No empezó de la mejor de las maneras la primera Nit de les Lletres Catalanes, con diluvio sobre Montjuïc y amago de invitados pasados por agua, pero el disgusto meteorológico quedó en nada en cuanto Carles Rebassa y Antònia Carré-Pons reinventaron la tradición y coronaron el podio de este recién estrenado supersábado de las letras catalanas con los dos premios más codiciados de la noche. O, como mínimo, los mejor dotados. El primero, laureado poeta mallorquí y biógrafo de Blai Bonet, se llevó el Sant Jordi de Novela (75.000 euros) con ‘Prometeu de mil maneres’, autopsia a corazón abierto de las relaciones humanas en una ciudad de Palma «a punto del colapso por la especulación económica y turística y el carácter manso de sus habitantes». La escritora y medievalista, por su parte, ganó el Òmnium a la mejor novela del año (25.000 euros) gracias a ‘La gran família’, magistral retrato del tránsito a la edad adulta visto a través de dos hermanas.
«La exaltación que ahora me inunda me permite olvidar que vivimos en un mundo imperfecto lleno de injusticias», agradeció Carré-Pons, quien quiso hacer notar que solo dos de las 10 finalistas estaban escritas por mujeres. «Pediría a los encargados de seleccionar las obras el año que viene que no nos vuelvan a meter un gol», reclamó. Rebassa, en su turno, celebró el reconocimiento subrayando el perfil social e inflamable de su segunda novela. «Se habla de la lucha de clases, de la convivencia entre amos y criados y de cómo el amor se vive de una manera tan peligrosa, temeraria y carnal que es capaz de reducir el mundo a cenizas», detalló el mallorquín, el único autor que ha ganado el Sant Jordi tras obtener el Carles Riba de poesía y el más combativo en su discurso.
«Estamos aquí porque tenemos lengua, esta lengua. Si no, no estaríamos aquí. Sin lengua no hay país, ni libros ni proyectos. Sin el catalán no estamos, y esto nuestros enemigos lo saben desde hace tiempo. Hace falta que nos defendamos; necesitamos una legislación que haga imprescindible el catalán para vivir en Países Catalanes, y eso ni los virreyes ni las marionetas que nos gobiernan lo harán nunca, proclamó antes de apelar al espíritu del 1 de octubre de 2017 y cargar contra los «traidores y mansos».
A su alrededor, con la Sala Oval del MNAC vestida de gala y para subrayar lo excepcional de la ocasión, un palmarés generoso en cambios de papeles, transfiguraciones y personalidades múltiples. Así, el dramaturgo Marc Artigau se alzó con el Mercè Rodoreda de cuentos y narraciones (6.000 euros) con ‘Aquest serà el nostre pou’, su primera colección de relatos; la hasta ahora actriz, traductora y directora teatral Cristina Genebat estrenó el recién instaurado Lo Somni al nuevo talento literario (10.000 euros) con ‘Sorra’, su debut en la novela; y Alejandro Palomas, ganador del Nadal en 2018, regresó a la literatura juvenil para cerrar el círculo de ‘El fill’ y repetir en lo más alto del Joaquim Ruyra (4.000 euros) con ‘Una veritat’. «Yo no escribo libros, escribo planetas, y tienen que ser redondos. El de ‘El fill’ no lo era, faltaba una mirada que he tardado 14 años en encontrar», justificó el autor de ‘Un amor’, quien desplegó durante su discurso una pancarta de ‘No a la guerra’ «en nombre de todos los niños de la tierra».
Antònia Carré-Pons recoge el premio Òmnium a la mejor novela del año / Jordi Cortina
«Esto es una fiesta que nos enorgullece por lo que somos y lo que queremos ser. Es un acto que nos ayuda a neutralizar el bombardeo incesante sobre las noticias negativas sobre la lengua y la cultura catalana», destacó en su discurso oficial la presidenta del Institut d’Estudis Catalans, Teresa Cabré. «Hemos pasado de 300 patriotas escondidos en una librería a miles y miles de personas viendo una gala en ‘prime time'», secundó el presidente de Òmnium Cultural, Xavier Antich, en referencia a la primera Nit de Santa Llúcia de 1951. «En esta batalla por la libertad nos hacen falta más libros y más cultura. No podemos decir que ya está. Al contrario: ahora esto empieza», añadió.
En su renacimiento como gran festejo de la literatura catalana, la Nit de les Lletres Catalanes organizada por Òmnium Cultural y el Institut d’Estudis Catalans fluyó con la agilidad relativa de la mano de Xavier Grasset, Juliana Canet y Elisenda Pineda -demasiados premios, demasiadas microentrevistas-, dejó guiños a Maria Mercè Marçal y Vicent Andrés Estellés, celebró a Pilarín Bayés y Roser Capdevila, entrañables ‘entregadoras’ de la noche, y reivindicó el poder de la lengua y la cultura en tiempos de zozobra. También reinventó ‘Qualsevol nit pot sortir el sol’ de manos de Triquell y, cosas del marco incomparable, intentó encajar un gag sobre las pinturas de Sijena que salió regular.
En el ir y venir de premiados, más nombres: Jaume Coll ganó el Carles Riba de poesía (5.000 euros) con ‘Com les fulles’, poemario que intenta plasmar «la estupefacción del mundo, de ser consciente que una persona es poco más que una hoja»; Víctor Borràs hizo lo propio con el Josep Maria Folch i Torres de literatura infantil (4.000 euros) con ‘Animals que cauen del cel’, la historia de una niña de 9 años que aprende a relacionarse a través de la creatividad; y el también mallorquín Josep R. Cerdà descorchó la primera edición del Àngel Guimerà de literatura dramàtica (15.000 euros) con ‘La segona línia’, texto que viene a cerrar el círculo de Rebassa dando voz desde el género negro, casi de terror, a los «perdedores y excluidos del sistema turístico mallorquín». «La literatura de género es profundamente política», defendió el dramaturgo.
También de estreno, Berta Cusó, inauguró el casillero propio de los historietistas con el primer premio Vinyeta FICOMIC (2.000 euros) con ‘La conca dels àngels’, dedicado «a todas las mujeres que sufren las guerras en todo el mundo». Poco misterio con los dos galardones ya anunciados -el historiador Paul Freedman recogió el J. B. Cendrós y Clàudia Rius, Juliana Canet y Marina Porras se repartieron el Muriel Casals de comunicación por sus programas ‘La contracoberta’ y ‘Club Tàndem’, respectivamente- y ovación para el discurso anti-casi-todo de Ramon Monton, a quien el brete de traducir la monumental ‘Josep i els seus germans’, de Thomas Mann le valió el premio Montserrat Franquesa de Traducción (4.000 euros). «Creo que ha quedado bastante bien», relativizó. Difícil resumirlo mejor.











