La temporada del Dreamland Gran Canaria tiene mucho que ver con el aspecto psicológico. Lo cierto es que los problemas que arrastran los amarillos vienen dados desde la misma confección del proyecto 2025-26, pero más allá de eso hay una vorágine mental a través de la cual se quedaron paralizados. De hecho, por un instante el cuadro dirigido por Jaka Lakovic llegó a adolecer de cierto carácter y amor propio, recibiendo alguna paliza por el camino de la que no fueron capaces de levantarse. Esa mala dinámica, nada frecuente a estas alturas en la Isla en los últimos tres cursos, no es sencilla de driblar, aunque da la sensación de que la cúspide ya se vislumbra.
La Pirámide de Maslow forma parte de una teoría psicológica en la que se habla de la motivación y las necesidades del ser humano. El psicólogo humanista nacido en EEUU, Abraham Maslow, esgrimía que las acciones de las personas florecen de la ambición de lograr un objetivo para cubrir una serie de requisitos, los cuales se pueden ordenar según la importancia que tienen para el bienestar. Y, quizás, el conjunto claretiano esté, ahora mismo, intentando escalarla.
El camino andado
En el primer nivel se establecen las necesidades fisiológicas, las más básicas. Llevado hacia un punto de vista baloncestístico, el Granca ya ha conseguido algo tan crucial como respirar o comer: ser más regular que a principios del curso. Eso se observa mediante la estabilización de los porcentajes, el aumento del caudal ofensivo o el paso adelante de algunas piezas de la plantilla. Tal como pasó contra el Real Madrid ayer, Tobey mejoró su rendimiento, Wong volvió a cargarse el ataque a sus espaldas y Alocén ya se encamina hacia una versión más parecida a la de antes de la lesión. Además, rebotearon bien –solo un rechace menos que los blancos–, movieron mejor la bola y fueron al tiro libre con más acierto que en anteriores citas.
La segunda etapa de esta teoría la ocupa la necesidad de seguridad. Este aspecto lo mantiene el cuadro grancanario gracias a ese puntito de resiliencia mediante el cual ya han dejado claro que, aunque el talento a veces no les dé, no tiran la toalla y se enganchan a los duelos. Ante el equipo de Sergio Scariolo, llegaron a perder hasta por 16 puntos, pero supieron rehacerse para acabar teniendo opciones de ganar a los merengues, algo que les pasó en el encuentro de la Champions contra el Tenerife, donde voltearon 17 tantos.
Asimismo, la tercera parte de la pirámide también la han logrado conquistar en cierta medida, ya que se trata de la que se basa en las necesidades sociales, que tiene que ver con el afecto. Después de partidos en los que la gente pitó, y con razón, tanto a los jugadores como al entrenador, la respuesta del bloque claretiano con mejores actuaciones ha dado una tregua con el graderío. Si el equipo da, la afición responde.
Los últimos pasos
Aun así, todavía quedan dos pasos más por dar antes de terminar lo que sería un punto de equilibrio con el salvar la temporada tras unos meses para olvidar. Ahí se encuentra el cuarto escalón de lo teorizado por Abraham Maslow: la necesidad de autoestima, donde se encuentran el éxito y la confianza. La segunda sí que parecen tenerla, visto cómo jugaron durante parte del tercer y del último periodo contra todo un Real Madrid, al que le ganaron en esos dos parciales (18-16 y 20-24), aunque les falta la de la gratificación de una serie de triunfos que les desahoguen del todo para mirar hacia arriba. Que esa cuestión no está cumplida se ratificó en la derrota ante el Bilbao, donde no supieron finiquitar el choque.
Y por último queda el nivel de la necesidad de autorrealización. Ahí es donde se supone que se termina de desarrollar el máximo potencial de un ser humano, lo que llevado a la pista supondría dar el empujón definitivo para creer en una meta más jugosa que la salvación o que conformarse con jugar los cuartos de final de la BCL. Sin embargo, para eso han incorporado a un Chimezie Metu como el revulsivo total hasta el final. Por tanto, si el nigeriano está bien, el empujón hacia la cima será más fácil.
Evitar urgencias
Lo cierto es que el CB Gran Canaria tiene por delante un tramo final de curso durísimo como visitante y clave en Siete Palmas para evitar caer en una pelea que para nada le conviene, como la de la salvación. Para ello le restan 13 finales que van a ser decisivas para saber con exactitud si aspiran a acercarse a los puestos europeos. Mientras, la Champions supone un salvavidas en el que una buena eliminatoria te cambia la cara de la temporada. A pesar de ello, lo principal es que esta escalada en forma de mejoría no quede en vano y, para ello, los amarillos deben abrazar fuerte el humanismo de Maslow. En juego están sus propios destinos y los de un proyecto sin brillantez.
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