Hay vidas que merecen ser contadas. Y la de Belén es una de ellas. La adolescente de 17 años está a punto de cerrar una etapa para abrir una nueva en la universidad. Entre el amor, la amistad y los cambios, la película crece en peso social a medida que la joven experimenta la vida. Belén no pretende vencer a su cuerpo. Sí a la mirada incómoda que los demás depositan con insistencia en las ruedas de su silla. Por eso, la directora de ‘Todos los colores‘, Beatriz de Silva, usa el cine como herramienta para cambiar el mundo. Pero lo hace porque tiene un mensaje que hacerle llegar: «La gente que no tiene discapacidad los mira como ellos no se miran a sí mismos».
«¿Por qué nadie está contando que existen otras realidades?», se preguntó hace tiempo De Silva, que creció normalizando la diversidad en un grupo de amigas donde una de ellas iba en silla de ruedas. «A lo mejor lo puedo contar yo», se respondió a mí misma. Ese diálogo interno la ha traído hasta el Festival de Málaga, donde presenta su primer largometraje, ‘Todos los colores’. Una historia cuidada al matiz que se disfrutará en los cines el 12 de junio.
Protagonizado por Mafalda Carbonell, una joven actriz que comparte edad con su personaje, Belén, el filme cuenta con la presencia de Silvia Abril, que interpreta a la madre, o la campeona paralímpica Eva Moral. También forman parte del reparto jóvenes promesas del cine español como Claudia Mora, Amalia Martos, Carlota Jiménez, Iván Luengo, Israel Arpa, Javier Tolosa y Edu Rejón, entre otros.
Belén junto a su grupo de amigas en la película ‘Todos los colores’ / L.O
«Empiezas la película viendo a una chica en silla de ruedas y cuando la terminas se te olvida que hay una silla de ruedas y ves a Belén», explica la directora. Ese primer acercamiento tiene como objetivo un verbo: normalizar. «Quiero que cuando vayas por la calle y veas a una persona con discapacidad, tú ya hayas visto historias de personas con discapacidad y no te quedes simplemente en su silla», añade.
Para conseguir lo que se propone, una de las partes cruciales del proyecto ha sido la documentación. De Silva no quería contar solo su experiencia, la que vivió a través de su amiga cercana, sino construir un relato conjunto con tantos testimonios como fuera posible. Muchos de ellos coincidieron en lo mismo: «La discapacidad puede ser una faena, pero lo difícil es el mundo, que está poco adaptado».
Un amor «de película»
Sin hacer espóiler, al término de la película su directora pretende que el espectador se vea reflejado en el personaje de la madre, Silvia Abril. También, poner en valor ese tipo de discriminación que surge no solo hacia la persona discapacitada sino a su pareja sentimental, cuestionada por el desconocimiento de la sociedad. «Hay que educar la mirada y la empatía», insiste.
La relación entre Panocha y Belén pone de manifiesto las pretensiones de la directora: «Es el tipo de chico y de romance que a mí me habría gustado ver cuando yo tenía esa edad», confiesa. Un amor entendido desde la diversión.
En medio de la incansable búsqueda de referentes y el hambre social de nuevos perfiles protagonistas en el cine, se cuela un rayo de sol, una película que, con mucho mimo, pone sobre la mesa de qué temas es importante hablar.
Por el momento, De Silva empieza a tener sus primeros feedbacks: «No me ha pasado nunca eso de verme en la pantalla». Y así es como la historia de Belén empieza a ser la norma y no la excepción.












