La guerra lanzada contra Irán por Estados Unidos junto a Israel carece de objetivos claros: no se sabe si busca destruir la capacidad nuclear iraní y sus misiles, un cambio de régimen o frenar las actividades de apoyo de los ayatolás a las milicias. Así lo denuncia el senador demócrata Richard Blumenthal tras haber estado esta semana en una reunión informativa secreta a puerta cerrada con el Pentágono. «Tengo más miedo que nunca de que terminemos mandando a soldados al terreno», ha dicho Blumenthal. El líder demócrata del Senado, Chuck Schumer, que también estuvo en el encuentro, dice temer que la operación se convierta en una «mission creep», una deriva que implique una ampliación progresiva y no prevista de los objetivos militares.
Los bombardeos se precipitaron el pasado sábado porque se había detectado que el líder supremo de la teocracia iraní, el ayatolá Alí Jameneí, se iba a reunir con parte del Gobierno, según las informaciones transmitidas a distintos medios por fuentes de la Casa Blanca, el Pentágono y el Ejército israelí. Esta aceleración de los acontecimientos puede explicar en parte de la falta de claridad en los mensajes públicos de la Administración Trump. Unos días aseguran que el objetivo es acabar con el programa nuclear (a pesar de que el presidente ya dijo el pasado junio que lo habían destruido por completo en la guerra de los 12 Días). Otros días, decían que el plan es debilitar al régimen para dar a los iraníes la oportunidad de un alzamiento contra su Gobierno. Una oportunidad histórica para derrocar a los ayatolás, en palabras Donald Trump. Más tarde, han empezado a no descartar enviar «botas sobre el terreno» y una invasión terrestre; una nueva guerra de conquista de Estados Unidos en Oriente Medio, justo lo opuesto a lo que prometió Trump durante la campaña electoral.
Teherán, 6 mar 2026. Humo y fuego tras bombardeos en una zona central de la capital iraní. Nuevos ataques sacudieron Irán y Líbano mientras Israel prometía abrir una nueva fase de la guerra en Oriente Próximo. / ATTA KENARE / AFP
«Está claro que Estados Unidos e Israel han demostrado una superioridad militar impresionante. La cuestión es si pueden –o siquiera si tienen un plan para– traducir esa superioridad en una victoria diplomática», analiza para EL PERIÓDICO Boaz Atzili, profesor de Política Exterior y Seguridad Global de la Universidad Americana de Washington D. C.
El experto desglosa los cuatro escenarios posibles, a su juicio:
Victoria de Estados Unidos e Israel: El régimen iraní se derrumba ante la magnitud de los bombardeos externos y por una insurrección popular interna. Se establece un nuevo gobierno provisional liberal-democrático, que acepta desmantelar el programa nuclear y la red regional de grupos aliados a cambio del levantamiento de sanciones y de la reintegración de Irán en la comunidad internacional. «Es un escenario bastante improbable, dada la fortaleza militar del régimen iraní, que difícilmente caerá solo con ataques aéreos», considera.
Derrota parcial de Estados Unidos e Israel: Pese al enorme daño sufrido, el régimen iraní logra sobrevivir y también impedir un levantamiento popular, recurriendo a la represión y aprovechando el aumento de víctimas civiles causado por los bombardeos. Aunque sus reservas de munición se reducen, Irán consigue golpear algunos objetivos estadounidenses importantes, y el creciente descontento en Estados Unidos lleva a Trump a aceptar un compromiso sobre la cuestión nuclear, proclamar una victoria y forzar también a Israel a detener los bombardeos. «Tampoco parece muy probable a corto plazo», pronostica.
Desgaste: La guerra continúa y el régimen iraní queda muy debilitado, pero no colapsa. El conflicto deriva en una larga guerra asimétrica de desgaste. A medida que se agotan los misiles balísticos iraníes, Teherán recurre más a tácticas terroristas en Oriente Próximo, Estados Unidos y Europa. Pero ninguna de las partes está dispuesta a poner fin a la guerra. «Este tiene más visos de ocurrir», apunta.
Resultados limitados: Una nueva dirección en Irán sigue apoyándose en la Guardia Revolucionaria y en el clero, pero está dispuesta a renunciar al programa nuclear a cambio de que Trump ponga fin a la guerra. Trump, presionado en casa, firma el acuerdo. Irán abandona la vía nuclear, pero mantiene su determinación de conservar su posición de poder en Oriente Próximo reconstruyendo su programa de misiles y sus milicias aliadas en Irak, Líbano y Yemen. Israel entonces inicia nuevas guerras cada pocos años para degradar esas capacidades iraníes. «Este es también es un escenario bastante probable», concluye el experto.

Teherán, 23 ene 2024. Drones de fabricación iraní, durante una ceremonia en la capital iraní. Un gran número de aeronaves no tripuladas de fabricación nacional se incorporó a unidades de combate del Ejército en distintas partes del país. / Iranische Armee/Zuma Press/dpa / Iranische Armee/Zuma Press/dpa
Durante los últimos 40 años, el régimen iraní ha dedicado grandes esfuerzos a arraigarse profundamente en el Estado y en la sociedad a múltiples niveles. Incluso si cayeran los ayatolás, detrás están la Guardia Revolucionaria, el Ejército y las milicias populares Basij. Es decir, además de la teocracia, Irán tiene una fuerte componente de régimen militar. Son cientos de miles de miembros «dispuestos a luchar hasta la muerte y a llegar a extremos para proteger al régimen», valora Kani Sathasivam, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Estatal de Salem de Massachusetts (Estados Unidos).
Atrincheramiento del régimen en Irán
«Todos los escenarios son posibles. Sin embargo, creo que las alternativas de guerra civil y colapso del régimen son mucho menos probables», afirma. Para él, los desenlaces más verosímiles son un atrincheramiento del régimen o una transición controlada del régimen.
«En última instancia, el resultado dependerá por completo de hasta qué punto los iraníes corrientes estén dispuestos a llegar para derrocar al régimen», aporta Sathasivam. «La única forma en que este caería sería si millones de iraníes estuvieran dispuestos a sacrificar sus vidas por el cambio. Y, pese a lo que vimos en Irán hace unas semanas, no estoy convencido de que ese grado de determinación para tumbar al régimen exista hoy en la sociedad iraní. Más bien, incluso las protestas masivas de hace unas semanas las atribuyo sobre todo a una forma de desahogo ante las malas condiciones socioeconómicas, y no tanto a un deseo claro de acabar con el régimen».

Qom, 5 mar 2026. Asistentes al funeral de personas muertas en la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Washington y Tel Aviv lanzaron ataques contra Irán el 28 de febrero, en los que murieron el líder supremo iraní y altos mandos militares, lo que desencadenó represalias iraníes contra Israel y distintos puntos del Golfo / MEHDI ALAVI / AFP
Una de las claves para la resolución del conflicto va a ser su duración. Ya hay informaciones de que pueden escasear los misiles defensivos (como los Patriots) para que Estados Unidos defienda sus efectivos en la zona, los países del Golfo atacados e Israel.
«El régimen iraní conserva una fuerte capacidad coercitiva, aunque sea en gran medida impopular, y ha institucionalizado mecanismos para la transferencia de poder», apunta a EL PERIÓDICO Jeannie Sowers, profesora de Ciencia Política y Asuntos Internacionales de la Universidad de New Hampshire (Estados Unidos). «La Administración Trump tiene claramente muy poco interés en implicarse de verdad en un proceso de ‘cambio de régimen’. Se ha limitado a lanzar llamamientos retóricos para que los iraníes organicen de algún modo alternativas en medio de una guerra».
Los ejemplos de Irak y Afganistán
Si Estados Unidos termina enviando tropas terrestres, eso activaría el sentimiento antibélico en la opinión pública del país, especialmente entre las bases del movimiento trumpista MAGA, que valoraba su promesa de no incurrir en aventuras militares. Era una de las bases del América First.
«Resulta llamativa la total ausencia de una reflexión de alto nivel sobre los resultados de las intervenciones estadounidenses en Irak y Afganistán, ambas convertidas en conflictos prolongados que impusieron enormes costes humanitarios y económicos a las poblaciones locales», dice Sowers.
Ambas fueron guerras muy costosas. Como esta de Irán. Hay que llevar a la zona y mantener los portaviones y centenares de aeronaves que disparan misiles carísimos. Se estima que cada día de conflicto cuesta alrededor de 1.000 millones de dólares a Estados Unidos, según el propio Pentágono. Un gasto así en medio de una gran rebaja de impuestos amenaza con disparar el déficit federal.

Bagdad, 5 mar 2026. Un asistente sostiene un retrato del líder supremo iraní muerto, el ayatolá Alí Jameneí, durante el cortejo fúnebre de miembros de las Brigadas de Hezbolá (Kataeb Hezbolá), milicia iraquí proiraní, muertos en un ataque el día anterior. El grupo, respaldado por Teherán, afirmó que uno de sus comandantes murió en un bombardeo en el sur de Irak. / AHMAD AL-RUBAYE / AFP
Durante su primer mandato, Donald Trump retiró unilateralmente a Estados Unidos del acuerdo nuclear con Irán de la era Barack Obama, el Plan de Acción Integral Conjunto. Este limitaba las ambiciones nucleares iraníes a cambio de un alivio parcial de las sanciones. Esta segunda Administración Trump estaba manteniendo negociaciones activas con Irán para otro acuerdo nuclear al mismo tiempo que se preparaba para la guerra.
Una guerra para la que la Administración Trump no ha articulado objetivos claros ni ha proporcionado al Congreso información creíble que demuestre que Irán representaba una amenaza inminente que justificara una guerra preventiva, según la oposición. Todos los escenarios siguen por ello abiertos.
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