Este mes, Corea del Norte ha celebrado su tradicional Congreso del Partido de los Trabajadores, un evento que tiene lugar cada cinco años y que, en teoría, sirve para elogiar los éxitos conseguidos y fijar nuevos objetivos. En la práctica, sin embargo, lejos de ser un foro de debate, este encuentro funciona como un escaparate para que el dictador Kim Jong-un exhiba el poderío nuclear de su régimen.
No obstante, esta edición, aunque rodeada de la habitual pompa, ha destacado por un inusual gesto diplomático de Kim, que ha insinuado que podría «llevarse bien» con Donald Trump si éste se plegara a reconocer a Pyongyang como una potencia nuclear legítima. Una declaración que numerosos analistas internacionales interpretan como un intento de aliviar el aislamiento del país sin renunciar al desarrollo de su programa armamentístico.
Más allá de la retórica nuclear, el congreso se ha convertido en otra pieza del enigma que rodea la futura sucesión en Corea del Norte. Aunque muchos observadores creen que Kim Jong-un, de 46 años, ya ha señalado a su hija, Kim Ju-ae, como heredera, otros cuestionan esta hipótesis debido al fuerte carácter patriarcal del régimen. Algunos analistas consideran, por ello, que podrían surgir alternativas dentro del círculo familiar o militar si su designación encontrara resistencias internas. Especialmente por parte de la alta jerarquía militar.
Desfile militar para conmemorar el Noveno Congreso del gobernante Partido de los Trabajadores de Corea (WPK) en Pyongyang.
Según un análisis publicado por The Guardian, la posibilidad de que Kim Ju-ae (que podría rondar los 13 años) herede el poder enfrenta algunos obstáculos. «La barrera más inmediata e insuperable es la naturaleza patriarcal profundamente arraigada de Corea del Norte», escribe Mitch Shin, corresponsal especializado en la península coreana para The Diplomat, citado por el diario británico.
Shin añade que el país «funciona más como una monarquía neoconfuciana que como un Estado socialista», y advierte que resulta poco probable que las filas de generales envejecidos acepten a una mujer como «líder supremo». «Para estos hombres el concepto de jurar lealtad absoluta y de vida o muerte a una mujer joven es una anomalía estructural que amenaza la lógica interna del régimen», señala el experto.
En esta línea, Shin sugiere que Kim podría estar utilizando a su hija como una suerte de «escudo humano» para proteger al verdadero sucesor: su presunto hijo mayor, cuya existencia ha circulado durante años como rumor en los círculos diplomáticos. Otros analistas, citados también por The Guardian, argumentan que el patriarcado norcoreano podría verse desplazado por un principio aún más poderoso: el de la «“línea de sangre del Monte Paektu», símbolo de legitimidad para la dinastía Kim que colocaría a la hija del dirigente norcoreano al frente del país.
Por su parte, Shreyas Reddy, corresponsal de NK News, considera en un artículo cómo el protagonismo de Kim Ju-ae como algo «más reformativo que político». Apunta también a que «la manera en que los medios estatales retratan el afecto de Kim hacia su hija» podría desvelar una estrategia para presentarlo como «una figura paterna amorosa para toda la nación».
El supuesto hijo secreto
¿Quién sería entonces el verdadero heredero? Algunos apuntan a un supuesto hijo mayor de Kim Jong-un. En 2023, la inteligencia surcoreana señaló que el líder norcoreano podría tener también un hijo varón y un tercer descendiente cuyo género se desconoce. Sin embargo, expertos como Lee Sung-Yoon, investigador principal del Instituto Sejong en Seúl, dudan de esta hipótesis y recuerdan que Kim nunca ha confirmado la existencia de un hijo ante interlocutores extranjeros.

Para Lee, según declaraciones recogidas en The Guardian, la creciente exposición pública de Kim Ju-ae —presente desde 2022 en pruebas de misiles, desfiles militares y actos oficiales— refuerza la idea de que está siendo preparada como sucesora. Su aparición junto a su padre en ceremonias clave, incluido un desfile militar en Pionyang, ha intensificado las especulaciones sobre su futuro político.
El analista Lim Eul-chul sostiene también que incluso detalles como las chaquetas de cuero que ambos llevaron durante el Congreso tienen carga simbólica. Y es que, resume, en Corea del Norte, esa imagen está asociada al líder como garante de la seguridad nacional, por lo que replicarla en su hija difícilmente sería accidental.















