Una explosiva erupción ‘fría’ en el antiguo edificio de las Cañadas del Teide hace 312.000 años logró lo impensable: conservar plantas en posición de vida y con todas sus estructuras morfológicas y celulares intactas. El hallazgo de los moldes de tallos de cardón del género ‘Euphorbia’ – antepasado de los actuales cardones canarios–, muestra que aquella erupción no fue como el resto. Los pequeñospiroclastos que escupió el volcán Cañadas tuvieron algún tipo de interacción con el agua (por un lago en el interior del cráter o la lluvia), refrescando las altas temperaturas de las cenizas que volaban hacia el sur de Tenerife y convirtiéndolas en un insólito elemento para la preservación de la flora paleolítica endémica de Canarias.
«Este proceso de fosilización es una rareza en el mundo», destaca Carolina Castillo, paleontóloga de la Universidad de La Laguna (ULL), una de los nueve firmantes del artículo científico que da cuenta de este hallazgo publicado en la revista ‘Review of Palaeobotany and Palynology’. La singularidad de este descubrimiento realizado en Güímar, en el sur de Tenerife, no solo tiene que ver con la forma en la que se ha conseguido preservar el patrimonio natural, sino también de su protagonista: el cardón canario.
Es una planta suculenta resistente a la sequía, por lo que « los tallos se han vuelto más carnosos debido al desarrollo de tejido de almacenamiento de agua», tal y como revela Castillo. Una de las características más reseñables de este hallazgo es que los cardones se han encontrado «en posición de vida», es decir, erguidos.
Atrapado en las cenizas
El grupo de científicas se muestra entusiasmado con este hallazgo. «Nunca se había encontrado nada parecido en Canarias y mucho menos con el detalle que tiene», insiste la investigadora. No en vano, algunos restos fósiles, se encuentran depositados en las dependencias del Área de Paleontología de la ULL, están preservados habiendo conservado tanto las células vegetales (estomas) como las flores de aquel espécimen que quedó atrapado en el tiempo por cenizas del volcán Cañadas.
«Esto es muy raro, no es habitual que se fosilicen las flores», revela la bióloga María del Cristo Velasco Flores, investigadora predoctoral de la ULL y primera firmante de este artículo, que concluye que esta floración da pistas de la época del año en la que se pudo dar la fosilización. Ahora, este inusitado protagonista ha abierto una de las ventanas al pasado vegetal prehistórico de las islas y, en concreto, de Tenerife.
«Cuando la ceniza cae en entornos volcánicos, lo más común es que la vegetación más dura se conserve, pero que haya pasado con una suculenta es algo extraordinario», resume Velasco. Sus palabras las ratifica la vulcanóloga de la ULL, Candelaria Martín Luis, que afirma que «cuando han sido arrastrados por un flujo piroclásticos suelen estar en posiciones caóticas o desmembrados». De hecho, en el mundo solo existen unos pocos casos que se pueden contar con los dedos de una mano. «Hay un fósil similar en Texas, en Estados Unidos», revela Velasco quién, sin embargo, traza distancia entre este y aquel hallazgo. «No es de un periodo geológico tan reciente y tampoco se produjo igual, el de Texas se produjo por un proceso de sedimentación, no por uno volcánico», explica.
Interacción con el agua
En este caso, las científicas consideran que esta erupción pliniana –que se suele relacionar con el proceso de formación del estratovolcán Teide– pudo tener la interacción con una «antigua caldera» o lago que se cree que había dentro del propio cráter. «Esto pudo haber hecho que la ceniza estuviese más fría y húmeda», añade Martín , que también participó en este trabajo. Las científicas no descartan tampoco que esa bajada de temperaturas pudiera deberse a lluvias intensas. Esta singularidad logró que esta erupción fuera menos destructiva, permitiendo conservar tallos de ejemplares decardón de pie, tal y como se encontraba hace 312.000 años.
«Es una fotografía fija de aquel momento», sentencia Velasco, que afirma que la zona en la que encontraron el cardonal es mucho más amplia –de hecho , y cuenta con muchas otras huellas de ese pasado. Y es que este hallazgo es solo una parte de su tesis doctoral, en la que está tratando de reconstruir cómo era la flora del sur de la isla durante el pleistoceno para poder entender sus cambios y cómo conservarla en el futuro.
«Sabemos que esa zona es muy diferente a como era antaño», narra Velasco. Tras realizar diversos estudios en la zona, el grupo de investigación ha concluido que algunas comunidades vegetales en el sur de la isla en aquel entonces no estaban localizadas a una altitud idéntica a la actual. De esta manera, a los 300 metros en los que se ha encontrado este yacimiento, antes había un cardonal con elementos de bosque termófilo, mientras que ahora, la vegetación potencial se corresponde con un tabaibal dulce.
Una mezcla de ecosistemas
«Ahora este tipo de ecosistema se encuentra a unos 500 metros por encima del nivel del mar», explica la investigadora. Además, en aquel momento, a una altitud menor, esta comunidad entraba en contacto con otra: el bosque termófilo. «Por los restos que allí se encuentran, que son básicamente cardones y flora acompañante, como el jazmín, el lentisco o el marmolán, hemos podido saber que esos cardones compartían espacio con elementos de estos bosques», explica la investigadora. El hallazgo también abre la puerta a entender cómo pueden afectar a la biodiversidad los cambios de hábitat o el cambio climático y otros eventos de presión sobre la fauna y la flora de las islas.
Pese a su alto valor científico, natural y patrimonial, el lugar en el que se encontraron estos raros especímenes podría desaparecer. Al carecer de protección como sitio especial de conservación, este yacimiento de las ‘Banda del Sur’ –que va desde Güímar hasta Guía de Isora – está abocada a sufrir los embates de los proyectos turísticos, energéticos o poblacionales que se deseen realizar en la zona en los próximos años.
De hecho, como destaca Castillo, ya se está planteando la posibilidad de crear un parque eólico en las inmediaciones del lugar donde encontraron los cardones. «Hemos encontrado muchos otros materiales, incluida fauna que habitaba en este lugar», insiste Castillo, que insta a tomar medidas para preservar este paraje natural.
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