El Partido Popular (PP) vuelve a ganar con claridad unas elecciones autonómicas y vuelve a depender de Vox, pero esta vez no puede afearle al PSOE un batacazo. Es, en síntesis, el resumen de la tercera noche electoral de los últimos cuatro meses para los de Alberto Núñez Feijóo, que como ya es habitual siguió el recuento recluido en la planta séptima del 13 de la calle Génova de Madrid en comunicación permanente vía mensajes con Alfonso Fernández Mañueco, con el que como también es tradición pudo compartir una videollamada de felicitación al término del recuento, si bien pasadas las nueve y media de la noche, con el escrutinio al 70%, ya compartieron una primera conversación telefónica.
En contra de lo que se pudo llegar a temer en la sala de máquinas del primer partido de la oposición hace un mes, Mañueco revalida la victoria de 2022 y lo hace, incluso, mejorando tanto en porcentaje de votos (cuatro puntos porcentuales más) como en procuradores en las Cortes, donde pasa de 31 a 33 representantes, frente a los comicios de hace cuatro años, entonces adelantados abruptamente y celebrados, por primera vez en la historia de la autonomía, en solitario, sin coincidir con las municipales ni con otras autonómicas. Y en contra de lo que las encuestas internas advertían, según fuentes del PP, el resultado de Vox, siendo el mejor resultado de los de Santiago Abascal en toda su historia, con un escaño más y por encima del 18% de los sufragios, no llega a las cotas que se llegaron a barajar en Génova.
Según esos datos internos, y siempre según fuentes populares, la extrema derecha llegó a estar más cerca del 25% del voto que del 18% que finalmente ha cosechado. Un descenso que los populares atribuyen en parte a las desavenencias internas en esa formación, centradas en el choque de Abascal con el ex secretario general del partido, Javier Ortega Smith, y en la defenestración del hasta hace poco líder de Vox en Murcia, José Antelo. Pero sobre todo al voto negativo el pasado 6 de marzo, ya en campaña en Castilla y León, a la investidura de María Guardiola en la Asamblea de Extremadura. Estos datos internos explican sin duda la campaña del PP, la más agresiva contra Vox que se recuerda. Baste como botón de muestra que Feijóo llegó a calificar a los de Abascal como «un partido a la deriva».
La lectura en Génova es positiva y optimista a más no poder. Primero, explican, porque después de cuarenta años gobernando la Junta (ningún partido ha permanecido tanto tiempo en el poder en la democracia, ni siquiera el PSOE en Andalucía) «tiene más desgaste la izquierda»; segundo por la citada bajada sobre las encuestas que advierten en Vox; tercero porque, presumen, «somos el partido que más crece en porcentaje», y cuarto porque «el Partido Popular sigue acumulando victorias electorales sin que el PSOE tenga opción de gobernar en ningún territorio».
En clave de la etapa de Feijóo al frente del partido, que ya cumple cuatro años, los populares de haber ganado todas las noches electorales salvo dos, las catalanas de 2024 que ganó el PSC de Salvador Illa y las vascas del mismo año que ganó el Partido Nacionalista Vasco (PNV). Un recuento que incluye la más amarga de todas esas victorias, la de las elecciones generales de julio de 2023, que no impidieron que Pedro Sánchez siguiera en la Moncloa
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