Silvia, hija, te has metido en un lío. Te has equivocado de medio a medio: pensabas que esta era la Semana de Oro contra el Integrismo con tanta ansiedad por votar contra el burka y el nicab en parlamentos y ayuntamientos de este país y te lanzaste a predicar contra el monoteísmo. Y eso no. Tú como el chiste: «No creo ni en mi Dios, que es el bueno…». A quién se le ocurre hablar de religión en la noche del cine español que consagró ‘Los domingos’, una película que explica lo que pasa si mandas a tu chavala a un colegio de monjas y la apuntas a todos los retiros espirituales para disfrutar de los fines de semana libres.
Tienen los conventos más peligro que una ‘rave’ en el desierto del Sáhara, que se lo digan a Oliver Laxe, que se fue de vacío en los Goya, con un triste puñado de premios técnicos. No así Silvia Abril (54 años), actriz y humorista, que se llevó como recuerdo de la velada barcelonesa un saco de guantazos a cuenta de una respuesta que dio a una pregunta muy concreta que le hicieron en la alfombra roja. Silvia, hija, a quién se le ocurre. Te has ganado un papel principal en ‘Padre celestial no hay más que uno’, el próximo serial de Santiago Segura, un director que siempre ha contado contigo para sus taquillazos. Vosotras las guapas y simpáticas en la alfombra roja solo estáis para hablar de Palestina o de los trapos que lucís. Si te metes con los católicos acabas crucificada, que lo de poner la otra mejilla se practica solo si es el perfil bueno para las cámaras.
Pero, ¿qué dijo la de Mataró, esposa de Andreu Buenafuente, con quien comparte una hija? ¿Qué pudo decir para que se hable más de ella que de Susan Sarandon, una diosa verdadera con ‘multibrazos’ para envolver a Pedro Sánchez mientras estrangula a Donald Trump (que no se ofendan los hindúes)? No mucho más de lo que grita en ‘Los domingos’ la tía Maite, horrorizada con la vocación de clausura de su sobrina adolescente. Un papel que le dio el Goya a Patricia López Arnaiz y que a lo mejor los abogados cristianos podrían impugnar ante los tribunales por sacrilegio. «Me niego a aceptar que la juventud que sube tenga esa carencia y esa tirada hacia lo cristiano. Iba a decir lo místico, pero es que no es lo místico», declaró Silvia Abril. Y remató: «Me da pena que necesiten creer en algo y se agarren en la fe cristiana. Lo siento por la Iglesia, menudo chiringuito tenéis montado. ¡Se acabó! Vayan saliendo». Como parte del cuerpo de baile de Rodolfo Chikilicuatre en su legendaria actuación en Eurovisión del año 2008 en Belgrado, la cómica bregada en ‘Homo Zapping’ y ‘Polònia’ está acostumbrada al abucheo y al escarnio. Pero igual lo ocurrido tras su comentario en los Goya le ha pillado por sorpresa. Ay Silvia, pecadora de la pradera.
En diferentes grados de paroxismo llevan días zurrando a la cómica gremios variopintos unidos en una cruzada: curas ‘youtubers’, prelados tradicionales, ‘influencers’ cristianos, actores creyentes que promocionan aplicaciones para orar, tertulianas de derechas, activistas del rosario, sindicatos ultras. Se diría que la hereje Silvia Abril se ha hecho tan omnipresente como Dios en los rincones más reaccionarios del metaverso. El inefable obispo Munilla retuiteó las palabras de la presentadora afeándole que «Cristo no compite por premios», tal vez él votó por ‘Maspalomas’ en la porra de su Catedral. Mariló Montero criticó que sus palabras suponen «un desvío de la crítica profesional a una ideología». Un cura de barrio profusamente citado por otros activistas le replicó que para chiringuito el del cine español y los actores de la ceja, que se llevan más subvenciones que la Iglesia, institución que se conforma con lo que los contribuyentes le donan vía declaración de la renta. Qué pillín, se olvida de suculentas aportaciones como exenciones de impuestos, conciertos educativos y otros convenios que multiplican el montante final de la financiación pública del catolicismo. Emulando a la impasible superiora del convento de ‘Los domingos’ (Goya para Nagore Aramburu), la mayoría de los ‘haters’ han prometido a la catalana rezar por ella.
Entre tanto inquisidor ha destacado por su dulzura y sentido común el actor Jaime Lorente, cristiano practicante declarado, quien se desmarcó de la campaña contra su compañera de oficio, pues «no puede pasar que por dar tu opinión la gente te asesine en redes». Por fin uno que ha entendido el mandamiento de amarse los unos a los otros, y hacer el bien incluso a quien te aborrece.













