«Aquella noche yo estaba en la cama y el cuidador vino a mi habitación y dijo: date la vuelta que te voy a cambiar el pañal. Entonces, de repente, sentí que me metió algo, no sé si era un dedo o qué era, pero me hizo mucho daño, así que le grité: ¿’pero qué me estás metiendo, asqueroso?’. Me di la vuelta y entonces se agarró a mí y me cogió de este pecho». La denuncia de la anciana hizo saltar todas las alarmas en la residencia de mayores ‘Moscatelares’ de San Sebastián de los Reyes (Madrid).
A pesar de sus 90 años, la mujer, viuda y madre de tres hijas, tenía sus facultades mentales bien conservadas cuando, el 26 de febrero de 2024, acudió al despacho de la trabajadora social del centro y denunció ante ella y la psicóloga que José R.R.E., un gericultor salvadoreño de 43 años que trabajaba en la residencia, la había agredido sexualmente la noche anterior.
Según el sumario del caso, que investiga el juzgado de instrucción de Alcobendas número 2 y al que ha accedido el canal de investigación y sucesos de Prensa Ibérica, las dos empleadas dieron credibilidad a su denuncia y alertaron a la directora del centro, en el que viven unos 140 ancianos, que depende de la Comunidad de Madrid y está gestionado por una entidad privada. La directora avisó a la policía y señaló a José como sospechoso. Explicó que el trabajo del hombre en la residencia consistía en «levantar, vestir, asear, cambiar pañales, dar de comer y dormir a los residentes».
Trasladado tras otra denuncia
Muy nerviosa y asustada, la anciana les contó que aquella noche el cuidador la «desvistió» y luego «restregó el pene por mi cuerpo, me agarró los pechos y me metió lo que creo que era un dedo, porque yo estaba de espaldas y no lo vi». La mujer afirma que solo había visto «dos o tres veces» a ese trabajador en la residencia y que aquella noche, tras lo ocurrido, le pidió que se marchara y avisó de que iba a denunciar la agresión.
Meses después, una de las denunciantes recordaba ante la jueza el dolor físico y psicológico que le provocó lo ocurrido: «Cada vez que me acuerdo… tiemblo. Soy católica y no me gusta hablar mal, pero aquella noche le dije de todo: ‘¡grosero, sinvergüenza, esto no se le hace a una mujer viuda!'».
Meses después, la mujer todavía recordaba ante la jueza el dolor físico y psicológico que le provocó lo ocurrido: «Cada vez que me acuerdo… tiemblo. Soy católica y no me gusta hablar mal, pero aquella noche a ese le dije de todo: ‘¡grosero, sinvergüenza, esto no se le hace a una mujer viuda!‘». Consultada por este medio, la abogada de la anciana, Verónica Guerrero, ha declinado hacer valoraciones.
La directora de la residencia identificó rápidamente al gericultor que estuvo en la habitación de la mujer. No era la primera residente que denunciaba por violación al empleado. De hecho, cuando ocurrieron los hechos, José acababa de llegar nuevo a la planta de la nonagenaria. Fue trasladado a un área distinta de la residencia después de que, en el puesto donde trabajaba, otra anciana, de 100 años, asegurara que el hombre la había agredido sexualmente.
«Estaba excitado»
Esa mujer explicó a una trabajadora del centro que «la noche del 23 al 24 de febrero de 2024 el gericultor la llevó a la cama para acostarla, «se arrimó a mí de manera inapropiada. Me agarró por la espalda para meterme en la cama y noté que estaba excitado«. Entonces, el cuidador «me metió un dedo en la vagina«, añadió la anciana.
La directora de la residencia investigó esa primera denuncia y todas las sospechas se centraron en el ahora acusado, pero cuando una de las supervisoras del centro preguntó al empleado por lo ocurrido, este argumentó que la anciana lo había «malinterpretado» y aseguró que él «solo introdujo el dedo en el ano a la mujer porque tenía problemas para defecar y quería ayudarla».
La directora del centro declaró que «pese a las sospechas, no podía asegurar al cien por cien que ese trabajador fuera el autor de los hechos», por lo que decidió «cambiarlo a un planta de residentes con mayor cognitividad«. Allí se produjo la segunda violación, según las pesquisas. Ese mismo día fue despedido del centro. Aunque, según consta en el sumario, pronto fue contratado en otra residencia, por lo que continuó trabajando con ancianos.
En libertad
La policía detuvo al presunto agresor sexual. Quedó poco después en libertad, a la espera de juicio. Le impusieron, eso sí, una orden de alejamiento de las denunciantes y de la residencia donde ocurrieron los hechos. El pasado 19 de febrero el acusado negó los hechos ante la jueza y argumentó que, si hubiera violado a las ancianas, algún trabajador de la residencia hubiera oido los gritos de las mujeres durante las agresiones.
Tras dos años de investigación, la magistrada acaba de procesar al cuidador tras concluir que «existen indicios racionales de criminalidad suficientes» contra él. Lo acusa de dos delitos de agresión sexual agravada por haberlos cometido contra personas vunerables. Pero las víctimas han fallecido antes de ver cómo se hacía justicia con su presunto violador. Por suerte, ambas declararon antes y sus testimonios podrán ser utilizados en el juicio, ya que sus abogados pidieron realizar una prueba preconstituida. Será la prueba principal contra el acusado.













