El sol golpeaba las gradas del Martínez Valero. El Elche volvía a jugar de día por primera vez en un mes y los aficionados aprovecharon ese extra de luz para que su desencanto con los árbitros reluciese más.
Previo al choque, el ambiente era jovial. Algunos aficionados se reunían frente al estadio para comer y calentar el ambiente de partido. Así fue hasta la llegada del autobús del Espanyol. Mientras los aficionados pericos desplazados hasta Elche se acercaban la puerta cero del Martínez Valero para alentar a los suyos, los ilicitanos increparon a Pere Milla tan pronto puso un pie fuera del autocar.
Las abonadas más veteranas del club saltaron al campo junto a los jugadores como homenaje al papel que juegan en la transmisión del sentimiento franjiverde. También, continuando con el tributo a los franjiverdes con más historia, el club realizó un minuto de silencio en memoria de Simón Miravete, delegado de las categorías inferiores del club durante más de tres décadas de manera altruista. En este sentido, la grada de animación desplegó unas pancartas que rezaban “DEP Simón”.
Una vez finalizados los homenajes, el mismo sector de aficionados comenzó una protesta contra, lo que consideran, un arbitraje injusto. Los presentes en esa zona del fondo sur mostraron unos carteles rojos a la vez que, en sus camisetas, se podía leer “CTA, respeto al Elche” mientras coreaban “Corrupción en la federación”.
Con el encuentro iniciado, el objetivo de la afición era claro, silbar a Pere Milla siempre que fuera posible. El exfranjiverde fue pitado a cada balón que tocaba, más aún en el minuto veinte cuando el árbitro paró el juego del Elche para atender al jugador catalán. Un minuto después, los gritos se mezclaban con los aplausos en homenaje al fallecido Dani Jarque, que son habituales siempre que Elche y Espanyol se ven las caras.
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