Vicky Celalla afina la mirada y las manos mientras da forma a una rosa hecha a base de palma blanca. Le da vueltas y vueltas a las fibras para dar vida a una artesanía en toda regla que, sin ella misma darse cuenta, la ayuda a romper la rutina. Esta mujer llegó a estar dentro de los circuitos de intervención de CáritasElche durante tres años y medio. Salió un año y, «por circunstancias de la vida», volvió al recurso, donde confiesa que se siente amparada, muy cuidada, como dentro de una familia grande en la que todos se respetan y ayudan.
Como ella, otras decenas de personas que están siendo atendidas por la organización diocesana participaron este jueves en un taller que tenía un espíritu ciertamente terapéutico e integrador, ya que el fin último era acercar a usuarios en situación de pobreza y en riesgo de exclusión social una de las tradiciones más arraigadas de la ciudad, y que además sostiene el Domingo de Ramos como Fiesta de Interés Turístico Internacional. Una iniciativa que además perseguía poner el foco en que mientras ese día especial en el calendario litúrgico hay cientos de familias que estrenan ropa y celebran la vida junto a sus hijos, nietos, padres y abuelos; también hay quienes han atravesado situaciones difíciles y merecen igualmente formar parte de una costumbre muy enraizada.
7.000 solapas
Así las cosas, artesanas del taller de palma del empresario Anselmo Navarro fueron las encargadas de dar las instrucciones de una actividad didáctica que lleva ya años celebrándose y que, en el trasfondo, va mucho más allá. Paralelamente, desde este mismo taller ilicitano, se están elaborando unas 7.000 solapas de palma blanca que donarán a Cáritas para que la propia organización pueda venderlas a las puertas de parroquias de toda la provincia de Alicante, como trasladó Alejandro Ruiz, coordinador de Cáritas.
El propósito es conseguir fondos para contribuir a prestar soporte a personas con necesidades en los barrios y, precisamente, ayudar a que quienes un día tocaron a la puerta de Cáritas pidiendo auxilio puedan salir de las instalaciones con una autonomía que les de la oportunidad de empezar de nuevo, como Dimitri, un hombre de avanzada edad ucraniano que después de haber estado ingresado en el hospital llegó al centro de pernocta de Cáritas a mediados de febrero. «Creo que estar aquí es una oportunidad de estar con otras personas y hablar», narra mientras intenta moldear una solapa. «Está complicado porque tengo una mano delicada», exponía.
Iniciativa solidaria
“Yo suelo ir mucho por la zona de San José y un día vi a gente pidiendo en la puerta. Pensé que había muchas personas que necesitaban ayuda, incluso para cosas tan básicas como una ducha. A partir de ahí surgió la idea de hacer algo para colaborar», narraba Navarro, artesano y ex presidente del Elche C.F. que hace ahora un lustro impulsó esta iniciativa solidaria. Si en los inicios se desarrollaban unas 2.000 solapas, el número ha ido creciendo progresivamente de la misma forma que se han ido sumando hasta la fecha más de una veintena de empresarios ilicitanos, parte de los cuáles este jueves acudieron a la cita para prestar apoyo y visibilizar la labor que realiza la organización, como el veterano industrial y cofundador de J’hayber, Rafael Bernabéu.
“Siempre hemos tenido una filosofía basada en compartir trabajo, ilusiones y contribuir a crear bienestar social, y organizaciones como Cáritas representan el humanismo y la ayuda a las personas. Por eso es importante que los empresarios también conozcamos el trabajo que se hace aquí dentro y nos impliquemos», apuntaba el empresario ilicitano.
Tampoco quiso perderse el encuentro, que acabó con un almuerzo de hermandad, el párroco José Antonio Valero, que a través de sus oraciones reivindicó que «seamos como seamos, y de donde seamos, podamos construir una sociedad más feliz, más alegre y más digna»,
Reparto
Si el proyecto comenzó siendo algo muy local, se ha terminado convirtiendo en una iniciativa diocesana con palmitas que llegan a municipios como Villena, Calpe, Benidorm, Pilar de la Horadada, Elche, Alicante, Santa Pola o Crevillent. “Es una ayuda muy importante porque cada vez hay más familias que necesitan apoyo, porque el objetivo de Cáritas no es que tengan un lugar donde estar, sino ayudarles a que se reincorporen a la sociedad», manifestaba por su parte Pascual Macià, uno de los voluntarios que lleva años ligado a la organización humanitaria.
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