Éste no es un proyecto cualquiera: hablamos de una película que forma parte de la cultura española y de la transición. ¿Se afronta de forma distinta?
Totalmente. Estamos hablando de una obra maestra y de una película muy importante en la historia del cine español. Pero yo prefiero pensar que nuestra ‘Mi querida señorita’ funciona como un homenaje a la original. Javier Calvo y Javier Ambrossi creían que tenía sentido recuperar esta historia y actualizarla para contar de forma clara la historia de una persona intersexual, algo que en aquel momento, en 1972, no se pudo hacer por la censura y por el contexto de la época.
¿Cómo ha sido la relación con Calvo y Ambrossi?
Ha sido una relación muy buena. Ellos son muy valientes. Tienen muy claro qué tipo de historias quieren contar: historias del colectivo, historias sobre la búsqueda de identidad. Desde el principio sabían cómo debía abordarse esta historia. Además, tienen algo muy importante: donde otros productores podrían ser más conservadores o tener miedo, ellos siempre te empujan a ir más allá.
Han tomado una decisión importante: actualizar la historia y situarla en 1999. ¿Por qué elegir esa época y no la actualidad?
Por un lado, porque nos permitía contar la historia de otra manera. La película original ya está perfectamente contada en el contexto de 1972, así que si queríamos actualizar la mirada sobre la intersexualidad tenía sentido cambiar el marco temporal. Situarla en 1999 hacía que el conflicto fuera mayor, porque entonces la intersexualidad estaba completamente invisibilizada. De hecho, ni siquiera existía todavía la I dentro de las siglas LGTBI. También hay una razón emocional: al situarla en 1999, el personaje viaja de Pamplona a Madrid con 23 años, que es justo la edad que teníamos Alana [Portero, la guionista] y yo en ese momento. De alguna manera compartíamos generación con el personaje. Eso nos permitía contar también algo de nosotros mismos: ella como mujer trans y yo como hombre gay, ambos atravesando procesos de autoconocimiento.
Mantiene el tono de la película original, incluso con toques de comedia, pero a mitad de la historia aparecen nuevos temas: el sida, el nacimiento del colectivo… ¿Era algo que quería desde el inicio?
Sí, totalmente. La película original es muy íntima, con pocos personajes, y en su segunda parte el protagonista sigue siendo bastante solitario. A nosotros nos parecía importante mostrar que un viaje de descubrimiento personal como el de Adela necesita la ayuda de otros. Por eso incorporamos más personajes y convertimos la historia en algo más coral: la familia elegida, los amigos, la gente en la que te apoyas cuando te estás buscando a ti mismo. Cada uno de esos personajes tiene su propio viaje. Con Elisabeth [Martín, la protagonista] hablamos del fracaso y de la vocación; con el personaje de Paco León abordamos el sida; y con otros personajes tratamos temas como la maternidad o la comunidad. Todo eso nos parecía importante para construir esa idea de familia elegida.
Hablando de Elisabeth Martín, sustituir a José Luis López Vázquez, que interpretó al personaje en la película original, no debió de ser fácil.
No, ha sido difícil porque su trabajo es increíble. Pero también teníamos claro que en 2026 no podíamos contar una historia sobre intersexualidad con un hombre disfrazado con peluca. Para nosotros era fundamental que el personaje lo interpretara una actriz intersexual, era una de las claves para actualizar la historia: contarla desde una experiencia real. Igual que hoy entendemos que los personajes trans deben interpretarlos actores o actrices trans, nos parecía lógico que este personaje lo interpretara alguien intersex.














