Pizza Movies
Dirección: Carlo Padial
Guión: Carlo Padial, Desirée de Fez y Carlos de Diego
Intérpretes: Judit Martín, Berto Romero, Bruna Cusí, Miguel Nogueras, Joaquín Reyes, Raúl Arévalo, Tamar Novas
No las tenía conmigo con ‘Pizza movies’: de Carlo Padial lo último que recuerdo es apagar el televisor al minuto 20 de ‘Algo muy gordo’ (o sea que, más bien, para mí fue ‘Algo muy corto’), una posthumorada irritante y de escasos recursos expresivos (eso o tuve un mal día, que también es posible). Consulto la hemeroteca y veo que Jordi Costa escribió en ‘El País’ a propósito de aquella película: «Quizá hubiese sido más estimulante ver cómo el cineasta [Padial] intentaba integrar su poética (pos)humorística en una comedia de vocación comercial». No sé si el realizador y guionista leyó lo de Costa, quizás sí, porque la verdad es que es exactamente lo que ha terminado haciendo en ‘Pizza Movies’, que demuestra que el crítico tenía toda la razón.
Comienza la cosa desplegándose como un catálogo de excentricidades, una acumulación de bizarradas (un ejemplo: el padre de uno de los protagonistas se cree, en su demencia, autor de todos los cuadros de Dalí y es cuidado por un enfermero acondroplásico con dificultad articulatoria de la ese) que parece que perderán su eficacia cómica por amontonamiento; sin embargo, poco a poco, el relato va desplegando diferentes registros e intenciones, del spoof a cierta ternura, de la chorrada absoluta al retrato de una generación alienada, y el espectador se da cuenta de que la película es, en realidad, una pizza, como las que preparan los personajes, esa pareja que encuentra en la ilusión (aceptando la palabra en toda su polisemia) la evasión de su precariedad vital.
Porque a lo largo del metraje tenemos muchas de esas historias de Hollywood que nos han alimentado, como las de juicios (con alegato automotivador y fiscal ‘malvado’ incluido), las de underdogs enfrentados a un sistema adocenado, las comedias románticas de parejas… Manteniendo su particular idiosincrasia pero acercándose a cierta asequibilidad, Carlo Padial consigue algo muy meritorio: a partir de algo que parece una broma llegar a decirnos, desde la ausencia absoluta de cinismo, cosas importantes sobre quiénes somos y cómo estamos ahora mismo («Yo sigo deprimida, pero mucho más feliz») y ofrecer una salida esperanzada. «Eso, o he tenido un buen día, que también es posible».














