El gobierno alemán ha marcado un hito histórico en la Unión Europea al prohibir de forma definitiva y completa el funcionamiento de granjas de animales destinados a la industria de la peletería. Se pone así fin a un largo debate social y político sobre la conveniencia de mantener en cautividad a miles de animales exclusivamente para satisfacer a la industria de la moda. Otros países europeos han prohibido estas granjas desde hace años, aunque no es este el caso de España.
Esta decisión es la culminación de un proceso que se había iniciado mediante un progresivo endurecimiento de las normativas sanitarias y de bienestar animal, imponiendo condiciones cada vez más estrictas, hasta el punto de que muchas explotaciones de este sector dejaron de ser viables y tuvieron que cerrar.
La cada vez mayor concienciación social y el aumento del rechazo al sufrimiento animal para obtener estas pieles es lo que ha impulsado al gobierno a decretar la prohibición definitiva de estas granjas en el país. Hay que tener en cuenta que, confinados en jaulas, los visones, zorros y otros animales sufren estrés, automutilación y formas de sacrificio dolorosas como gases o electrocución.
La industria de la moda sigue usando la piel de animales / Agencias
La medida ha sido aplaudida por las organizaciones animalistas, que venían reclamándola desde hace largo tiempo. Sin embargo, detrás de este anuncio no solo hay una motivación relativa al bienestar animal, sino que también hay razones de tipo ecológico y medioambiental. Y es que las granjas peleteras generan contaminación en el agua, emisiones y residuos (metales pesados y productos químicos) derivados del tratamiento de las pieles.
Hay que tener en cuenta también que las granjas de visones se identificaron en su día como posibles focos de infección de variantes del Covid19 que se transmitían de animales a humanos.
Debido a la presión social, grandes marcas internacionales de moda han decidido prescindir de las pieles de animales en sus prendas
Al margen de esta decisión, grandes marcas textiles, incluyendo algunas del sector del lujo, han decidido por su cuenta abandonar las pieles en sus colecciones, forzadas por la presión social.
Detrás de todos estos cambios en favor del bienestar animal hay una profunda transformación en los hábitos del consumidor en todo el mundo occidental, que demanda productos respetuosos con los animales y libres de sufrimiento. Por ello, cada vez más se están implantando tejidos reciclados, cuero vegetal o creados mediante biotecnología.
Oleada de países que las cierran
Alemania no es el único país que ha prohibido las granjas de pieles. En 2012, el parlamento de Países Bajos aprobó una medida idéntica con los mismos motivos. Aunque no entró en vigor hasta 2024, la medida fue acogida con satisfacción, puesto que solo en ese país se mataron en 2011 nada menos que 9 millones de visones.

Un visón en una jaula de una granja peletera / Agencias
Más antigua aún es la prohibición de granjas peleteras en el Reino Unido, donde quedaron prohibidas en 2003 por el sufrimiento que se infligía a los animales. Ahora, el país busca dar un paso más allá, prohibiendo también la importación y venta de pieles, para lo que se están recogiendo firmas entre la población.
Noruega es uno de los países que más recientemente se ha sumando a esta oleada de medidas similares. El año pasado entró en vigor la prohibición acordada en 2018 por su parlamento, y que supone el cierre de 200 explotaciones peleteras en todo el país.
También se han cerrado las granjas de cría en Austria, Croacia, Bélgica, Dinamarca, Bosnia y Herzegovina y Eslovenia.
50 granjas en España
En España, en cambio, no está previsto de momento cerrar estas explotaciones, a pesar de la creciente presión social para que eso suceda. En nuestro país funcionan actualmente unas 50 explotaciones dedicadas a la cría de visón y otras especies para abastecer la industria de la moda.
En numerosas ocasiones se han denunciado los problemas ecológicos que suponen estas granjas en España, ya que a menudo se producen fugas de ejemplares que acaban en el medio natural, aportando así especies invasoras que perjudican a la fauna autóctona y pueden incluso propagar enfermedades.










