La pregunta que se hacían este viernes dirigentes de todos los partidos en Madrid es por qué Alberto Núñez Feijóo ha pedido la vuelta a España de Juan Carlos I cuando se sabe que ese regreso inquieta a Felipe VI. Las llamadas que se han cruzado miembros del Gobierno, Vox, Sumar, ERC o PNV, e incluso algunos de ellos con la propia Zarzuela, para averiguar si detrás de esa propuesta había alguna suerte de operación de Estado han sido muchas. Y todo apunta a que no hay nada de eso, sino solo la decisión del PP de promover el debate sobre si el emérito debe volver ya.
La iniciativa de Feijóo y el revuelo que provocó llevaron a la Zarzuela a tener que salir a advertir de manera oficial algo ya publicado: si Juan Carlos I quiere regresar, deberá “recuperar la residencia fiscal en España” para “salvaguardar” su propia imagen y la de la Corona. Es decir, Felipe VI se ha visto obligado a refrescar en la memoria de todos que, si su padre se fue a Abu Dabi, es porque durante años escondió dinero en paraísos fiscales, no porque alguien dudara de su papel en el 23F. Pocas maneras más claras de cerrar el debate.
Feijóo avisó personalmente a la jefatura del Estado de que pondría un mensaje en las redes sociales pidiendo que Juan Carlos I vuelva a España. El presidente del PP habló por teléfono con el jefe de la Casa del Rey, el diplomático Camilo Villarino, que hizo acuse de recibo. Un exasesor de Juan Carlos I que trabajó durante más de una década en la Zarzuela señala que, en esos casos, poco más se puede hacer si no se quiere interferir en política.
La conversación tuvo lugar poco después de las diez de la mañana, apenas media hora antes de que Feijóo publicara el breve texto en el que explicaba que, tras desclasificarse los papeles del golpe de Estado del 23F y de que estos demostraran que Juan Carlos I intentó detener la asonada desde el primer momento, había llegado el momento de que los españoles se “reconciliaran” con el exjefe de Estado. “Creo que sería deseable que el rey emérito regresara a España”, escribió, para que pase “la última etapa de su vida con dignidad y en su país”. En Zarzuela el aviso de Feijóo les sirvió para quedar prevenidos ante el previsible alboroto que se iba a montar.
Fuentes de la dirección del PP consideran que Feijóo “tiene derecho a expresar su opinión” y “plantear debates”, y no creen que, con esta propuesta de regreso de Juan Carlos I, el político gallego “haya decepcionado a ninguno de sus votantes”. En el núcleo duro del jefe de la oposición afirman que hay electores del “PSOE y de Vox” que coinciden en que “una persona que ha reinado en España debe tener la posibilidad de regresar a su país en los últimos años de su vida”. “Los que prefieran que se quede a vivir en el extranjero que lo digan”, remachan.
No quieren responder de manera oficial a las preguntas sobre la incomodidad que ha podido generar en la Casa del Rey la propuesta de debate. Tampoco aclaran si han hablado del asunto con Juan Carlos I, quien, además de hacer la declaración de la renta en España también sabe que no podría dormir en el Palacio de la Zarzuela, algo que ya pactó con Felipe VI hace cuatro años. El Gobierno, por su parte, ha aclarado que es una decisión de padre e hijo.
En las filas conservadoras hay quien defiende la iniciativa de Feijóo porque ha supuesto un “golpe de efecto” y ha mostrado “liderazgo”, aunque también algunos diputados muestran desconcierto porque ese mismo día quedó opacada la nueva derrota del Ejecutivo de Pedro Sánchez en el Congreso, donde no salieron adelante ni el escudo social ni las medidas para topar los precios de bienes y servicios en situaciones de emergencia. “El Gobierno pierde votaciones todas las semanas y ya nunca son portada en ningún sitio”, se defienden en Génova.
Dos barones coinciden en que la idea se podría haber planteado en otro momento más adecuado y uno de ellos considera que Feijóo ha tenido una “semana errática” fruto de la “tensión” que le provoca la difícil relación con Vox. Recuerda que el PP empezó el lunes haciendo público un documento con 10 requisitos para alcanzar pactos con el partido de ultraderecha (con el que necesita acordar las presidencias de Aragón y Extremadura) que la dirección popular casi despreció cuando vio que Santiago Abascal montaba en cólera; el miércoles, la diputada Cayetana Álvarez de Toledo se hizo eco en sede parlamentaria de un presunto problema de salud de Sánchez para como si de una ‘influencer’ ultra se tratara y, el jueves, Feijóo introdujo el debate sobre la vuelta de Juan Carlos I incomodando directamente a la jefatura del Estado. Una jugada que buscaba reivindicar el pasado y que ha terminado tensionando el presente institucional.
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