El refrán «Si marzo vuelve el rabo, ni cordero con pellejo ni pastor enfundado» es uno de los más curiosos del calendario popular. La expresión «volver el rabo» se usa para describir esos últimos coletazos de frío, viento o nieve que a veces aparecen cuando el mes ya parecía encaminarse hacia la primavera.
Marzo es un mes de transición entre el invierno y el buen tiempo, y precisamente por eso suele ser imprevisible. Pueden aparecer días templados que invitan a guardar el abrigo… y de repente regresar una ola de frío, viento o incluso heladas tardías.
El refrán lo explica con una imagen muy rural. Ni siquiera los corderos protegidos por su lana ni los pastores bien abrigados se librarían de ese frío repentino si marzo decide «dar la vuelta».
Durante siglos, este tipo de dichos servían como advertencia para el campo. Agricultores y ganaderos sabían que no convenía confiarse demasiado pronto con la llegada de la primavera, porque las últimas semanas de marzo todavía podían traer sorpresas meteorológicas.
Por eso el refrán sigue teniendo sentido hoy: hasta que marzo no termina, el invierno puede volver a aparecer en cualquier momento.
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