Seguramente, el relato corto más famoso de Robert Louis Stevenson sea El doctor Jekyll y Mr. Hide. Pero el autor escocés escribió unos cuantos más que, en absoluto, le fueron a la zaga en cuanto a intensidad y misterio. Uno de ellos es El diablo en la botella, del que el sello Nórdica acaba de sacar una nueva edición con ilustraciones de Emilio Urberuaga.
Cuenta la historia de Keawe, un honrado y joven polinesio que todo lo tiene en su hermosa isla, pero que, deseando ver mundo, correr aventuras, se embarca a San Francisco con el corazón henchido de esperanzas y apenas cincuenta dólares en el bolsillo. Paseando por la ciudad portuaria descubrirá una casa en la que todo parecerá brillar, la fachada, las ventanas, la escalera… Todo, menos la cara asomada a una de ellas, el rostro apagado de un hombre con pinta de infeliz, y que le hace señas para que entre. Una vez en el salón, le mostrará una botella de vidrio con algo vivo, pero extraño, dentro: ¿un evanescente cuerpo, una sombra…? El hombre le explicará que se trata de un espíritu capaz de conceder cualquier cosa a su propietario, con una sola condición: la de desprenderse de esa botella y su ocupante antes de morir, o de lo contrario su dueño ardería en las llamas del infierno. Le vende la botella, con el diablo dentro, a cambio de sus cincuenta dólares, y Keawe se dispone a comprobar si será cierto que su fortuna cambia de golpe merced a una increíble concesión del destino o habrá sido víctima de algún engaño…
Artesano del oficio, Stevenson nunca salía de su casa sin un libro y un cuaderno, para leer y escribir en parques o cafés. Se ejercitaba en la descripción y en el diálogo dramático y fue condensando sus lecturas en un puñado de autores cuyas voces le llegaban desde el auditorio del tiempo: Marco Aurelio, Cicerón, Wordsworth, Burns, Hazzlit, Hardy, Thackeray, Dumas… Sobre todo, su tetraedro mágico: Shakespeare, Molière, Montaigne, Scott. A espaldas de estos cuatro monstruos alzó Stevenson los muros de su castillo. ¿Y autores españoles…? Tan sólo citó a dos hispanos: Séneca y Marcial, con alguna referencia a Cervantes.
Un genio.
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