“En el desenvolvimiento de las actividades de la Corona no debe haber reacciones inmediatas o instintivas, guiadas por precipitaciones o impulsos. No se debe aceptar ni mucho menos ceder ante las presiones. No dejarse marcar los tiempos por terceros es muy necesario, imprescindible. Debe tenerse capacidad de resistencia frente a movimientos y tendencias que pueden ser puntuales. Se requiere serenidad, sosiego y reflexión que es lo que, a mí juicio, esperan los ciudadanos del titular de la Corona. Y actuar, cuando proceda, con prudencia y moderación”.
Esta reflexión es de una de las personas que más ha influido en el carácter y la vida de Felipe VI. Se trata de un comentario que el exjefe de la Casa del Rey Jaime Alfonsín, el que fue su mano derecha durante casi 30 años (1995-2014), hizo en el discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, el pasado mes de octubre. Al acto acudió el actual Monarca, que con «prudencia» y «moderación» se ha comportado como jefe de Estado durante los casi 12 años que lleva en el trono. Solo su intervención tras el referéndum de independencia de 2017 abrió un debate en profundidad sobre si su actuación fue oportuna o no.
Por eso, sabiendo que el Rey huye de reacciones “instintivas” y no cede “ante las presiones”, es relevante que este viernes la Zarzuela comunicara de manera oficial, con un mensaje entrecomillado, que si Juan Carlos I quiere volver a vivir a España debe “recuperar la residencia fiscal en España» para «salvaguardar» su propia imagen y la de la Corona. La segunda condición –la imposibilidad de dormir en el Palacio de la Zarzuela– también sigue vigente. Se nota que la Casa quiere cerrar el debate abierto por Alberto Núñez Feijóo al pedir el regreso del exjefe de Estado. Esta semana se verá si el PP ha tomado nota o sigue alimentando el tema.
El emérito dijo en noviembre en la tele pública francesa que no tiene remordimientos por haber ocultado el dinero al fisco
Es muy poco habitual que Felipe VI irrumpa en la actualidad política de esta manera. Y las dos últimas veces han sido precisamente sobre asuntos de su padre. En diciembre salió a responder a Juan Carlos I después de que este se grabara un vídeo para pedir a los españoles que apoyaran a su hijo. El emérito estaba de promoción de su libro, “Reconciliación”, y le debió de parecer una buena idea. La Zarzuela, que hasta aquel día no había querido comentar las críticas incluidas en las memorias del exjefe de Estado, salió rápidamente para decir que no veía ni «oportuno ni necesario» ese gesto de reclamar ayuda para Felipe VI.
Los Reyes, la semana pasada, celebran en el Congreso la longevidad de la Constitución española. / José Luis Roca
El episodio de esta semana demuestra la mala relación que mantienen los dos reyes, sobre todo desde 2019. El 5 de marzo de aquel año, los abogados de Corinna Larsen (examante de Juan Carlos I) contactaron con Felipe VI para decirle que era beneficiario de la fundación panameña Lucum (donde se habían ocultado los 65 millones de euros que el rey de Arabia Saudí, Abdalá bin Abdulaziz, le había regalado en 2008).
El actual Rey no rompió con su padre e hizo pública ese detalle sobre la fundación hasta un año más tarde, cuando la prensa extranjera publicó noticias sobre la fortuna oculta de Juan Carlos I justo a la vez que el covid-19 hacía estragos en todo el mundo. Fue el 15 de marzo de 2020, justo dos días después de que el Gobierno declarara el estado de alarma por la pandemia.
Felipe VI rompió con su padre, le retiró el sueldo que tenía a cargo de los Presupuestos y renunció a la herencia que pueda tocarle cuando fallezca. En agosto, con varias investigaciones judiciales en marcha, Juan Carlos I se fue a vivir a Abu Dabi.
Emisarios
En estos años, las llamadas telefónicas entre ambos han sido muy pocas. El principal canal de comunicación es el whatsapp y las decisiones de calado se tratan a través de emisarios que reportan a Camilo Villarino, jefe de la Casa del Rey, igual que antes lo hacían a Alfonsín.
El hijo lleva ya dos procesos de reconstrucción de la institución: en 2014, al asumir el trono, y en 2020, tras el escándalo de la fortuna oculta
A Felipe VI no le gusta que la monarquía sea objeto de debate. En 2023 llegó a pedirle a su padre por whatsapp, como reveló EL PERIÓDICO, que evitara visitar España para participar en regatas durante la campaña de las generales, unas elecciones que se adelantaron a julio. El motivo era que no quería que la monarquía no se convirtiera en un tema de campaña. Así que se puede intuir la incomodidad que ha supuesto que esta semana se abriera a la opinión pública el dilema sobre la vuelta de su padre, cuando en noviembre, en una entrevista con motivo de sus memorias en la cadena pública francesa France 3, dijo que no se arrepiente ni tiene remordimientos por su conducta en cuanto a sus finanzas.
Puede que Felipe VI suscriba también palabra por palabra que la Corona es “un patrimonio colectivo de la Nación que debe estar siempre al servicio de los intereses de España” y que “prevalece sobre las personas, sus intereses y sus deseos”. También lo dijo Alfonsín en su discurso en la Real Academia ante el Monarca. Y, de hecho, Juan Carlos I también demostró que lo pensaba en 2014 cuando, tras el escándalo de su cacería en Botswana (2012) y el juicio por corrupción a su hija Cristina y su entonces marido, Iñaki Urdangarin, y con su imagen pública maltrecha, decidió abdicar. Su hijo empezó entonces una tarea para recuperar el prestigio de la monarquía, un proceso que volvió a ponérsele cuesta arriba en 2020, con las informaciones sobre las cuentas en paraísos fiscales de su padre.
Al final, más que una cuestión de sangre, es una cuestión de institución: ante la duda, salvar el trono.
Suscríbete para seguir leyendo















