Contigo en la distancia

El llamado debate sobre la nacionalidad canaria es una fiesta grande dentro de la liturgia parlamentaria, lo que quiere decir, para empezar, que la Camara aumenta sus visitantes y eso parece el Parque Nacional del Teide un fin de semana, una marabunta de móviles, cámaras, grabadoras, micrófonos y ordenadores difundiendo lo mismo en el mismo lenguaje, con las mismas monsergas y los mismos tópicos. Y hay que agradecerlo, porque toda innovación, en la Cámara regional, suele ser peligrosa. Ayer, por ejemplo, la presidenta de la asamblea, Astrid Pérez, subió a la tribuna de periodistas para ser entrevistada ahí, sentada entre ellos, por una cadena de radio. Es difícil imaginar hoy a Francina Armengol o en el pasado a José Bono haciendo lo mismo. La tribuna de prensa no es lugar para hacer entrevistas. En nuestra sede parlamentaria, además, consta de un único pasillo de menos de metro y medio de ancho: se pueden imaginar las apreturas y hasta los sofocos. Vaya usted a saber las razones que llevan a la señora Pérez a tomar esta iniciativa. Probablemente quiere parecer humana, demasiado humana. Por otro lado a casi nadie se le antoja encontrar en esto una rareza y menos aun un despropósito. Tampoco se alteró nadie cuando la diputada Patricia Hernández entró en el salón de plenos y se pudo a beber a morro una cocacola. Cualquier día, en un futuro no muy lejano, organizarán un asadero en la tribuna de invitados o celebrarán entrevistas subidos a las arañas del techo. Tiempo al tiempo.

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