«¡Lo han cancelado! ¡Lo han cancelado!». Al enterarse de la noticia, Ben Dziobek, director ejecutivo de la organización medioambiental Climate Revolution en Nueva Jersey, salió corriendo a la calle para informar a las decenas de personas que se habían reunido frente al Ayuntamiento de New Brunswick para protestar. Su denuncia había sido escuchada: la localidad daba marcha atrás para retirar la propuesta de creación de un centro de datos de 2.508 metros cuadrados. «Esto es lo que pasa cuando la gente se rebela (…) mandamos a la mierda a las grandes tecnológicas y a sus multimillonarios inversores privados», celebró entre gritos.
Esta escena, convertida en todo un fenómeno viral en redes sociales, ilustra la feroz y creciente oposición que estas infraestructuras enfrentan en países como Estados Unidos, donde se ha convertido en un arma política con cada vez más peso electoral.
Se trata de plantas industriales pobladas por columnas de servidores informáticos que operan sin descanso procesando miles de millones de datos. Lo que a simple vista pueden parecer unos fríos almacenes mecanizados son en realidad la columna vertebral de internet y de la inteligencia artificial.
Los centros de datos absorbieron en 2024 un 1,5% del consumo mundial de energía, cifra que podría doblarse en 2030 para superar la de países enteros como Japón
Silicon Valley bautizó estas factorías como la nube, un término estudiadamente etéreo y aséptico que esconde una realidad más sucia y mundana. Y es que, para poder realizar cálculos durante día y noche, absorben una enorme cantidad de energía. La Agencia Internacional de la Energía calcula que en 2024 suponían un 1,5% del consumo mundial. Sin embargo, la fiebre de inversiones en la IA no ha hecho más que disparar la demanda de centros de datos. En especial, de los llamados hiperescaladores, instalaciones más grandes que varios campos de fútbol diseñadas por proveedores de cloud como AWS, Microsoft Azure, Google Cloud o Meta para soportar operaciones computacionales particularmente pesadas. Eso hace que su consumo energético pueda duplicarse de cara a 2030 y superar así el de países enteros como Japón.
Interior de un centro de datos de Microsoft. / Microsoft
Facturas más caras y contaminación
Las consecuencias de ese frenesí inversor las están pagando los ciudadanos. El consumo de energía se ha disparado a niveles récord, encareciendo las facturas. El coste mayorista es hasta un 267% más alto que hace cinco años en las zonas cercanas a los centros de datos, según cálculos de Bloomberg. Aunque también responde a otros factores como la actualización de la red eléctrica, la IA está contribuyendo a que el precio medio crezca un 13% desde 2022, según datos de la Administración de Información Energética de EEUU.
Desde el 2020, el coste mayorista de la energía se ha disparado un 267% en las zonas cercanas a los centros de datos, según Bloomberg
A eso, se le suma que los centros de datos más grandes también pueden chupar tanta agua para refrigerar sus sistemas como la que necesita una ciudad de hasta 50.000 habitantes o que están alimentados por gas natural (el caso de Meta) o gas metano (el de xAI). Estos combustibles fóssiles aceleran el cambio climático y vierten partículas tóxicas que causan cáncer y todo tipo de enfermedades respiratorias.
Un problema con gancho electoral
Este cúmulo de problemas golpea especialmente a las periferias urbanas y zonas rurales, donde se suelen construir estas infraestructuras colosales. Sus efectos, además, no entienden de ideologías. Así, los centros de datos se han convertido en una amenaza para comunidades afroamericanas que suelen inclinarse hacia posiciones liberales, pero también en bastiones republicanos de la América blanca como Texas, Kentucky o Georgia, el corazón del movimiento MAGA (Make America Great Again). A alrededor del 60% de los votantes trumpistas les preocupa el rápido desarrollo de la IA y casi el 80% cree que hace falta más regulación, según una encuesta de Public First.

Construcción del colosal centro de datos de Stargate AI, un proyecto de OpenAI, Oracle y Softbank promovido por Trump, en el estado republicano de Texas. / Kyle Grillot / Bloomberg
Los estrategas políticos republicanos temen que la alianza de Donald Trump con la industria de la IA pueda traducirse en una sangría de votos de cara a las elecciones de medio mandato que el próximo noviembre determinarán la composición de la Cámara de Representantes y de un tercio del Senado de EEUU. Una victoria demócrata podría herir el mandato trumpista de gravedad y marcar el rumbo de la carrera presidencial de 2028. Eso ha hecho que, desde en reuniones municipales hasta en TikTok, la indignación de las familias haya dejado de ser minimizada como un asunto local para entrar de lleno en el debate nacional.
La alianza de Trump con la industria de la IA podría debilitar a los republicanos en las elecciones de medio mandato de noviembre, que determinarán la composición de la Cámara de Representantes y de un tercio del Senado de EEUU
Trump contra demócratas y republicanos
Trump fue catapultado hacia la presidencia gracias al apoyo de magnates de la industria como Elon Musk, un favor que les está siendo devuelto con creces. La Casa Blanca ha abrazado la IA como «imperativo de seguridad nacional» para consolidar la hegemonía tecnológica de EEUU frente a China y ha sepultado los debates sobre regulación y privacidad de la era Biden. Financiado y asesorado por jerarcas de Silicon Valley como David Sacks, Trump ha activado un extenso plan que, a golpe de órdenes ejecutivas, ha facilitado la concesión de permisos para grandes data centers, ha ampliado el apoyo federal a las exportaciones de IA, ha dilapidado las normativas adoptadas por su predecesor y está tratando de impedir que los Estados puedan regular esta tecnología.
Por otro lado, un creciente número de demócratas —desde congresistas a aspirantes a gobernador— están abrazando los postulados críticos del senador Bernie Sanders contra las grandes tecnológicas y añadiendo las moratorias de centros de datos a su lista de promesas electorales. Centrar su mensaje en la estabilidad económica de las familias puede ser crucial para decantar la balanza de las midterms. Incluso pesos pesados del partido que suenan como potenciales candidatos para las presidenciales de 2028 —el gobernador de Illinois, JB Pritzker; el gobernador de Pensilvania, Josh Shapiro, o el gobernador de Maryland, Wes Moore— han pasado de favorecer el despliegue de centros de datos con exenciones fiscales a retirarles su apoyo o a mostrarse más escépticos.
Con las elecciones de medio mandato en mente, gobernadores tanto demócratas como republicanos han pasado de favorecer el despliegue de centros de datos o oponerse a la carta blanca que Trump ha dado a la industria de la IA
Trump ha tratado de ignorar ese rechazo social, explica The New York Times. Sin embargo, congresistas republicanos en todo el país y parte de la Administración temen que esa posición les pase factura. Tanto que gobernadores como Ron DeSantis, de Florida, o Sarah Huckabee Sanders, de Arkansas y algunos legisladores conservadores han roto con Trump en ese aspecto y se han sumado a la oposición.

El gobernador de Florida, Ron DeSantis. / EFE
Eso explica que, aún sin corregir el rumbo, el presidente se viese obligado a anunciar durante su discurso sobre el estado de la Unión que las empresas tecnológicas asumirán el coste de una mayor porción de los costes energéticos, una promesa de difícil aplicación práctica. El vicepresidente JD Vance, protegido del inversor tecnológico Peter Thiel y bien conectado con Silicon Valley, también ha tratado de calmar los ánimos.
Suscríbete para seguir leyendo














