El domingo 1 de marzo, la Iglesia celebra el Día de Hispanoamérica, y ‘La Linterna de la Iglesia‘ ha querido asomarse, de la mano de Obras Misionales Pontificias, a la vida de los misioneros españoles que caminan junto a los habitantes de estas tierras, más de 130, pertenecientes a la Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana, la OCSHA.
Ellos entregan su vida a ayudar a las diocesis más afectadas por la falta de sacerdotes. Uno de ellos es Luis García, quien lleva 32 años en la Patagonia argentina, entregado especialmente a los jóvenes víctima de adicciones. Él reconoce que siempre le atrajo Latinoamérica, que su corazón se sentía llamado especialmente allá. A los quince años, tuvo su primera experiencia con los Misioneros de Mariannhill en Valencia y más tarde con los Misioneros de la Consolata.
«luchando por un mundo nuevo»
Desde ese momento, no se hizo esperar mucho la oportunidad y llegó la invitación desde su diócesis: «porque había habido como una especie de invitación por parte del CELAM a la conferencia episcopal española en el año 92 para envío de misioneros a Latinoamérica. Ahí el obispo de Almería nos preguntó a los curas más jóvenes si alguno estaba dispuesto a ir a misionar a Latinoamérica. Y, en ese momento, un compañero y yo decidimos ir para allá, ir de misioneros a trabajar en Latinoamérica, cumpliendo así un deseo grande».
Luis dejó su Almería natal para atender junto a otros diez sacerdotes, un territorio similar a toda Andalucía. Así que te puedes hacer una idea. Le hemos preguntado qué pide la Patagonia argentina a los sacerdotes y lo resume en dos peticiones: ser auténticos y comprometidos: «que realmente sea una persona cercana, una persona encarnada en la realidad, una persona de una experiencia espiritual fuerte, de comunión profunda con Jesús, que además trabaje incansablemente por los demás, luchando por un mundo nuevo, por un mundo más justo, más solidario. La gente no tiene problemas con los sacerdotes que realmente están encarnados y trabajando fuertemente por el cambio de la realidad», afirma.
En la parroquia de la Merced de Viedma se encuentran los restos de Juan Cagliero, hijo espiritual de Don Bosco, al que envió a evangelizar la Patagonia y de cuya muerte se cumplen, el 28 de febrero, los cien años. Allí lleva Luis, sobre todo, pastoral juvenil y de adicciones. En sus años allí, lo que más le ha impactado es el trabajo social y especialmente con los jóvenes dentro de la pastoral de la diócesis. Y esa misión tan especial que nos detalla en el ámbito de su parroquia.

«El trabajo con los hogares de Cristo, fue y que está siendo un trabajo muy interesante, en estos momentos más de 70 jóvenes en la parroquia a la que estoy están rehabilitándose de las drogas, de las adiciones y por lo tanto este es un trabajo que realmente me llena enormemente», explica Luis García. Desde el principio, empezó a frecuentar con los jóvenes de la parroquia un Hogar para menores judicializados. Y aquello, que empezó como algo sencillo, es hoy una de las pastorales más importantes de la parroquia.
«rostro de haber pasado hambre, frío, miserias»
Cuando los jóvenes de la calle llaman a las puertas de la comunidad para pedir rehabilitarse, Luis no ve solo a un joven necesitado, sino al mismo Señor que le honra servir en quien más lo necesita, y que se encarna en un rostro concreto: «Ese rostro totalmente desfigurado, ese rostro de dolor, ese rostro de haber pasado hambre, frío, miserias, es un rostro que realmente representa la figura de Jesús. Y en ellos vemos a Jesús. Recibimos la vida como viene porque sabemos que esa vida que viene a nosotros es Jesús mismo que viene a tocar las puertas de nuestra parroquia». Son chicos, unos setenta ahora, que estaban absolutamente desahuciados, muertos en vida, y que hoy se gradúan, rehacen sus vidas, retoman su proyecto de futuro.
Como Luis García, almeriense en la Patagonia argentina, muchos sacerdotes misioneros representan esa invitación del Papa Francisco de ser «pastores con olor a oveja«. A sí mismo y a sus hermanos presbíteros se atreve a recordar: «lo más importante es la experiencia de comunión profunda con Jesús, esa vivencia del Evangelio, ese conocer a la gente de forma directa, dialogando, hablando, amando. Yo creo que esto es importante, Y esto es lo que necesitamos hoy como Iglesia, no encerrarnos en nuestros templos, sino salir al encuentro de tantos que lo necesitan y además comunicarnos, hablarles al corazón».










