Según una nueva encuesta, la mayoría de los potenciales votantes estadounidenses cree que Donald Trump lanzó la guerra contra Irán, al menos en parte, para desviar la atención del escándalo de su amigo, el pedófilo y extinto financiero, Jeffrey Epstein, que está empañando su presidencia y ha creado suspicacias entre sus seguidores del movimiento MAGA (Hagamos América Grande Otra Vez, en inglés).
La encuesta revela que una sólida mayoría de 52 a 40 votantes coincide con esta afirmación, mientras que el 8% restante está indeciso sobre sus motivaciones. Estos resultados son coherentes con la popularidad que ha adquirido, no sin humor, el nuevo nombre en clave de la operación bélica. En la calle, la llamada ‘Operación Furia Épica’ es transformada en ‘Operación Furia Epstein’.
La creencia de que Trump intenta eliminar a Epstein de las portadas de los periódicos declarando la guerra contra Irán es sostenida con mayor firmeza, como era de esperar, por los votantes demócratas, quienes coinciden con la declaración por un margen de 81 a 14. Para los menores de 45 años, se acerca a un principio de fe, con una mayoría de 66 a 26 que coincide con la idea. Pero incluso una cuarta parte de los republicanos declaró a las encuestadoras que Trump lanzó la guerra para distraer la atención de Epstein.
El antiguo analista de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) Ray McGovern dramatiza lo que pudo ser una de las numerosas visitas que hizo Netanyahu a Trump en los últimos meses. «El FBI puede bloquear muchas de estas cosas, pero lo protegeremos, señor».
En el imaginario popular Netanyahu no tiene reparos ciertamente en llevar su propio pequeño portafolio de fotos y videos a Mar-a-Lago diciendo: «Oh, solo quiero recordar…». El FBI puede bloquear gran parte de esto, pero lo protegeré señor Presidente… a menos que no coopere». McGovern señala: «Ese es un enfoque propio de la mafia, ¿y Trump estaría por encima de eso? No lo creo».
La ‘banda de los cuatro’ incluye a Trump, a su yerno Jared Kushner, Steve Witkoff y, claro, Trump. Witkoff es un empresario de la construcción amigo personal de Trump, que actúa como emisario plenipotenciario, tanto para Ucrania como para el Oriente Próximo.
Tanto Kushner como Witkoff son amigos de Netanyahu y sionistas convencidos. Y quienes bajaron sus dedos pulgares el pasado jueves 26 de febrero en Ginebra. Cuando Irán aceptó ante el mediador de Omán, el ministro de Asuntos Exteriores omaní, un pacto para limitar el enriquecimiento de uranio que sería supervisado por el Organismo Internacional de Energía Atómica de la ONU (OIEA) y también por monitores de EEUU.
Como el ataque para asesinar al líder supremo Alí Jameneí, el sábado 28 de febrero, en una reunión prevista en Teherán -una información que Netanyahu transmitió a Trump y la CIA confirmó-Kushner y Witkoff – tahúres- informaron a Trump de que las negociaciones habían fracasado. Pero el ministro omaní, testigo de cargo, hizo declaraciones.
Sayyid Badr bin Hamad Al Busaidi dijo que se estaba ante un posible acuerdo sin precedentes para superar el tema nuclear. Pero sus afirmaciones no tuvieron gran repercusión en los medios norteamericanos. ¿Qué defendía la ‘banda de los cuatro’? Con el pretexto de asesinar al líder supremo Ali Jameneí – a Trump, un hombre de acción se le hicieron los ojos chiribitas-, lanzar la guerra de decapitación. Aquí te mató. Como en Venezuela. Secuestrar a Maduro y aquí paz y después gloria.
Lo dijo el secretario de Estado, Marco Rubio, en Fox News:
«Tomamos una decisión muy acertada: sabíamos que iba a haber una acción israelí, sabíamos que eso precipitaría un ataque contra las fuerzas estadounidenses y sabíamos que si no actuábamos preventivamente contra ellos antes de que lanzaran esos ataques, sufriríamos un mayor número de bajas».
Es decir: Netanyahu ya estaba lanzado.
La única lógica «racional» o mejor, irracional, es la de Netanyahu. Ya lo esbozó en septiembre de 2023 en la asamblea general de la ONU: la creación del llamado Gran Israel. Es decir: la anexión de Gaza y Cisjordania. El genocidio palestino en Gaza contó con el respaldo primero de Joe Biden y más tarde, ya sin complejos, de Trump.
Pero el Gran Israel – la única nación con armas nucleares de la región- requería desintegrar el último obstáculo: Irán.
Era necesario hacer lo mismo con que se había hecho con Siria, Libia y Yemen. Fue el plan para asesinar a Alí Jameneí lo que convenció a ‘la banda’ y precipitó la guerra. ¿El estrecho de Ormuz por dónde se transporta el 20% del petróleo y gas del mundo? No ‘problem’. Ni siquiera fue considerado un asunto estratégico. ¿Acaso no era más que previsible el bloqueo? Claro.
¿Se iban a cruzar de brazos los generales iraníes y los militares de la Guardia Revolucionaria Islámica? Según Trump, se acabaría con ellos en pocos días.
El pasado miércoles, 11 de marzo, en un contacto telemático con sus colegas del Grupo de los Siete, Trump les tranquilizó:
«Irán está a punto de rendirse, pero nadie sabe quién es el líder. No hay nadie que pueda anunciar la rendición. Me libré de este cáncer que nos amenazaba a todos».
El jueves Mojtaba Jameneí cursó su mensaje: «El estrecho de Ormuz seguirá cerrado. Los países del Golfo deben cerrar las bases americanas, de lo contrario los ataques contra ellas seguirán…»
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