El llamado debate sobre la nacionalidad canaria es una fiesta grande dentro de la liturgia parlamentaria, lo que quiere decir, para empezar, que la Camara aumenta sus visitantes y eso parece el Parque Nacional del Teide un fin de semana, una marabunta de móviles, cámaras, grabadoras, micrófonos y ordenadores difundiendo lo mismo en el mismo lenguaje, con las mismas monsergas y los mismos tópicos. Y hay que agradecerlo, porque toda innovación, en la Cámara regional, suele ser peligrosa. Ayer, por ejemplo, la presidenta de la asamblea, Astrid Pérez, subió a la tribuna de periodistas para ser entrevistada ahí, sentada entre ellos, por una cadena de radio. Es difícil imaginar hoy a Francina Armengol o en el pasado a José Bono haciendo lo mismo. La tribuna de prensa no es lugar para hacer entrevistas. En nuestra sede parlamentaria, además, consta de un único pasillo de menos de metro y medio de ancho: se pueden imaginar las apreturas y hasta los sofocos. Vaya usted a saber las razones que llevan a la señora Pérez a tomar esta iniciativa. Probablemente quiere parecer humana, demasiado humana. Por otro lado a casi nadie se le antoja encontrar en esto una rareza y menos aun un despropósito. Tampoco se alteró nadie cuando la diputada Patricia Hernández entró en el salón de plenos y se pudo a beber a morro una cocacola. Cualquier día, en un futuro no muy lejano, organizarán un asadero en la tribuna de invitados o celebrarán entrevistas subidos a las arañas del techo. Tiempo al tiempo.
Precisamente el antecesor y sucesor de la señora Hernández en la alcaldía de Santa Cruz de Tenerife, José Bermúdez, fue el primero en llegar ayer. Si el Teide entra en erupción en la plaza de España, mejor estar en el escaño. A los pocos minutos llegaron la mayoría de sus señorías, que procedían de los despachos de los grupos parlamentarios. Como ocurre en las grandes festividades los diputados y diputadas practicaron la danza ritual de los abrazos y saludos afectuosos, con estampas inhabituales en otras ocasiones: Nira Fierro y Rebeca Paniagua tomándose de las manos fraternalmente, José Alberto Díaz Estébanez palicando civilizadamente con Elena Máñez y viceversa, y hasta Soledad Monzón quitándole con cariño maternal un par de pelusas al traje de Miguel Ángel Pérez del Pino, que no parecía-y se comprende – especialmente cómodo. Sebastián Franquis se sentó rápido en su escaño y puso de inmediato la cara de chino en la puerta de la tienda que sabe que tampoco hoy venderá ese maldito gato que mueve la patita de arriba abajo. Luis Campos, excepcionalmente, llevaba corbata y rostro contrariado. Don Casimiro Curbelo estaba desde las ocho en el Parlamento. Los tres mosqueteros de la ultraderecha charlaban animadamente entre ellos, unos, grandes y libres. El herreño Raúl Acosta parecía que había acabado de planchar la camisa hace quince minutos.
Fernando Clavijo optó por no leer un discurso, sino hablarlo. Por supuesto, existía un discurso escrito y un grueso tocho con estadísticas más o menos triunfales del Ejecutivo. Pero Clavijo lo dejó sobre el atril y prefirió la oralidad. Si hubiera hecho tal cosa hace diez años no lo habría superado. Pero aguantó perfectamente el monólogo porque se ha convertido en un orador convincente y, en cambio, sigue leyendo sin saber introducir un matiz o una inflexión de voz. Como Clavijo además habla más bien bajito hubo algunos momentos en que pareció que entonaba un bolero dirigido, sobre todo, a Sebastián Franquis. ¿De qué le sirve a Clavijo y Coalición la melodía del decreto Canarias si no la escucha el PSOE en Canarias y en Madrid? “No hay bella melodía/en que no surjas tú/ni yo quiero escucharla/si no la escuchas tú”. El presidente no abandona el mensaje del diálogo, el acuerdo y la unidad por y para Canarias, es decir, el celebérrimo modo canario, la confianza en el consenso y la empatía del buen rollito. Ya se sabe: pueden distanciarnos muchas cosas, pero en esto debemos estar juntos. O como decía Luis Miguel “Más allá de tus labios/ del sol y las estrellas/contigo en la distancia/ amada mía, estoy”. Aunque el chino parecía inaccesible Clavijo insistía. Incluso llegó a mencionar dos veces elogiosamente a Ángel Víctor Torres pero son muy fríos los corazones socialistas. De hecho el presidente comenzó su intervención declarando un No a la guerra que produjo el aplauso de CC y el PP, pero que no regocijó al PSOE, que se quedó del mismo lado. Nira Fierro llevaba una chapa con el mismo lema sobre la blusa – la señora Fierro debe tener en casa una ferretería con todas las chapas que ha lucido en los plenos los últimos años – y el silencio socialista, precisamente, consistía en eso: esa chapa, el No a la guerra, es suya, y nadie se la va a quitar. Sistema de financiación, deuda, marco financiero plurianual en la UE y decreto canario, recogiendo sustancialmente la agenda negociada entre CC y el PSOE en 2023; los cuatro ejes prioritarios de la oferta de diálogo y negociación de Clavijo a la oposición parlamentaria.
Franquis pareció que quería tender la mano, pero acercando solo dos dedos. Tres en sus momentos más generosos. Para no parecer un blando, eso sí, empezó su discurso con una dureza entre despectiva y encochinada, sobre todo a la hora de entenderlo. Juro que a veces pareció al cronista que el portavoz socialista estaba a punto de sufrir un ataque cardiaco. No hay ninguna necesidad. El Gobierno autonómico es un mal gestor, beneficia únicamente a los ricos, tiene mala entraña, cae en el populismo, no sabe ejercer sus competencias, hace ruido, mucho ruido, y busca bronca. Pero estamos dispuestos a hablar con semejantes sujetos. Franquis sigue sin entender lo que es un Gobierno. “Ya sabemos lo que opina usted”, espetó ayer a Clavijo. “pero yo quiero saber lo que opina el PP”. El Gobierno es un órgano colegiado. Lo que expresa públicamente el jefe del Gobierno es la posición del Gobierno como tal. No es tan difícil de entender.
Por desgracia la intervención Nueva Canarias fue absolutamente prescindible. Luis Campos pareció, de nuevo, el diputado 26 del PSOE. La tercera fuerza en la oposición, Vox, se refociló en sus detritus habituales, mitad mantras ultraderechistas, mitad fragmentos de pensamiento mágico. Ejemplo de sandez boxística: los profetas del cambio climático nos abruman con altas temperaturas y sequías que destruirán los ecosistemas pero, ¿ha visto como ha llovido estos días? Un señor como Nicasio Galván profiere estas bobadas sin avergonzarse. Como están subidos a la parra demoscópica los de Vox ya exigen chulescamente a Clavijo que pida perdón, a la Cámara que los respeten, a los socialistas que desaparezcan. Y queda todavía más de un año de legislatura.
Suscríbete para seguir leyendo












