Carlos Alcaraz firmó esta madrugada en Indian Wells una victoria de superviviente ante Arthur Rinderknech que dice tanto de su tenis como de su momento anímico. «Estoy cansado de sentir que juego contra Federer en cada ronda», bromeó tras el partido sobre el nivel de su rival.
El murciano, que ya había sido advertido del peligro del francés, necesitó remontar un partido que se le puso cuesta arriba desde el primer set, pero terminó imponiendo su jerarquía en la pista más lenta del circuito.
El duelo llegaba marcado por el contexto de ambos. Alcaraz aterrizaba en el desierto californiano con una racha de 13 victorias consecutivas en este 2026 y un pleno de triunfos en el arranque de temporada, después de arrasar a Grigor Dimitrov en su estreno.
Rinderknech, por su parte, se había plantado en esta ronda sin disputar un solo punto en la anterior, beneficiado por la retirada por lesión de Juan Manuel Cerúndolo, y con el recuerdo reciente de la batalla de Doha, donde ya había exigido al máximo al número uno del mundo.
La puesta en escena confirmó que el aviso no era gratuito. Las condiciones de Indian Wells, con pista dura muy lenta y bote alto, invitaban a pensar en un dominio de los intercambios por parte de Alcaraz, pero fue el francés quien golpeó primero, amparado en un servicio afilado y en un derechazo que encontró premio constante cuando consiguió jugar con la iniciativa.
Un golpe de derecha ganador de Rinderknech para cerrar el primer set, convertido ya en clip viral, simbolizó un arranque en el que el favorito se vio desbordado y sin el control habitual desde el resto.
El segundo parcial arrancó incluso peor para el español, que llegó a verse un break abajo, obligado a convivir con la sensación de que el partido se le escapaba en detalles.
Ahí emergió esa versión competitiva que ha sostenido su escalada en el circuito: ajustes en la posición de resto, más altura en las bolas de transición y un paso adelante en la pista para castigar la segunda de Rinderknech.
Desde ese giro táctico, el saque del francés dejó de ser un refugio y Alcaraz empezó a encadenar restos profundos que cambiaron la inercia del encuentro.
Rescatado del precipicio, el murciano hizo suyo el tramo decisivo, apoyado también en la energía de un estadio volcado con él.
Con Rinderknech obligado a jugar siempre un golpe más, las dudas se apoderaron del francés, mientras el número uno imponía su peso de bola y su capacidad para abrir ángulos en un escenario que conoce como pocos, campeón ya en 2023 y 2024 y con una estadística casi perfecta en las pistas rápidas al aire libre.

Carlos Alcaraz, aclamado por los aficionados en Indian Wells
EFE
La sensación final fue la de un guion que cambiaba de manos: de la posible sorpresa a la confirmación de jerarquía.
Alcaraz, que tras el partido admitió que «sabía que iba a ser difícil con las condiciones» y que el viento complicó aún más el arranque, volvió a apoyarse en esa mezcla de madurez táctica y resiliencia que se ha convertido en su sello en este inicio de curso.
Rinderknech se marcha con la certeza de haber vuelto a incomodar al mejor jugador del mundo; Alcaraz, con un triunfo que alimenta su racha, refuerza su dominio en el cara a cara y le recuerda que, incluso en su ‘jardín’ de Indian Wells, nada llega sin sufrir.















