Un 32% de las mujeres en posiciones electas en municipios de toda la Unión Europea (UE) afirma haber sufrido algún tipo de violencia por ejercer la política, desde discriminación por razones de género, verbal u online, hasta acoso o abusos sexuales. Entre quienes la padecieron, solo el 29% llegó a denunciarlo y, de esas denuncias, apenas el 22% terminó en consecuencias para los agresores, según el informe ‘Violencia contra las mujeres en política’ en la UE, del Servicio de Estudios del Parlamento Europeo.
«Es esencial para nuestras democracias, que ahora también se ven desafiadas desde fuera y por un orden global que se aleja del derecho internacional y del respeto a los derechos humanos, que no derive hacia la ley de los hombres fuertes», afirmó esta semana la eurodiputada Lina Gálvez, presidenta de la Comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad de Género, en la sesión interparlamentaria dedicada a los derechos de la mujer con motivo del 8M.
Y es que muchas de las encuestadas, además, ven con pesimismo el futuro: la mitad cree que estas prácticas discriminatorias se mantienen y un tercio percibe que la violencia ha aumentado. El impacto se traduce en un «efecto disuasorio», describe el informe, que empuja a algunas mujeres a ser más cautas y menos visibles o incluso a replantearse continuar en la vida pública.
Temor a represalias
La ausencia de un registro oficial de violencia contra la mujer por sus actividades políticas dificulta hacer una radiografía precisa. Sin embargo, los escasos estudios al respecto apuntan en una misma dirección alarmante. Una de cada cuatro mujeres parlamentarias (25%) que ejercen en sus respectivos países de la UE dice haber sufrido violencia sexual y un 15% violencia física, siendo la violencia psicológica la más común de todas (85%), según otro informe, ‘Sexismo, acoso y violencia contra las mujeres en los parlamentos de Europa’.
Las denuncias siguen siendo más bajas que los delitos por miedo a represalias, presión para proteger la reputación del partido o normalización del abuso como un precio a pagar por participar, pero las consecuencias son visibles: un tercio de las eurodiputadas aseguró que estas agresiones afectaron su libertad de expresión y de acción durante el mandato, haciéndolas más cautas y empujándolas a ser menos visibles, según el estudio. Se calcula que el porcentaje de casos que acaba en denuncia el del 46,7% en violencia física y del 76,5% en acoso sexual.
El precio del liderazgo
La expresidenta eslovaca Zuzana Čaputová compartió su propia experiencia para ilustrar el coste de la primera línea de la política para una mujer, incluso en la UE. «Me convertí en el objetivo número uno de abusos verbales en línea: atacaron mi política y mi maternidad», explicó. «Esto no es una historia de victimismo; es una historia sobre el entorno en el que se llama a las mujeres a liderar». Y cuando «la esfera digital es el nuevo espacio público», que para muchas mujeres este sea «un espacio de intimidación» implica que quedan apartadas y silenciadas.
«Cuando la mitad de la sociedad no se siente igual de segura, igual de respetada e igual de representada, la democracia está fallando: no simbólicamente, sino estructuralmente», dijo Čaputová. “He experimentado el poder y el precio del liderazgo», aseguró. El informe sitúa los picos de hostigamiento en las campañas electorales y recuerda que la violencia no siempre viene de fuera: dentro de las instituciones puede haber perpetradores cercanos, un dato que contribuye al silencio.
Si la agresión evita que una representante pública haga su trabajo, el impacto afecta a todo su electorado. «Cuando las mujeres se retiran de la vida política porque el precio es demasiado alto, la democracia no solo pierde diversidad: pierde resiliencia», remarcó la expresidenta, y añadió que liderar debe ser una opción, no un ejercicio de heroísmo.
Amenazas de muerte
Más allá del hemiciclo, en la comunicación política, activistas y comunicadoras que se desarrollan en la red se enfrentan a retos similares. Imane Raissali, psicóloga y creadora de contenido, a menudo contenido político, ha sido el blanco de ataques directos. Nacida en Marruecos y criada en España, aborda temas como la diferencia entre el hiyab o el niqab para ayudar a entender a sus seguidores, por ejemplo, cuáles son las prendas que partidos de la ultraderecha tratan de prohibir.
«He recibido amenazas de muerte de gente con su nombre, su cara, diciendo exactamente cómo te van a matar. Y lo dicen con convicción, porque creen que tienen poder y autoridad sobre ti», compartió con la audiencia de miembros del Parlamento. Lo que más le inquieta, añadió, es el entorno que las amplifica: «No es solo una persona: tienen seguidores y apoyo social».
Todo ello hace que las mujeres se cuestionen su derecho a ocupar espacio en la red y muchas se autocensuren. «Las mujeres acaban por sentir que nunca son suficiente. Y eso es agotador», resumió. En su caso, el hostigamiento va vinculado a su identidad. «No solo se me juzga por ser mujer; se me juzga por ser una mujer migrante», sujeta a comentarios de desaprobación tanto de la comunidad musulmana como del sector racista español. Raissali también cuestionó la eficacia de la moderación actual. «A veces lo denuncias, le eliminan la cuenta… pero él tiene 16 cuentas más. Entonces, ¿de qué sirve?», se preguntó.
Riesgo antidemocrático
Gálvez calificó los ataques contra mujeres como «antidemocráticos», y alertó sobre la construcción de narrativas organizadas en el debate público. «Las narrativas contra las mujeres parecen avanzar de forma natural», dijo, y matizó: «pero no hay nada natural en ello: hay miles de millones de euros detrás de esa propaganda, mucho poder económico y político y tecnodigital para que las narrativas antigénero y la violencia avancen en el mundo digital».
Revertir la situación requiere de voluntad política. «No solo necesitamos avanzar en políticas y regulación de igualdad; necesitamos llevar la igualdad a todas las políticas, con un enfoque transversal», sostuvo Gálvez. El informe coincide en que quienes pertenecen además a otros colectivos señalados pueden sufrir exposición agravada, especialmente en el odio en línea.
Para la expresidenta eslovaca Zuzana Čaputová, el precepto que debería guiar a quienes elaboran políticas públicas es que «Europa solo será fuerte en tanto que las mujeres estén seguras, respetadas y libres».
Suscríbete para seguir leyendo












