Hay frases que se convierten en consigna porque condensan una época entera. Eso ocurre con «Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo», una cita que suele atribuirse a Slavoj Žižek, aunque también aparece vinculada a Fredric Jameson y ha sido retomada de forma decisiva por Mark Fisher al explicar su idea de «realismo capitalista». Fisher la presenta como una fórmula que resume la sensación de que el capitalismo no solo domina la economía, sino también los límites de lo imaginable.
Esa es la razón por la que la frase ha sobrevivido tanto. No habla solo de política. Habla también de cultura, de lenguaje y de mentalidad. La idea de fondo es incómoda: en muchas sociedades contemporáneas resulta más fácil pensar en colapsos climáticos, guerras, pandemias o desastres tecnológicos que en un modelo económico distinto. Fisher convirtió precisamente esa percepción en el centro de Capitalist Realism, un libro en el que sostiene que el capitalismo se ha presentado a sí mismo como el único sistema viable.
Slavoj Žižek / INFORMACIÓN
Por eso la frase funciona tan bien en lectura rápida. Tiene algo apocalíptico y algo muy reconocible. No necesita grandes explicaciones para entrar. Basta mirar el cine, las series, la literatura o incluso el debate público de los últimos años para ver que abundan las narraciones sobre el derrumbe del mundo, mientras las alternativas económicas profundas suelen aparecer como algo difuso, marginal o directamente imposible. Esa es justamente la atmósfera que Fisher describía con el término «realismo capitalista».
En el caso de Žižek, la frase encaja perfectamente con su estilo: provocador, hiperbólico y construido para sacudir certezas. El filósofo esloveno ha trabajado durante años sobre ideología, capitalismo, crisis y cultura, y en libros como Living in the End Times vuelve sobre esa dificultad para imaginar una salida sistémica. La propia presentación del libro en verso insiste en esa misma idea: si para muchos el fin del capitalismo se vive casi como si fuera el fin del mundo, la cuestión ya no es solo económica, sino también mental y simbólica.

Ilustración del pensador Slavoj Žižek, autor del libro ‘Demasiado tarde para despertar’. / Pablo García
La potencia de la cita está en que no parece haber perdido vigencia. Al contrario. Sigue sonando actual en un tiempo marcado por el agotamiento laboral, la crisis de vivienda, la inflación, la precariedad y la emergencia climática. Se habla mucho de que algo no funciona, pero bastante menos de cómo podría organizarse una alternativa creíble y compartida. Ahí es donde la frase golpea: no describe solo una idea filosófica, sino una impotencia colectiva.
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