David Gutiérrez impulsa el relevo de la Escuela de Badajoz en Olivenza

Olivenza volvió a abrir su feria mirando a su propia raíz. Y esa raíz tiene nombre propio desde hace décadas: la Escuela Taurina de la Diputación de Badajoz, semillero constante de toreros que cada temporada vuelve a asomar nuevos nombres. El último en sumarse a esa nómina es David Gutiérrez, que firmó un debut con picadores triunfal para mantener viva la llama de una cantera que parece inagotable. Lo hizo en una novillada de Talavante que dejó embestidas de notable calidad y dulzura, pero también un fondo limitado que restó emoción y continuidad a varias faenas. En ese escenario destacó también la firmeza y el buen trazo de Tomás Bastos, autor de la labor más sólida del festejo pese a quedarse sin premio mayor.

El ambiente en los tendidos, siempre especial en el arranque de Olivenza, acompañó una tarde marcada por la amenaza de lluvia. Y desde el primer instante quiso marcar territorio David Gutiérrez, que se fue a portagayola para recibir al novillo de su debut con picadores. El gesto encendió al público y dio paso a un recibo vibrante que reforzó la conexión con los tendidos. El utrero de Talavante, de buena condición, permitió una faena de concepto claro, en la que el novillero extremeño dejó detalles de personalidad, especialmente en los remates de pecho y en los últimos muletazos de cada serie, donde afloró mayor profundidad. La estocada rubricó la obra y le abrió la puerta de la primera oreja del festejo.

Volvió a mostrarse dispuesto en el sexto, un animal de mayor movilidad que entrega, menos propicio para el temple pero que permitió a Gutiérrez mostrar actitud y capacidad de ligazón. El novillero tiró de colocación y decisión para sostener el trasteo y terminó de asegurar el triunfo con una estocada, la mejor de la tarde, ejecutada con verdad que le valió el segundo trofeo y la salida a hombros.

Tomás Bastos, por su parte, dejó la faena de mayor poso de la tarde. El novillero portugués se encontró con un utrero que desde el inicio marcó querencia hacia tablas y que amagó con complicarse. Bastos lo entendió pronto y planteó una labor de inteligencia y temple, conduciendo la embestida con firmeza y logrando que el animal fuese tomando celo a medida que avanzaba el trasteo. Las últimas series, ya con mayor ligazón y asentamiento, tuvieron un tono más rotundo y terminaron de dar sentido a una faena construida con cabeza. La espada, con una media estocada tras un segundo intento, enfrió el triunfo. Hubo petición de oreja que el palco no atendió, quedando el premio en una ovación que supo a poco para lo visto.

Con el primero de su lote ya había mostrado disposición ante un novillo noble pero pronto venido a menos, lo que limitó las opciones de mayor desarrollo de su toreo.

Completaba la terna Olga Casado, que regresaba a Olivenza tras haber debutado aquí con picadores el pasado año. Su primero, de buena clase aunque con la raza justa, acusó además un fuerte castigo en varas y una fuerte voltereta al inicio de faena que condicionó su comportamiento posterior. La novillera puso voluntad en un trasteo de más intención que eco ante un utrero que no terminó de romper.

El quinto, además, salió tocado de los cuartos traseros, lo que redujo aún más su capacidad de transmisión. Noble pero apagado, apenas ofreció opciones para una faena de mayor vuelo. Casado se mostró templada pero faltó ajuste en los embroques, todo resultó demasiado ligero. Sin embargo, la eficacia con la espada le permitió cortar una oreja de escaso peso tras una petición similar a la que antes había reclamado el público para Bastos, dejando cierta sensación de desigualdad en el criterio presidencial.

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