Hace 11 días que el sonido de las sirenas interrumpe la vida en Israel. En este punto, ya la acompaña. «En los últimos dos años y medio, este país ha aprendido a vivir entre las alarmas y las bombas«, reconoce el israelí Harry Toledo, con resignación. Él vive en Petach Tikva, «la que, hasta la entrada de Hezbolá en la guerra, recibía más alarmas en todo el país», una ciudad en el centro de Israel, cerca de Tel Aviv. Pese a la constatación, este padre de familia intenta dar a sus tres hijos una vida lo más normal posible. Cuando su hijo pequeño cumplió cinco años hace unos días, intentó junto a su esposa sacarlo de la «rutina de guerra» de los últimos meses. «Invitamos a algunos de sus amigos al parque al lado de casa, pero la fiesta fue interrumpida por las alarmas y estuvimos todos en el refugio», dice. Una sirena interrumpe la conversación con este diario.
«Llevábamos varios días ya sin salir«, rememora, intentando buscar cualquier atisbo de normalidad en esta nueva rutina. «Después de abandonar el refugio en un edificio cercano, le íbamos a partir la torta y, a los dos minutos sin previo aviso, volvieron a sonar las alarmas, y cuando salimos por fin le partimos la torta y nos fuimos a casa», explica Toledo, de origen argentino. La población israelí cuenta con un sistema prácticamente infalible de alarmas y de comunicaciones con su población. Cuando se aproxima un proyectil, alertan a la ciudadanía para que abandone el lugar en el que se encuentre y se proteja en un refugio antiaéreo. «Este es un país que lleva en guerra 70 años y su gente sabe por qué se está luchando y la resiliencia es enorme», afirma Toledo. «Nadie para sus rutinas del día a día, la gente no deja de hacer sus encuentros, de celebrar sus festividades, de irse a tomar su café, de sacar a pasear a su perro o de llevar a los niños al parque para que disfruten del sol», celebra.
Apoyo de los judíos israelíes en el 93%
En comparación con otras, esta es una guerra deseada por la mayoría del pueblo israelí. Muchos consideran que, con el golpe definitivo que darán a Irán, la inestabilidad de la región dejará de afectarles. Durante los primeros días de la guerra, una encuesta del Instituto de la Democracia de Israel (IDI) rebeló que el 93% de los judíos israelíes apoyaba los ataques contra Irán. Entre la comunidad árabe de Israel, con orígenes palestinos, el número se reduce a un 26%, por lo que el apoyo público nacional se sitúa en el 82%. Otro sondeo del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Israel mostró un apoyo público del 81%, y el 63% cree que la guerra debería continuar hasta la caída del régimen iraní. Antes del inicio de la campaña militar conjunta con Estados Unidos, el apoyo era mucho menor, pero los primeros resultados de la ofensiva, con el asesinato del líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jameneí, en la primera jornada de bombardeos ampliaron el soporte a la campaña.
Vecino de Tel Aviv permanecen en un refugio subterráneo para protegerse de un ataque iraní, este martes. / ABIR SULTAN / EFE
«Tras 11 días, todavía vemos un apoyo bastante consensual dentro de la población israelí», constata Mauricio Lapchik, activista y portavoz del líder de la lista Hadash-Ta’al, Ayman Odeh, el único político que se ha pronunciado de forma pública en contra de la guerra. «No solamente la población que apoya a la coalición de gobierno está de acuerdo, sino que también gran parte de los ciudadanos que votaron o que apoyan a la oposición la respaldan», afirma a EL PERIÓDICO. Por el momento, ninguno de los líderes políticos, excepto Odeh, han salido a oponerse a esta guerra. Incluso, desde los medios de comunicación, se jalea de forma bastante generalizada esta campaña contra Irán y se criminaliza a quienes se atreven a posicionarse en contra. El sábado pasado, coincidiendo con la primera semana de la ofensiva, entre 50 y 100 personas se reunieron en Tel Aviv para oponerse a ella. La acción fue reprimida con mucha violencia por parte de la policía.
Lapchik reconoce que es parte de esta «otra guerra» que están viviendo. «Tiene como objetivo establecer una realidad en la cual vivimos en una situación de emergencia permanente para seguir avanzando en la destrucción de lo que queda en el espacio democrático dentro de Israel», añade. Los activistas antiocupación denuncian las acciones en paralelo que se están llevando a cabo en los territorios palestinos ocupados. Además, el país está sufriendo enormemente esta situación. La economía está paralizada, el espacio aéreo, cerrado y los ataques con misiles iraníes se han cobrado la vida de al menos 13 personas, de forma oficial. «El país está casi completamente parado, sobre todo porque no hay ningún tipo de plan en cuanto a la educación de los niños, por lo que los padres se tienen que quedar en casa con ellos, ya que las escuelas todavía no han abierto», dice Lapchik.

Una niña juega a baloncesto en un refugio antiaéreo durante una alerta por lanzamiento de misiles de Irán, en Tel Aviv. / ABIR SULTAN / EFE
«Niños muy traumatizados»
Toledo tiene la suerte de trabajar desde casa, igual que su mujer, y así poder acompañar a sus hijos. «Son unos niños muy traumatizados con las alarmas, que no pueden controlar sus emociones, que se asustan mucho, que viven muy atemorizados siempre esperando qué va a pasar», lamenta este padre de tres hijos de cinco, siete y 16 años. A lo largo de la jornada, la población suele bajar al refugio entre seis u ocho veces, aunque el número de misiles recibidos es menor al de la guerra de 12 días en junio. Además, las autoridades están diciendo al público que se prepare para que continúe durante semanas, posiblemente más tiempo. La situación actual convierte en realidad la súper Esparta a la que aspiraba el primer ministro Binyamín Netanyahu el pasado otoño. «En esta nueva visión, un ciudadano no es una persona con derechos, miedos, dudas y opiniones, sino un pequeño engranaje en la maquinaria de la guerra perpetua», denuncia la columnista Yoana Gonen en Haaretz.
La encuesta del IDI muestra que el 64% de los israelíes confía en la gestión de la operación por parte de Netanyahu, y el 74% de los israelíes judíos también, lo que supone un impulso para el mandatario. «En este país, llevamos ya dos años y medio en una sola guerra: no hay descansos ni tiempos muertos, pero no hemos visto el fin de la guerra», añade Toledo. La poca oposición que se atreve a hablar exige objetivos más claros en esta ofensiva contra Irán. «El Gobierno no busca liberar al pueblo iraní del régimen de los ayatolás, sino que quiere seguir haciendo de la realidad del país una realidad de guerra permanente, en la cual hoy es Irán, ayer fue el Líbano, mientras lo seguirá haciendo también en Gaza y en Cisjordania«, subraya Lapchik. Como padre preocupado, Toledo piensa en sus pequeños y en los de los demás. «Millones de niños en toda la región serán los más afectados», concluye.
Suscríbete para seguir leyendo













