La investidura fallida de María Guardiola activa un calendario político que Extremadura nunca había tenido que recorrer. La dirigente del PP, que en 2023 se convirtió en la primera mujer al frente de la Junta, es también la primera presidenta que no logra la confianza de la Cámara para revalidar el cargo.
Pese a la victoria electoral, los 29 diputados del PP están lejos de la mayoría absoluta en el Parlamento extremeño (33 escaños) y, de momento, María Guardiola no cuenta con el apoyo que pueden brindarle los 11 de Vox.
La formación de Santiago Abascal, que justifica su negativa en la falta de garantías de que lo pactado se vaya a cumplir, muestra su disposición a seguir negociando. Guardiola dará el primer paso para tratar de retomar los contactos «sin reproches» con el objetivo de reconducir la situación y que el acuerdo llegue cuanto antes. Pero lo cierto es que a partir de ahora, el reloj electoral marca el paso en Extremadura.
El 4 de mayo, fecha límite
El Estatuto de Autonomía y el Reglamento de la Asamblea marcan un periodo de dos meses a cumplir desde la primera votación de investidura (4 de marzo) para formar gobierno. Durante ese tiempo se pueden celebrar tantos plenos como los grupos consideren oportuno, con la misma o diferentes candidatos.
Pero si el 4 de mayo nadie ha obtenido la confianza mayoritaria de la Cámara para ser presidente de la Junta, la consecuencia es automática: la Asamblea se disuelve y se procederá a convocar nuevas elecciones. La ley electoral fija un margen de entre 54 y 60 días desde la convocatoria hasta la celebración de los comicios, por lo que las fechas con mejor encaje serían el 28 de junio o el 3 de julio.
La influencia de Castilla y León
En el PP nadie duda de que finalmente habrá acuerdo, aunque con los tiempos condicionados al escenario político nacional y, en particular, las elecciones de Castilla y León que se celebrarán el próximo domingo 15 de marzo.
Desde el entorno de la presidenta en funciones sostienen que el margen político para el acuerdo sigue existiendo y recuerdan que muchas de las propuestas planteadas por Vox durante las conversaciones ya han sido aceptadas. La estrategia pasa ahora por rebajar la tensión pública y retomar los contactos con discreción. «Hay tiempo. Ojalá también haya voluntad. Por nosotros no va a quedar», añaden fuentes del PP.










