Alberto Núñez Feijóo cierra este viernes en Valladolid junto a Alfonso Fernández Mañueco la campaña electoral del Partido Popular (PP) en Castilla y León, donde Mañueco aspira a seguir gobernando después de las elecciones autonómicas del domingo. Antes, a mediodía, estará en Ponferrada (León) en un acto sin Mañueco junto a la cabeza de lista en la provincia, María José Álvarez, el alcalde de la localidad, Marco Morala, y la portavoz del PP en el Congreso de los Diputados, Ester Muñoz, diputada por León, su provincia natal.
El presidente del PP cierra así una campaña en la que, sobre todo en su recta final, se ha implicado a fondo, protagonizando una ‘caravana’ paralela a la del candidato (algo perfectamente pactado y medido entre Génova y el PP de Castilla y León) y donde además de mítines de tamaño medio ha protagonizado actos muy a pie de calle, en pequeños recintos. El propio Mañueco presumió este jueves, en el penúltimo día de campaña, de que su jefe de filas había visitado las nueve provincias de la región más extensa de España. De alguna forma, se trata de emular a Santiago Abascal, el líder de Vox, célebre ya por ser el líder nacional que más pisa el terreno en las campañas electorales, como hizo también en febrero en Aragón y en diciembre en Extremadura. En realidad, como ha hecho siempre, incluso en los años en que tras fundar Vox después de abandonar el PP en 2013 el partido se presentaba una y otra vez a elecciones sin lograr representación.
Recientemente, un importante barón del PP exaltaba así la estrategia seguida por Abascal: «Él hace una cosa muy importante, que en las grandes ciudades no apreciamos, porque de alguna manera estamos mal acostumbrados a ver a gente importante, incluso por la calle. Pero en los sitios más pequeños ver a un líder político nacional en persona, y no en la tele, tiene un impacto enorme. Claro, él se lo puede permitir, porque no tiene más agenda que atender». Es cierto que Abascal incluso se permite faltar ya en las precampañas a plenos parlamentarios en el Congreso si, por ejemplo, no le toca pregunta a Pedro Sánchez en la sesión de control. Todo por aprovechar hasta el límite su presencia en las provincias en campaña, donde además atiende a diario a los medios de comunicación.
Tordesillas, el Burgo de Osma, Riaza…
Así, al modo de Abascal, los ciudadanos de Tordesillas (Valladolid), el Burgo de Osma (Soria) o Riaza (Segovia), han podido ver de cerca esta última semana de campaña electoral autonómica al presidente del PP. Aunque Feijóo no ha descuidado tampoco el resto de su agenda, y por ejemplo el miércoles no faltó a la cita anual en memoria de las víctimas del 11-M en el Parque de El Retiro de la capital de España, el mismo día que asistió en la Plaza de la Villa a la capilla ardiente del periodista y escritor Raúl del Pozo, fallecido esta semana.
El desembarco de Feijóo en campaña venía precedido de la toma del timón por parte de Génova en las negociaciones abiertas en Extremadura y Aragón para lograr investir de nuevo, tres años después, a María Guardiola y a Jorge Azcón como presidentes de esas dos comunidades. Algo bastante incierto a estas alturas, sobre todo en el caso de Guardiola, que ya ha sufrido el revés de fracasar en su primer debate de investidura por el No de Vox.
El escenario de la dependencia de la extrema derecha no parece que vaya a ser muy distinto, según el consenso demoscópico, después del domingo. El lunes, como es habitual, el líder de los populares presidirá la Junta Directiva Nacional del PP, el órgano del partido que reúne a todos los barones y líderes autonómicos. Allí, en su discurso en abierto antes de la reunión a puerta cerrada, dejará pistas de por dónde pretende, esta vez, encaminar el siempre complicado diálogo con Vox. Pero ahora aún tiene unas horas en Ponferrada y Valladolid para que los ciudadanos de a pie le vean, como sin duda han visto en las últimas semanas, igual de cerca, a Abascal.
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