Antonin Dvorák
(Nelabozeyes, Bohemia, 1841-Praga, 1904)
Variaciones sinfónicas (opus 78)
El 2 de diciembre de 1877 fue estrenada esta obra en Praga bajo la dirección de Ludovic Prochazka. Dvorák había compuesto un año antes Variaciones sobre un tema original para piano. En estas Variaciones sinfónicas reutiliza uno de sus temas, el del coro de hombres de Soy un violinista del pueblo. Con ese breve motivo da lugar a veintiocho variaciones muy condensadas. Las tres primeras son únicamente ornamentales, pero a partir de la cuarta las transformaciones se hacen cada vez más considerables y adquieren una caracterización cada vez más marcada: lírica, de danza, narrativas, ensimismadas, épicas y algunas más específicamente técnicas. Hasta la número diecisiete la tonalidad inicial es do mayor. La dieciocho ya está en re mayor; la diecinueve, en si bemol mayor; el grupo que va de la veinte a la veinticuatro, en si bemol menor; la veinticinco, en sol bemol mayor; la veintiséis, de nuevo en re mayor; y la veintisiete, vuelve al do mayor de las variaciones iniciales. Richter las dio a conocer con gran éxito en Londres y Viena, en esta última capital en presencia de Brahms.
Modest Mussorgsky
(Karevo, 1839- San Petersburgo, 1881)
Cantos de la danza y la muerte
Estamos ante un ciclo de cuatro canciones que Mussorgsky compuso en 1870 sobre poemas de Arseny Golenishchev-Kutuzov, un pariente lejano suyo. Las piezas describen la muerte de un niño, la de un joven, la de un alcoholizado y la de un soldado. Compuesta para voz y piano la orquestación no tendría lugar hasta doce años más tarde por Glazunov y Rimsky-Korsakov, aunque la versión que más se escucha es la que realizó en 1962 Shostakovich, un trabajo que darías pie más adelante a su Sinfonía número 14. Shostakovich dijo «le venero» refiriéndose a Mussorgsky, elogiando su honestidad estética y moral, así como su integridad personal. Llegó a más cuando afirmó que «desde hace muchos años, mi obra favorita son los Cantos y danzas de la muerte«, por lo que en el verano de 1962 orquestó la obra y se la envió a la soprano Galina Vishnevskaya. Hoy la escucharemos en la voz del del bajo-barítono croata Marko Mimica, un habitual en los grandes teatros de ópera europeos.
Aram Kachaturian
(Kodjori, cerca de Thiblisi,1903-Moscú,1978)
Concierto para violín, en re mayor
Esta obra fue dedicada a David Oistrach, como tantas obras similares de la época soviética. Fue estrenada por el afamado violinista en Moscú el 16 de noviembre de 1940 con la dirección orquestal de Alexandre Gauk. Después de la Danza del sable es la obra más popular de Kachaturian, tanto en su país como en el extranjero. El primer movimiento tiene dos temas: el primero, rítmico, firme y rudimentario, y un segundo, elegíaco que incluye la cadenza que modificó y enriqueció Oistrach. El Andante central es la parte más inspirada del concierto, con un vals lento que es una especie de «vals triste». El movimiento final es una fiesta desbocada, de copiosos colores, donde brilla el clima pleno de luz que caracteriza a Kachaturian. Hoy lo escucharemos en el violín de la moldava Alexandra Conucova, ganadora del Primer Premio del Concurso Joseph Joachim, de Hannover, y galardonada en el Concurso Tchaikovsky de violín en Moscú.
Aleksandr Borodin
(San Petersburgo,1833-1887)
El príncipe Igor: Danzas polovtsianas
Hace casi un año, el 27 de abril de 2025, escuchamos esta obra a la Orquesta y Coro de RTVE. Hoy acompaña a la Filarmónica Eslovaca el coro Amici Musicae, coro residente del Auditorio de Zaragoza, que ya ha visitado el ADDA en ocasión anterior. La obra de Borodin fue estrenada en San Petersburgo el 27 de febrero de 1879 bajo la dirección de Rimsky-Korsakov, que había intervenido la noche anterior en su orquestación. En el segundo acto de la ópera El príncipe Igor, el kan polovtsiano Kontchak, que ha hecho prisionero al príncipe Igor Sviatoslavich, como signo de hospitalidad le distrae con unas danzas que interpretan esclavas. Las tribus polovtsianas eran un grupo nómada de origen turco. Las Danzas polovtsianas, conocidas por sus energía vibrante y sus ritmos exóticos, se desarrollan en varios episodios: el primero, Danza de las muchachas, gracioso y nostálgico, a la que sigue una Danza de los hombres, salvaje y turbulenta. Continuará con una Danza colectiva y una Danza de los muchachos para concluir con una Danza final, con el tema de la danza de los hombres que se intensifica hasta llegar al límite de las posibilidades físicas. Es una composición que ejemplifica el exotismo musical ruso.
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