Ferit recuerda cómo conoció a Diyar en la cafetería del gimnasio

Al entrar en la cafetería de su gimnasio, Ferit se ha acordado del momento exacto en el que conoció a Diyar. Él, muy seguro de sí mismo se acercó a su mesa y se sentó frente a ella. «Si se me acercan chicas a saludarme, ¿puedes decir que te has sentado tú en mi mesa?», le dijo, dejando a Diyar alucinada con su arrogancia.

La chispa saltó de inmediato, aunque no de la forma que Ferit esperaba. Diyar, lejos de caer rendida a sus pies, le paró los pies: «Madre mía, qué creído», le respondió ella sin levantar la vista de su ordenador.

Ferit intentó jugar la carta del favor mutuo, pero Diyar le dejó claro que no eran amigos. Fue un toma y daca constante donde él, entre bromas, le confesó que el resto del mundo no entendía su belleza porque no la miraban con sus ojos.

Lo que de verdad llamó la atención de Ferit no fue solo el físico de Diyar, sino su actitud seria. «Tengo que trabajar», repetía ella mientras revisaba un plan de pagos. Ferit, intentando ablandarla, le dijo un piropo directo al corazón: «Usas muy poco tu sonrisa, tienes una gran sonrisa».

Justo cuando una chica reclamaba a Ferit para jugar al ping-pong, él le pidió que le guardara sitio en la misma mesa para el día siguiente, dejando claro que no se iba a rendir tan fácilmente. «Ya sabes cómo me llamo. Volveré mañana», le dijo. ¿Hay oportunidad para ellos? ¿Qué pasará ahora?


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