Un análisis manejado por el ministerio de Defensa predijo la situación actual de guerra en Irán y analizó sus consecuencias para la seguridad global. El informe considera, además, dos escenarios inquietantes: campañas terroristas y una inclinación estratégica definitiva del régimen iraní por el arma nuclear.
Se trata de un trabajo clave publicado por Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN) hace un año, y cuya lectura se le ha vuelto necesaria hoy a los altos funcionarios del Estado con labores afectadas por la guerra.
El autor es el ingeniero industrial, experto en el mercado energético -ligado al Instituto de Diversificación y Ahorro Energético (IDAE)- y analista del terrorismo y la defensa David Poza Cano. De su estudio no se extrae ninguna previsión positiva para después de la guerra.
Las bazas de Irán
“Todo el pensamiento estratégico de Irán gira alrededor del objetivo principal de garantizar la supervivencia del régimen y su propia estabilidad”, asevera como punto de partida el autor en “El pensamiento estratégico de la República Islámica de Irán”, estudio que fue actualizado el 13 de enero de 2025 para su publicación por el CESEDEN.
De la lectura de este trabajo se extrae una descripción vertebral de la estrategia que hasta el momento estaba utilizando el régimen de Irán para tratar de disuadir a sus adversarios en Oriente Medio: una doctrina militar implementada “de manera reactiva y oportunista”. Dado que Teherán no podrá ganar una guerra abierta contra sus enemigos por el apoyo decidido de Estados Unidos, hasta ahora había estado optando por la guerra asimétrica y por delegación, apoyando milicias chiís en puntos clave próximos a Israel, Arabia y los emiratos del Golfo Pérsico..
El informe publicado por el CESEDEN describe cuatro patas de la estrategia de defensa de Irán. La primera, “una red de grupos asociados”, el “eje de Resistencia”, o sea, el conjunto de milicias, grupos terroristas y aliados que financia y apoya Teherán, como los hutís de Yemen, Hizbolá en el Líbano y Hamás en Gaza. La segunda es “un programa de fabricación de misiles balísticos y aviones no tripulados que le proporciona un medio rápido de respuesta”.
Si bien la primera y la segunda bazas están aún vigentes, han quedado muy tocadas por los actuales ataques aéreos continuados de Estados Unidos e Israel, la ofensiva israelí en el Líbano y los asesinatos selectivos de dirigentes de esos grupos.
Eso deja más espacio de consideración a la tercera pata estratégica, “un programa nuclear”, y la cuarta: “Una red exterior internacional que, mediante sicarios o grupos terroristas, puede llevar a cabo atentados contra adversarios u opositores al régimen en cualquier parte del mundo”.
Repensar la estrategia
De la lectura de este estudio con perspectiva militar se extrae la recomendación, en enero de hace un año, de no incurrir en una guerra abierta en la región que llevara (como está llevando) a la cúpula del régimen a cambiar su vieja estrategia por una nueva imprevisible, pero seguramente asimétrica y nuclear.
“El uso y apoyo de Irán a los grupos del Eje de Resistencia, cuyo fin era pretender minimizar el riesgo de verse arrastrada a un conflicto militar directo, han conducido finalmente a un enfrentamiento militar directo con Israel: todo lo que planearon que sucediera no ha sucedido; todo lo que no querían que sucediera está sucediendo”, asevera el análisis.
Los ataques de Estados Unidos e Israel han cogido a la cúpula de la dictadura islamista repensando su estrategia, después de la intercepción casi total de los misiles lanzados por Teheránsobre Israel en la primera fase de la guerra, con la “cúpula de hierro”, y el éxito de los raids aéreos israelís de respuesta.
El informe sostiene que la guerra ha cogido a Irán en malas condiciones: “Su economía está en dificultades más graves, sus líderes están más envejecidos y su estrategia de disuasión de defensa avanzada está en gran medida inutilizada por los ataques de israel contra Hamás y Hizbolá y las instalaciones de producción de misiles del país”.
Vaticinio
En esta situación, apuesta: “A pesar de la innegable superioridad militar de EEUU o Israel, la experiencia histórica indica que es poco probable que solo las acciones militares puedan tener éxito para erradicar a las organizaciones y regímenes que pertenecen al Eje de Resistencia”.
Este analista del CESEDEN sostenía hace un año que “seguramente la estrategia israelí de guerra total siga produciendo victorias tácticas a corto plazo que degraden las capacidades de los grupos y milicias asociadas a Irán, obligándoles a una especie de modo de supervivencia por un tiempo”.
Pero eso no necesariamente traerá la paz. De hecho, “sin una solución política integral que tenga en cuenta el arraigo social de estos grupos, es probable que el Eje de Resistencia recurra de nuevo a sus bases sociales locales de influencia, que (…) le permitan reconfigurarse de nuevo.
El análisis, dirigido a una audiencia formada por militares españoles, barajaba, antes de la actual campaña de ataques aéreos, el programa nuclear iraní como “el único elemento actual de la estrategia de seguridad iraní sobre el que el régimen puede actuar con probabilidades de éxito para alcanzar un elemento disuasorio definitivo contra futuras agresiones israelíes o estadounidenses”.
El analista ya hacía la apuesta por el peor escenario: “Parece que la decisión ya está tomada y la apuesta del régimen iraní es la de adquirir la capacidad de producir la bomba nuclear lo antes posible”, aunque esa decisión pudiera acelerar los ataques contra Teherán, como así ha ocurrido. Ahora, en el futuro, un cambio de doctrina iraní de defensa podría llevar a “explorar la posibilidad de realizar una prueba nuclear que pudiera servir como la ‘póliza de seguro’ definitiva contra Israel y los EE.UU”.
Por entonces estaba el ayatolá Jamenei vivo. Ahora es su hijo el elegido para regir el país. Con esa designación, se reduce mucho la posibilidad de un último escenario que valora Poza: “Un cambio radical de la actitud de las élites gobernantes de irán, hacia una actitud menos confrontativa”. Esa opción fracasó en la mesa de negociaciones que precedió a la guerra.
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