Un joven se ha sentado esta semana en el banquillo de los acusados de la Audiencia Provincial de Madrid por agredir sexualmente a su compañera de instituto en mayo de 2016, cuando él tenía 19 años y ella 13. La fiscalía le pide siete años de cárcel.
La víctima y el acusado formaban parte del mismo grupo de amigos del instituto. El día de los hechos, ambos habían quedado por la tarde, junto a dos amigos más, fuera del centro escolar, para «charlar, jugar a juegos y pasar el rato», según declaró ante el tribunal la joven, que ahora tiene 23 años.
«Actitud agresiva»
Según explicó, en un momento dado, los dos decidieron irse a solas, a otro luegar, «a unos quince minutos de donde estaban los demás». De acuerdo con su declaración, «nos empezamos a besar, y al rato comencé a notar una actitud más agresiva por su parte«.
La chica se sintió intimidiada y pidió al acusado «que por favor parara», ya que, según afirmó en el juicio, «yo no quería ir a más, no quería acostarme con él». Entonces el acusado puso a la víctima «contra una pared» y, según la declaración de la joven, «me agarró de las muñecas, de la cintura… me tocó las partes íntimas e incluso me rompió las mallas por la zona de la vagina».
«No es tan grave»
Tras la presunta agresión, la víctima se marchó a su casa. Decidió «no contárselo a nadie», por miedo a que lo ocurrido se conociera por parte de otros compañeros de instituto. Sin embargo, «se terminó enterando todo el mundo», de acuerdo con la declaración de una amiga de la víctima. «La gente me decía que, si no había habido penetración, no era tan grave, que no era motivo para denunciar», aseguró la víctima. Pero finalmente lo hizo, gracias a su hermano, que la apoyó y animó a poner el caso en conocimiento de la policía y la justicia.
Tras su denuncia, la joven sufrió un enorme «señalamiento social». «Me afectó mucho esta situación, me convertí para muchos en la fresca del instituto. Además, recibí amenazas de los amigos del acusado, para que no denunciara», lamentó la víctima ante el tribunal que juzga a su preesunto agresor sexual.
«No éramos novios»
El acusado niega los hechos y defiende su inocencia. Durante el juicio, sostuvo que «conocía a la víctima de cinco días como mucho, no éramos novios ni nada». De acuerdo con su versión, el día de los hechos él se marchaba solo para casa cuando la víctima le dijo que le acompañaba ya que vivían cerca uno del otro. Fue entonces cuando, según asegura, la menor intentó besarle, él la rechazó y ella «se echó a llorar».
El abogado de la defensa argumenta que la víctima «ha variado en varias ocasiones la fecha en la que dice que habían ocurrido los hechos, desconociendo si sucedieron en diciembre, según testificó en la primera denuncia, o en primavera. No existe un relato único y claro». Por eso el letrado pide la absolución para el acusado.
Creíble y persistente
La psicóloga que trató a la víctima tras los hechos ha concluido, sin embargo, que «el relato de la denunciante es creíble y concuerda con los acontecimientos». Según su diagnóstico, realizado poco tiempo después de los hechos, «aunque haya detalles en los que (la joven) varía la versión, el motivo principal de la denuncia no ha variado».
La fiscal destaca en este sentido que «la persistencia de la víctima en su declaración, diez años después, y los hechos presentados, demuestran que se ha cometido un delito de agresión sexual contra una menor». El caso ha quedado visto para sentencia.











