Los océanos del planeta no solo contienen organismos marinos y sustancias naturales. También están cada vez más impregnados de productos químicos creados por el ser humano. Un estudio publicado en la revista científica ‘Nature Geoscience’ desvela que restos de pesticidas agrícolas, medicamentos y productos industriales han pasado a formar parte del agua del mar de una forma mucho más significativa de lo que se pensaba. El análisis, de hecho, indica que en las zonas cercanas a la costa estos contaminantes pueden representar hasta una quinta parte de la llamada materia orgánica disuelta, un conjunto de moléculas orgánicas microscópicas que circulan en el agua y desempeñan un papel clave en el funcionamiento de los ecosistemas marinos y en el ciclo global del carbono. Y que debido a la irrupción de esta polución, podrían sufrir daños aún difíciles de estimar.
La investigación, liderada por el científico Daniel Petras, de la Universidad de California Riverside, se centra en el análisis de datos procedentes de numerosos estudios previos para evaluar la presencia de compuestos sintéticos en el agua marina. En total, los investigadores reunieron 21 conjuntos de datos públicos sobre carbono orgánico disuelto que incluían unas 2.315 muestras de agua de mar. Estas muestras procedían de una gran variedad de entornos marinos, desde zonas costeras y arrecifes de coral hasta regiones de mar abierto, repartidas por tres grandes cuencas oceánicas como son el Pacífico, el Índico y el Atlántico Norte. Al examinar esta enorme base de datos mediante técnicas avanzadas de análisis químico, el equipo pudo identificar la presencia de al menoss 248 sustancias químicas artificiales diferentes presentes en el agua del océano.
El análisis confirma que muchas de estas sustancias llegan al océano desde fuentes terrestres, como escorrentías agrícolas, descargas industriales o aguas residuales urbanas
Los resultados muestran que, en estos momentos, los compuestos sintéticos representan un 2 % de la intensidad media de la señal química en los mares del planeta. Los expertos afirman que las concentraciones más elevadas se encontraron en zonas cercanas a la costa, donde el promedio de compuestos químicos podía alcanzar hasta un 20 % de la materia orgánica disuelta, mientras que en el mar abierto la concentración apenas llega al 1%. Estos datos, según afirman los especialistas, confirman que muchas de estas sustancias llegan al océano desde fuentes terrestres, como escorrentías agrícolas, descargas industriales o aguas residuales urbanas y vertidas directamente al mar.
Contaminación persistente
El estudio también permitió identificar diferencias claras en el tipo de compuestos presentes según el entorno marino. Las sustancias químicas industriales, como es el caso de los compuestos relacionados con plásticos o ingredientes de productos de cuidado personal, se detectaron en prácticamente todos los ambientes analizados, incluso en regiones de mar abierto situadas lejos de las zonas habitadas. Este hallazgo sugiere que algunos de estos compuestos tienen una gran persistencia ambiental y pueden viajar largas distancias a través de corrientes oceánicas. Por el contrario, los pesticidas y los productos farmacéuticos se encontraron con mayor frecuencia cerca de las costas, donde su origen está más directamente vinculado a la actividad humana, como la agricultura o el vertido de aguas residuales.
El estudio apunta a que muchos compuestos tienen una gran «persistencia ambiental» y pueden viajar largas distancias a través de corrientes oceánicas
Ante estos resultados, los autores del estudio señalan que es necesario desarrollar programas de monitoreo a gran escala que permitan seguir la presencia y evolución de estos compuestos en los océanos de forma sistemática. En este sentido, los expertos afirman que un seguimiento continuo en diferentes zonas del océano ayudaría a identificar qué sustancias están aumentando, cómo se transportan a través de las corrientes marinas, cuánto tiempo permanecen en el medio ambiente y, sobre todo, sus efectos sobre los ecosistemas marinos, microorganismos y peces. «Comprender cómo estas sustancias están modificando la química del océano y su biodiversidad será clave para anticipar los riesgos ambientales asociados al creciente uso mundial de compuestos sintéticos y para diseñar políticas que reduzcan su impacto», concluye el trabajo.
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