A Jessie Buckley, nominada al Oscar gracias a su deslumbrante trabajo en ‘Hamnet’ -en la piel de quien fue esposa de William Shajespeare, Agnes Hathaway- y favorita absoluta a ganarlo, no le gustan los gatos. Es más: la actriz piensa que los gatos son malvados y, por si eso no fuera delito suficiente, en su día obligó a su hoy marido a deshacerse de sus dos mininos.
Lo confesó ella misma, sin remordimiento alguno, en una entrevista televisiva emitida el pasado noviembre a la que inicialmente nadie prestó especial atención y que a principios de la semana pasada, justo antes de que se cerraran los plazos de votación para elegir a los premiados con la estatuilla -y mientras ella cosechaba algunas de las peores críticas de su carrera por su trabajo en la película que acaba de estrenar, ‘¡La novia!’-, la actriz fue convertida en blanco de un alud de críticas y ataques, algunos chistosos y otros muy serios.
Mientras medios como ‘The Huffington Post’ ilustraban su cobertura del chisme con titulares mas adecuados para un crimen de sangre, y la hipócrita indignación se propagaba por las redes, no faltaron quienes atribuyeron el incidente a una campaña de desprestigio destinada a impedir la segurísima victoria de la intérprete en la gala del lunes.
Como la propia Buckley, también la ‘dramedia’ deportiva ‘Marty Supreme’ ha visto recientemente cómo su campaña promocional cara a los Oscar se veía ensombrecida por la sospecha de una mano negra, aunque no a causa de la polémica en la que se vio envuelto hace unos días su protagonista, Timothée Chalamet -él solito y frente a un micrófono-, al declarar que la ópera y el ballet “ya no le importan a nadie”.
El pasado 26 de enero, cuatro días después de que la película se hiciera con nueve candidaturas a la estatuilla, ‘Page Six Hollywood’ publicó un artículo demoledor que cuestionaba las acciones pasadas de su director, Josh Safdie. En él se afirmaba que durante el rodaje del thriller ‘Good Time’ (2017), que Safdie había codirigido con su hermano Benny, una chica de 17 años elegida para interpretar a una prostituta fue obligada a filmar una escena de sexo junto a un actor no profesional y exconvicto, y que durante su transcurso él se salió del guion aireando sus genitales mientras pedía sexo a la muchacha mientras Josh lo capturaba todo con la cámara.
Maniobras de descrédito
La información, que atribuía al suceso la posterior ruptura profesional de los hermanos -al parecer, Benny no se enteró de lo sucedido hasta años después- se conoció solo una semana más tarde de que los familiares de Marty Reisman, el jugador de ping-pong cuya biografía inspiró ‘Marty Supreme’, acusaran con rotundidad a los responsables de la película de haber hecho un uso fraudulento de la historia de Reisman.
Lo cierto es que la exposición de trapos sucios, las acusaciones anónimas o no y otras maniobras de descrédito llevan tiempo siendo consustanciales a la carrera anual a por el Oscar. Recordemos, sin ir más lejos, cómo las 13 nominaciones a la estatuilla del musical ‘Emilia Pérez’ se fue a pique el año pasado cuando volvieron a salir a la luz numerosos tuits ofensivos publicados en el pasado por su protagonista, la madrileña Karla Sofía Gascón -la primera actriz trans de la historia en ser nominada al premio-,incluido uno en el que describía el islam como ‘un foco de infección para la humanidad que necesita ser curado con urgencia”; la periodista canadiense que encontró los viejos tuits, Sarah Hagi, fue acusada entonces de actuar al servicio de algún estudio de Hollywood y al mismo tiempo, mientras pedía disculpas, Gascón se declaró víctima de una conspiración ‘antitrans’. Hoy mismo, desde las páginas de otro diario, la intérprete sigue defendiendo esa teoría.
La pugna por el Oscar a la Mejor Actriz ya había estado envuelta de polémica dos años antes, cuando la británica Andrea Riseborough logró ser nominada por su actuación en el drama independiente ‘To Leslie’ (2022) después de que estrellas como Cate Blanchett, Charlize Theron y Edward Norton apoyaran públicamente su trabajo e incluso organizaran proyecciones privadas de la película para los miembros de la Academia de Hollywood; en cuanto se supo que tras esa promoción gratuita estaba la mano del director de ‘To Leslie’, Michael Norris -un tipo sin duda bien conectado-, Riseborough perdió las pocas posibilidades de victoria con las que partía.
Bulos y exhibicionismo
En 2019, una serie de polémicas fomentadas en las redes amenazaron seriamente las opciones de Oscar del biopic ‘Green Book’, sobre la relación entre un pianista negro y un chófer blanco que viajan por el sur de Estados Unidos en los 60. Primero cobraron nueva vida artículos publicados décadas atrás que culpaban a su director, Peter Farrelly, de tener la mala costumbre de exhibir en público sus partes púdicas, y poco después se descubrió que su guionista, Nick Vallelonga, había propagado bulos islamófobos.
Finalmente, sin embargo, ‘Green Book’ ganó la estatuilla en tres categorías principales, entre ellas Mejor Película. Más nocivas resultaron ser las acusaciones que ‘La noche más oscura’, drama de Kathryn Bigelow sobre la caza de Bin Laden, afrontó tras lograr cinco nominaciones al Oscar: según la primera, debatible, la película justificaba las torturas del ejército estadounidense; según la segunda, infundada, era un instrumento de propaganda al servicio de la reelección presidencial de Barack Obama. Al final, solo se llevó la estatuilla al Mejor Sonido.
Por supuesto, al hablar del juego sucio en los Oscar es imprescindible hacerlo de Harvey Weinstein. Hoy encarcelado por sus agresiones sexuales, el productor no inventó esas tácticas marrulleras, pero sí fue quien las usó con más descaro. A estas alturas se da por hecho que si ‘Shakespeare in Love’ arrebató a ‘Salvar al soldado Ryan’ el Oscar a la Mejor Película de 1999 fue en buena medida porque Weinstein contrató a un puñado de supuestos expertos para que desacreditaran el retrato que la epopeya dirigida por Steven Spielberg hacía de la Segunda Guerra Mundial.
Y quizá más marrullera aún fuera la artimaña que usó en 2003: después de que varios medios estadounidenses publicaran una columna de opinión firmada por el cineasta Robert Wise -expresidente de la Academia de Hollywood- en defensa de las virtudes de ‘Gangs of New York’, y de que Weinstein incluyera extractos del artículo en la campaña promocional del filme, se descubrió que el verdadero autor del texto no era Wise sino un empleado del productor; nunca se sabrá cuánto de la estrepitosa derrota de la película de Martin Scorsese -no ganó ninguno de los 10 Oscar a los que aspiraba- estuvo motivado por el escándalo.
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