La entrega de Manzanares y el pellizco de Aguado salvan la tarde en Valencia

Hay tardes que sobre el papel son más interesantes que en la realidad, aunque siempre encontramos matices que hacen que merezca la pena. Eso fue, en gran medida lo que se vivió en la tarde de este domingo en Valencia, una cita que en lo climatológico llegó con más frío que en días anteriores, pero con muchísimo ambiente fallero. Se anunciaban Castella, Manzanares y Pablo Aguado con el hierro de Jandilla / Vegahermosa, aunque la corrida fue completada con tres toros de Puerto de San Lorenzo. Yendo a lo más notable habría que destacar al cuarto toro de la tarde, un ejemplar de Jandilla que ya por su presentación despertó el interés del respetable. Fue este un toro serio, engatillado de pitones, bien hecho, astifino y muy armónico en sus hechuras. El toro tuvo casta de sobra para acometer con intensidad en los tres tercios. Encastado y con codicia acudía a la muleta de Castella casi como un resorte. El maestro francés, consciente de ese torrente de bravura no dudó en mostrar lo mejor de su repertorio, con pases cambiados por ambos pitones y mucha exposición. El toro no dejó de embestir con la misma intensidad en toda la faena, trasteo, por cierto, que el matador francés planteó desde los medios. Ese es el terreno para poderle a los toros bravos. Ese toro tenía bonito hasta el nombre: “Artista”. Lo estoqueó en los medios tras cuajar una intensa faena, pero la espada no entró y los trofeos para Castella se esfumaron. Entre la rabia del pinchazo y el peso de la tarde hasta ese instante, nadie pidió la vuelta al ruedo para un toro que a merecía. En el primero de la tarde no pasó nada y Castella fue silenciado.

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