el cuerpo tiene que trabajar «mucho más para regular el estrés, la energía, la glucosa o la inflamación». En cambio, una alimentación más densa en nutrientes «crea una base sólida para que el cuerpo empiece a sentirse más fuerte y más capaz de manejar el estrés«.















