Peones de confianza les hacían de gancho. En Ucrania, frecuentaban los albergues y otros lugares donde se agrupa la población desplazada de las zonas invadidas por Rusia. Entre mujeres que han perdido su techo por el vance ruso en Donetsk, Lugansk o Zaporiya, que no disponen de otra cosa que su pobreza, lanzaban el anzuelo: les pagarían viaje a un país de la UE, les activarían un expediente de protección internacional como refugiadas, aliviarían su precariedad… Ese país de la UE ha resultado ser España, y los supuestos benefactores, una red de tahúres del juego online.
Captar mujeres ucranianas y someterlas tenía para los integrantes de la organización criminal un rédito marginal poco conocido, casi distópico: lo valioso esta vez no eran sus cuerpos, sino sus identidades, el activo útil para cometer estafas en las plataformas de apuestas y esconder el botín. Es el último y más sofisticado rendimiento de la trata de seres humanos, y es también el delito clave cometido por una banda desarticulada por las fuerzas de seguridad de España y Ucrania.
Agentes de la Policía Nacional han desmantelado una estructura criminal ucraniana asentada en Alicante y Valencia. Los delitos que se les atribuyen son, además de la trata y la estafa, los de falsedad documental, usurpación de estado civil, fraude informático y blanqueo de capitales. Es una operación doblemente combinada: se mezclan delitos de ciberestafa y fraude con los de la trata de seres humanos, y se ha hecho necesario juntar el esfuerzo con la Policía Nacional con el de la policía ucraniana.
A lo largo de estos años de guerra, la banda ha creado numerosas cuentas con las identidades usurpadas a más de 5.000 personas de 17 nacionalidades. Entre ellas, las de al menos 55 mujeres -la operación está abierta y pueden aparecer muchas más- que captaban en las zonas más castigadas por la guerra de Ucrania, las traían a España, les cogían su documentación, la usaban y… se acaba la ayuda: vuelta a su dura vida de refugiadas en su propio país.
Cuadrilla de amigos
La que la Policía ha bautizado como Operación Girasoles -en referencia a la flor emblema de Ucrania- estaba abierta desde abril de 2025, y se ha adelantado su explotación en cuanto los investigadores descubrieron los planes del líder de la red, que se preparaba para dejar España. Su destino iba a ser Tailandia, donde había comprado una vivienda con criptomoneda, fruto de sus ganancias ilícitas.
El jefe se hacía llamar “el maestro”. Es un experto informático ucraniano, muy versado en el uso de redes de bots y en la búsqueda de apoyos de otras organizaciones delicuenciales. Según fue avanzando en su negocio, se hizo borrar su tatuaje más llamativo, una bandera ucraniana que tenía pintada en su brazo izquierdo.
Todos los detenidos, 12 son de nacionalidad ucraniana, y todos son expertos informáticos. Se habían radicado en Alicante y Valencia. una pandilla de amigos, parejas, hombres y mujeres que se conocían entre sí en Ucrania, que iban juntos a partidos de fútbol en aquel país y que hace cuatro años se fueron asentando en España. La Policía no descarta que la mayoría haya eludido sus obligaciones para la defensa de su país.
El maestro daba las órdenes sobre cuánto dinero meter en qué plataformas, cuándo y por quién, y con qué bots de los que disponía la organización, que cada detenido tenía en su domicilio. Pero el engranaje funcionaba como un reloj, “ya sabía cada uno lo que tenía que hacer”, explica la inspectora Mónica Alba, jefa del grupo para la integridad en el deporte y las apuestas de la Unidad Central de Delincuencia Especializada y Violenta.
En la banda no era necesario esforzarse demasiado: los bots apostaban masivamente por ellos. Solo debían ocuparse de la recolección de las ganancias. Hasta la suegra del maestro tenía en su vivienda un bot alojado funcionando en un PC. “A menudo se le atascaba y llamaba a otros miembros d ella organización para que se lo arreglaran”, cuenta Alba.
“Los programas que usaban imitaban el comportamiento humano, pero de forma más rápida y precisa”, relata la inspectora. Una cuenta de juego de nueva creación de la banda podía obtener en tres meses ganancias de 60.000 euros.
La trata
Los integrantes de la banda tenían ya una experiencia de 15 años en el mundo de las estafas y el juego online. La Policía Nacional les ha encontrado un botín de 4,7 millones de euros, y les sitúa en el vértice de, hasta ahora, 240 denuncias por usurpación de identidad.
Y esa es otra clave del caso, lo que alarmó a la Policía Nacional. Un creciente grupo de ciudadanos se ha visto ante la Agencia Tributaria, que les reclama ganancias de juego… solo que ellos no han jugado nada. Son personas a las que esta banda les asaltó la identidad, y con sus carnets y otros datos abrieron cuentas en plataformas de juego.
Les colocaban a ellos las ganancias, teóricamente, mientras usaban las identidades de las ucranianas para la labor de mulas bancarias. Las traían a España, las alojaban en hoteles, les pagaban la comida… Al dejar la maleta, siempre obsesivamente acompañadas por alguno de sus pastores, las llevaban a un centro de atención CREADE, a los que desde 2022 han acudido decenas de miles de refugiados ucranianos para normalizar su situación.
En el CREADE de Málaga empezaron a mosquearse de la llegada de peticiones de protección en lote, y el aviso llegó la Jefatura de Policía de Andalucía Occidental que, junto con la de Madrid y la de Valencia, ha intervenido en la Operación Girasoles.
A la izquierda, identidades falsificadas o usurpadas por la banda. A la derecha, móviles conectdos a un ordenador para jugar online que utilizaba la organización desmantelada por la Policía. / CNP
“Así creaban un entramado financiero que tenían bajo su control, sin la posibilidad de que las mujeres denunciaran lo que no llegaban a entender”, explica la inspectora Ana, sin apellido publicable, jefa del grupo de lucha contra la trata que ha participado en la operación.
“Las agrupaban en ‘tandas de viaje’. Iban acompañadas en todo momento. Estas mujeres no comprendían el propósito de su viaje a España. Se les decía que era para tramitar su protección temporal y mejorar sus condiciones de vida, pero en cuanto las inscribían se las devolvía a Ucrania. Se han verificado sus condiciones de vulnerabilidad”, ha explicado este jueves Andrii Polisiuk, coronel de la Policía Judicial ucraniana.
A nombre de 55 potenciales víctimas abrió la banda 115 cuentas bancarias. Cuando ya tenían un NIE editado en España, las devolvían a Ucrania. Sin coacción, sin palizas, solo con engaños. Podían no pasar más de siete días en este país. Y una vez quemados sus datos, aprovechados hasta el final, todavía les sacaban un rendimiento vendiéndolos online a otros delincuentes.
Cebarse con los débiles
“La trata es una forma de esclavitud moderna, cadenas invisibles que destruyen la vida de miles de personas. Hoy podemos decir que uno de los eslabones de esa cadena se ha roto”, ha celebrado el oficial de policía ucraniano Vladimir Larenchov en la misma comparecencia de mandos policiales, celebrada en Madrid.
”Cuando estalla un conflicto bélico, en el ámbito de la trata aumenta la vulnerabilidad de las víctimas, y eso es aprovechado por los grupos criminales”, explica Fernando Guerrero, comisario jefe de la unidad anti trata de la Policía Nacional.
Es por eso que en España el Código Penal “le da un mayor reproche a la conducta de los autores en estos casos”, añade Guerrero. El delito es más grave si la víctima es más vulnerable.
Para los delincuentes ucranianos de esta banda no existía la guerra. Estaban lejos del frente, en la costa española, conduciendo coches de lujo, alternando operaciones con más de 80 teléfonos móviles, quedando para cenar y salir juntos, planeando en qué meter el dinero que iban ganando. No les incumbía la agresión que tantas vidas se ha cobrado ya en el frente ucraniano. De hecho, en rincones cerrados de internet, plataformas a las que se accede solo por invitación, contrataron los servicios de otros expertos en programación y bots. Son rusos.
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