Tener menos alumnos por clase es uno de los grandes caballos de batalla de los profesores, que llevan desde la época de los recortes de 2012 reclamando la medida con el objetivo de mejorar el aprendizaje. Tras años de reivindicaciones, a las que también se han sumado las familias, el Gobierno está cocinando una iniciativa legislativa para rebajar las ratios. Sin embargo, ahora un estudio de EsadeEcPol enfría las bondades de esta medida estrella que el sector educativo ve como la gran baza para mejorar el sistema.
Teniendo en cuenta que el 70% del gasto educativo es para salarios de profesores y que la bajada de ratios requeriría más docentes, el estudio considera «crucial» determinar la eficacia de la medida
La cifra media de alumnos por aula ha disminuido en las últimas décadas en la gran mayoría de países de la OCDE, España incluida. El Gobierno acaba de aprobar un anteproyecto de ley -que todavía tiene que recibir una segunda aprobación del Consejo de Ministros antes de desembarcar en el Parlamento español para su aprobación definitiva- para rebajar el número máximo de alumnos por aula a 22 en primaria y a 25 en ESO (frente a los 25 y 30 actuales).
Publicado este miércoles, el informe de EsadeEcPol corrobora que la reducción del tamaño de clase es una de las políticas educativas más populares entre familias y docentes, colectivos con «influencia electoral». Y apunta que es por ese interés electoral por lo que todos los gobiernos, también los internacionales, la asumen a pesar de que sus efectos en el aprendizaje son «pequeños o nulos», concluye el informe.
«Si el objetivo prioritario es mejorar los resultados académicos y el bienestar del alumnado y reducir la repetición, la bajada generalizada de ratios no se encuentra entre las políticas más eficaces»
Titulado ‘Clases más pequeñas, impactos limitados para inversiones elevadas’, el estudio añade que se trata de una política muy costosa ya que exige contratar más profesorado y disponer de más aulas, algo inviable en muchos centros. Dado que España destina entre el 70% y el 80% del gasto educativo a los salarios de los docentes, los investigadores califican de «crucial» determinar si la reducción de las ratios constituye el mejor uso del presupuesto, ante un escenario de desplome de la natalidad (caída del 40% desde 2008) y teniendo en cuenta que la educación ocupa el segundo lugar entre las prioridades de las arcas públicas, por detrás de la sanidad y las pensiones.
«Si el objetivo prioritario es mejorar los resultados académicos y el bienestar del alumnado, así como reducir la repetición, la evidencia analizada indica que la bajada generalizada de ratios no se encuentra entre las políticas más eficaces», sentencia.
El autor de la investigación sugiere que reducir ratios solo estaría justificado en escuelas complejas
El autor de la investigación, José Montalbán Castilla, profesor asistente de Economía en el Swedish Institute for Social Research (SOFI) en la Universidad de Estocolmo, sugiere que reducir el tamaño de las clases solo estaría justificado en escuelas complejas, aquellas en las que la alta disrupción es el denominador común o aquellas que escolarizan mayoritariamente a chicos y chicas con necesidades específicas.
«No reduce las disrupciones»
Tras investigar y comparar decenas de estudios, el experto de EsadeEcPol asevera que reducir el tamaño de las aulas no deriva en mejoras sustanciales sino que estas son muy limitadas. Es decir, ni reduce drásticamente las disrupciones en el aula ni mejora el rendimiento académico de los alumnos, algo que sí está directamente relacionado con el nivel socioeconómico de los hogares. Al contrario de lo que defienden los maestros y los profesores, el autor asegura que tener menos alumnos y alumnas en el aula «no mejora el aprendizaje de forma eficaz». «Los principales beneficiarios de las clases más pequeñas son los docentes y las familias», afirma.
Reducir en 5 alumnos un aula aumenta en un 1,1 punto la probabilidad de que el profesorado revise los deberes, mejora muy leve según el informe
El 40% de los profesores de primaria piensan que la disrupción el aula es un problema moderado o grave. La investigación de EsadeEcPol advierte de que las estimaciones de docentes y alumnado sugieren que una reducción de 5 alumnos por clase disminuiría la disrupción en aproximadamente un 10%. Pero no se trata, según el autor, de la misma situación para todos los tipos de centros. En las escuelas con menor disrupción subyacente, no hay efectos evidentes o estos son muy pequeños, especialmente si se tiene en cuenta solo el punto de vista de los estudiantes. Sin embargo, en las escuelas con mayor disrupción subyacente, los efectos del tamaño de la clase son mucho más marcados, según opinan tanto profesores como escolares.
Deberes
El autor concluye que, desde la perspectiva del profesorado, no hay indicios de que el tamaño de la clase afecte a la preparación de tareas diferentes para estudiantes con distintas capacidades y ritmos de aprendizaje. Eso sí, las aulas más reducidas fomentan muy levemente una mayor ‘revisión’ de las tareas diarias. Una reducción de 5 estudiantes aumenta la probabilidad de que el profesorado revise los cuadernos de ejercicios o los deberes del alumnado solo en 1,1 punto porcentual. «Es escasa la evidencia de que el tamaño de la clase tenga un impacto muy significativo sobre la instrucción individualizada», concluye el investigador, que también recalca que la reducción de ratios mejora el bienestar del alumnado pero de manera no estadísticamente significativa.
Las clases más pequeñas llevan al alumnado a reducir su esfuerzo académico
Tener menos escolares por aula tampoco ayuda a evitar la repetición, aunque, en este capítulo, los resultados no son del todo concluyentes dado que la repetición de curso es relativamente baja en 3º y 6º de primaria. “Queda por analizar si el tamaño de la clase puede ser una buena política para reducirla en secundaria, donde es mucho más alta”, matiza el estudio.
Implicación de las familias
Una de las razones por las que las aulas más pequeñas no se traducen en un mejor rendimiento académico es que, según Montalbán, “podrían inducir respuestas compensatorias por parte de los docentes, estudiantes y sus familias”. Es decir, los estudiantes asignados a clases grandes «podrían responder realizando más horas de deberes y sus familias podrían involucrarse más en su educación». Mientras, las aulas más reducidas se asocian con una menor implicación parental.
Además, el alumnado en clases más reducidas dedica menos tiempo a los deberes. Según la estimación de las familias, una reducción de 5 estudiantes por aula disminuiría el tiempo de deberes en unas 0,14 horas semanales en 3º y 6º de primaria (8,4 minutos por semana). Las clases más pequeñas llevan al alumnado a reducir su esfuerzo académico, concluye el estudio.
Aproximadamente el 14,5% del alumnado de 6º primaria cuenta con un profesor particular o acude a una academia, algo mucho menos probable en el caso de los escolares de clases más pequeñas. Una reducción de 5 estudiantes por aula disminuye en torno a 1,1 puntos porcentuales la probabilidad de que el alumnado de último curso de primaria asista a clases particulares.
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