A los propios usuarios les cuesta creerlo. Mientras que la gasolina ya se ha encarecido una media de 23 céntimos por litro desde el estallido de la guerra de Irán y el diésel cuesta casi 41 céntimos más, hay otro combustible bastante menos conocido que parece resistir incólume a los efectos del conflicto. Es el GLP (Gas Licuado del Petróleo), que apenas ha subido 3,5 céntimos en este tiempo y que se mantiene por debajo del euro en la mayoría de estaciones de servicio de la provincia donde se suministra.
Una diferencia que ha llamado la atención a numerosos conductores y que, como ya ocurrió durante la anterior crisis inflacionista provocada por la guerra de Ucrania, ha disparado el interés por instalar el depósito necesario para que cualquier vehículo de combustión pueda funcionar con este carburante. «Estamos recibiendo un 150% más llamadas», asegura Javier Navarro, presidente de la asociación Astrave, que agrupa a las principales empresas españolas dedicadas a realizar esta transformación.
Entre sus clientes habituales hay muchos propietarios de vehículos de alta gama, que consumen mucho, y profesionales, como los taxistas, que son el colectivo que más utiliza el GLP. Sin embargo, en momentos como el actual la demanda de sus servicios se diversifica. «Con la diferencia que existe ahora mismo, rentabilizas el cambio con 20.000 kilómetros. A partir de ahí, ya todo es ahorro», insiste Navarro.
Y no es para menos, frente a los 1,719 euros del litro de gasolina, el GLP se paga de media a 0,991 euros. Es decir, un 42% menos. Y con el gasóleo A, que cotiza a 1,849 euros, la distancia alcanza el 46%. Aunque el consumo resulta algo mayor al pasar de alguno de los otros combustibles al gas, el ahorro sigue siendo más que notable.
Coste
En realidad, lo que más cuesta es dar el paso. Instalar el depósito -que suele ocupar el lugar de la rueda de recambio- y las pocas modificaciones que exige el uso de GLP puede costar desde 1.300 euros hasta algo más de 3.000, dependiendo del motor. Un precio que sale más a cuenta en momento como el actual, cuando el resto de carburantes se dispara.
Varios vehículos repostan en una gasolinera que ofrece GLP. / PILAR CORTÉS
Pero en los últimos años también son muchos los conductores que se han decantado por comprar esta motorización híbrida -además del depósito de gas, siempre lleva otro de gasolina o diésel- de serie. En especial, desde que el grupo Renault-Dacia apostó por el GLP como una alternativa de transición en el camino hacia la descarbonización del transporte y lo ofrece en la mayoría de sus modelos. En España, hasta el 62% de todos los Dacia Sandero que se comercializaron -el modelo más venido el año pasado- usaban este combustible.
Pero, ¿por qué es tan barato? Para empezar, porque se trata de una mezcla de propano y butano que durante mucho tiempo se ha considerado casi como un subproducto del petróleo, con un proceso de refino mucho menos complejo. Además, al ser menos contaminante -de hecho, los vehículos que utilizan este combustible tienen la etiqueta ECO de la DGT-, también tiene una fiscalidad menor.
Desde la Asociación Gas Licuado (AGL), señalan, también, que «su diversificación de suministro y su logística han contribuido a mantener esa disponibilidad. Por ejemplo, en el contexto actual del conflicto en Irán, continúa garantizado su suministro al tener una menor dependencia del estrecho de Ormuz, ya que las importaciones más habituales se realizan desde Estados Unidos, el Mar del Norte y Argelia».
El mayor inconveniente es la extensión de la red de suministro, que es mucho más escasa que en el caso de la gasolina o el gasóleo A. Aun así, en la provincia hay casi medio centenar de estaciones de servicio con surtidores especializados, en buena medida gracia a la apuesta que han realizado principalmente Repsol y Shell, aunque también hay gasolineras «low cost» que lo ofrecen.
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