Jamás pensó el Atlético de Madrid que su noche iba a ser tan insultantemente plácida. Sí, sabía que este Tottenham cenagal hace meses que no hace honor a su nombre, que se demacra en el fondo de la Premier, a un solo punto del descenso tras 11 jornadas si ganar y que su dramático parte de bajas ahoga sus agónicos intentos de emersión. Pero una cosa es todo eso y otra lo que ocurrió en el Metropolitano. El 5-2 final que los de Simeone defenderán en Londres dentro de ocho días no cuenta ni la mitad de la historia.
A los 15 minutos, el Atlético ya ganaba 3-0 casi sin necesidad de habérselo propuesto. El Tottenham se presentó con un cartel de «pase sin llamar» tatuado en la frente de sus futbolistas. Un drama transustanciado en tres resbalones consecutivos, una mayúscula improbabilidad que solo puede perpetrar un equipo hecho jirones.
Cambio de portero en 17 minutos
Kinsky, portero que debutaba en la Champions, se resbaló a los seis minutos y Llorente abrió el marcado. En el 14 lo hizo Van de Ven y Griezmann remató a puerta sin pensárselo ni medio segundo. Y en el 15, en la propia jugada del saque de centro, Kinsky repitió calamidad para permitir que Julián Álvarez aliviara sus ansias goleadoras sin romper a sudar. Lo nunca visto.
La reacción de Igor Tudor, el técnico del Tottenham, fue inaudita. Cuti Romero fue a decirle algo a la banda y de inmediato optó por sacrificar al joven portero que debutaba en este miércoles en la Champions, una decisión que motivó la empatía del Metropolitano en forma de aplausos. La bienvenida que recibió Vicario fue un cabezazo de Danso hacia su portería que el hombre salvó como pudo. Al segundo remate de Le Normand ya no pudo llegar.
El guardameta checo del Tottenham, Antonin Kinsky, consolado por su compañero, el centrocampista argentino Cristian Romero, al ser sustituido en el minuto 17 de la primera parte. / Kiko Huesca / EFE
Corría el minuto 22 y el resultado era un escandaloso 4-0 sin que el Atlético tuviera la sensación de estar haciendo un partidazo. Sencillamente, aprovechó todos los generosos regalos de su calamitoso rival para dejar la eliminatoria sentenciada en medio tiempo. Porque, no, este Tottenham no tiene ninguna pinta de hacer sufrir a los de Simeone como hizo el Barça en el Camp Nou en la Copa.
Doblete de Julián Álvarez
Pedro Porro recortó distancias poco después, pero fue un mero espasmo, fruto en parte de la comprensible relajación que genera un resultado tan abultado, mientras el árbitro perdonaba dos potenciales rojas al Tottenham. El escenario invitaba a la misericordia, a decir verdad.

Julián Álvarez. / AFP7 vía Europa Press
Daba igual, nada iba a arruinar la noche del Atlético ni el fútbol iba a dar respiro a los londinenses. Lo ejemplificó el quinto gol, que nació en un paradón espectacular de Oblak y acabó con un contragolpe letal de Julián Álvarez, impulsado por una genialidad de Griezmann de esas que podría hacer hasta con 50 años.
El 5-2 definitivo, marcado por Solake después de un error entre Oblak y Nico González en una salida de balón, matizó ligeramente el desastre ‘spur’, pero difícilmente alterará el destino de la eliminatoria. Aunque Simeone lo negará, y bien que hará, ya empezará a mirar por el rabillo del ojo al Barça y al Newcastle, la dupla de la que saldría su rival en cuartos de final. Lo contrario sería una catástrofe que solo parece propia de este lastimoso Tottenham, que terminó el partido con Romero y Palhinha dándose un durísimo cabezazo fortuito entre ellos. Si lo llegan a saber, ni se levantan de la cama.
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