En en el Salón del Automóvil de Ginebra de 1966, los visitantes caminaban entre coches elegantes, grandes turismos y deportivos rápidos, pero había algo diferente entre todos vehículos. Bajo, ancho, casi pegado al suelo, con una silueta tan radical que parecía llegado de otro tiempo se presentaba el Lamborghini Miura.
Lamborghini Miura / Lamborghini
Aquel no parecía seguir las reglas que definían a los deportivos de los años sesenta. El motor ya no estaba delante del conductor, sino detrás. Y no en posición longitudinal, como en muchos coches de carreras, sino transversal, colocado justo a la espalda del piloto. Lo que hoy es una arquitectura habitual en los superdeportivos en marzo de 1966 supuso una revolución.
La historia del Miura empezó de forma casi clandestina. Lamborghini era entonces una empresa muy joven, fundada apenas unos años antes, y su primer gran turismo —el 350 GT— ya demostró que la marca tenía ambición. Pero algunos dentro de la compañía querían ir mucho más lejos. Los ingenieros Gian Paolo Dallara y Paolo Stanzani, junto al piloto de pruebas Bob Wallace, empezaron a trabajar en secreto en una idea radical: un deportivo inspirado directamente en los coches de competición. Lo hicieron fuera del horario laboral, desarrollando un chasis pensado exclusivamente para el rendimiento. Cuando Ferruccio Lamborghini vio aquel proyecto entendió que tenía algo especial entre manos. Aprobó el desarrollo del Proyecto L105, el germen del Miura.

Lamborghini Miura / Lamborghini
El primer adelanto llegó en 1965, en el Salón de Turín, donde Lamborghini mostró un chasis negro satinado con el motor montado en posición central. Aquella estructura pesaba apenas 120 kg y estaba perforada para ahorrar gramos, un gesto tan radical que atrajo más miradas que muchos coches completos. Pero faltaba lo más importante: darle forma.
La carrocería del Miura nació gracias al encuentro entre Lamborghini y Carrozzeria Bertone. La leyenda cuenta que Nuccio Bertone prometió diseñar “el zapato perfecto para este maravilloso pie” al ver el chasis expuesto en el salón. Quien realmente lo dibujó fue Marcello Gandini, entonces jefe de diseño del estudio. El resultado fue un coche que parecía moverse incluso cuando estaba detenido. El Miura medía apenas 105 centímetros de alto, con una silueta baja y musculosa que recordaba a un depredador agazapado antes de saltar.

Lamborghini Miura / Lamborghini
Los faros escamoteables con sus características ‘pestañas’, las enormes entradas de aire y los hombros traseros anchos crearon una imagen que, seis décadas después, sigue considerándose una de las más influyentes de la historia del automóvil.
El corazón que definió a Lamborghini
Si el diseño hacía girar cabezas, el motor era lo que convertía al Miura en algo completamente radical. Bajo la carrocería se escondía un V12 de 3.9 litros, una evolución del motor diseñado por Giotto Bizzarrini y adaptado para uso en carretera. Dependiendo de la versión, entregaba 350 ó 370 CV, cifras extraordinarias para la época.

Lamborghini Miura / Lamborghini
El Miura P400 podía alcanzar 280 km/h y acelerar de 0 a 100 km/h en 6,7 segundos, lo que lo convirtió en uno de los coches de producción más rápidos del mundo en su momento. La evolución final, el Miura P400 SV, llevaría la potencia hasta 385 CV y superaría los 290 km/h de velocidad máxima.
Pero más allá de las cifras, lo que hacía especial al Miura era la sensación. No había dirección asistida ni ayudas electrónicas, solo una conexión directa entre el conductor, la máquina y el asfalto.
El nacimiento de un mito
Entre 1966 y 1973 se fabricaron 763 unidades del Miura en Sant’Agata Bolognese. Para un coche tan radical, aquello era casi una producción masiva. El modelo apareció en revistas, en películas y en el imaginario colectivo de una generación que empezaba a ver el automóvil como algo más que transporte. Uno de los momentos más recordados llegó en The Italian Job (1969), donde el Miura protagoniza una de las escenas iniciales más icónicas del cine. El sonido del V12 resonando en una carretera de montaña ayudó a convertirlo en un símbolo cultural. Con el tiempo, el Miura se convirtió en algo más que un coche excepcional. Fue el punto de partida de una dinastía.

Lamborghini Miura / Lamborghini
Hoy, modelos como los Lamborghini Countach, Diablo, Murciélago, Aventador o Revuelto siguen la estela de aquella idea radical nacida en los años sesenta. El Miura estableció un ADN que Lamborghini no ha abandonado desde entonces: coches extremos, diseño provocador y motores capaces de emocionar incluso antes de arrancar.













